El préstamo del Chicho Fábrega
Las referencias, en comparación con el servicio que se presta en otros hospitales tanto del Seguro Social como del Ministerio de Salud, son más que buenas. No es corriente que de cuando en cuando pacientes, como los de ese centro, reporten a los medios el buen trato recibido. Las quejas son la rutina de los hospitales públicos y, aún en eso, la ausencia de críticas habla bien del trabajo que desempeña la administración y el personal del Hospital Chicho Fábrega de Santiago de Veraguas.
La apariencia exterior e interior del hospital es excelente. Es una excepción a la regla de sus similares del resto del país, con la excepción del Hospital del Niño y algunas secciones del remodelado Santo Tomás. Pero conste que el Chicho Fábrega es un hospital de provincia, lejano de la vista diaria de las autoridades nacionales de Salud. De allí que debamos tener especial cuidado en no mezclar el desastre de su diseño y las deficiencias de sus equipos, con sus méritos. De algún modo, su personal y sus médicos se han esmerado para que tantas deficiencias estructurales y técnicas se noten lo menos posible. Pero el hecho es que allí están y hay que ventilar sus causas y, al final, remediarlas,
Si se gastó B/. 25 millones en su construcción y aprovisionamiento, y éstos resultaron defectuosos, alguien debe responder. Echar la culpa al gobierno español, sin identificar a los responsables locales, sería un error. Nadie se embarca en un préstamo de semejante magnitud sin contar con la asistencia de asesores e inspectores expertos propios en una obra tan especializada. Si alguien no hizo su trabajo, debe pagar por su omisión; y los contribuyentes, igualmente, debemos ser informados con plena transparencia.