El primer gran error de Zapatero
Luego de los terribles atentados del 11 de marzo, los españoles se aprestan a recibir al nuevo gobierno del Partido Socialista Español (PSOE) elegido, se dice, como castigo a la arrogancia del Partido Popular y al apoyo brindado por Aznar a la guerra contra Irak.
No es inusual que los gobernantes cometan graves errores cuando han asumido sus cargos. Lo que resulta verdaderamente digno de reseñar es que antes de haber asumido su nueva posición como jefe de gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero ha cometido un error de grandes proporciones.
En sus primeras declaraciones como líder del partido triunfante, Rodríguez Zapatero declaró de forma categórica y emotiva que "las tropas españolas estacionadas en Irak regresarán a casa". Tal declaración ha sido repetida varias veces en distintos medios de comunicación, seguidas de fuertes declaraciones en contra de George Bush y Tony Blair.
Al hacer esto, Rodríguez Zapatero ha cometido una grave equivocación. Sabemos que el PSOE se opuso desde un principio al apoyo dado por el gobierno de Aznar a la operación militar contra el régimen de Sadam Hussein. ¿Por qué, entonces, consideramos que estas declaraciones son un error tan grave?; ¿no son acaso consistentes con la línea política que el PSOE ha defendido en los meses recientes? El error es cuestión de método y oportunidad: las declaraciones del nuevo gobierno son tremendamente inoportunas, y la forma y el lenguaje usados para pronunciarlas pueden traer a España y al mundo muy serios dolores de cabeza.
Para empezar, ahora los terroristas deben tener muy claro que su estrategia, consistente en masacrar mediante el más censurable terror a miles de inocentes, es una estrategia acertada, ya que rinde frutos muy rápidamente.
Como parece ser el caso, si este atentado fue ejecutado por una facción de Al-Qaeda como castigo al apoyo español a la guerra, sus ejecutores deben estar muy satisfechos con los resultados: no solamente se removió del poder al gobierno que había brindado el apoyo a la guerra, sino que el nuevo gobernante se ha apresurado a decir que ordenará el regreso de las tropas a casa.
Como si fuera poco, hay más motivos de satisfacción: el nuevo gobernante ha arremetido verbalmente contra los dos principales impulsores de la guerra, quienes son a su vez el blanco del más grande de los odios que estos terroristas albergan.
¿Queremos decir que por causa de los atentados el PSOE debería haber renunciado a sus ideas? No.
Lo que sí debió haber hecho es examinar con cabeza fría las consecuencias que sus apresuradas declaraciones podrían tener en el contexto de los atentados terroristas.
Ahora, Zapatero y el PSOE han contribuido a que se extienda una negra sombra sobre Europa: los terroristas confían en que unos cuantos cientos de muertos harán soplar los vientos políticos a su favor.
El segundo error de Rodríguez Zapatero es que parece estar implícita la tesis según la cual la ira de los terroristas es causada simple y llanamente por la guerra en Irak.
Removida la causa, y disculpas pedidas, ellos se calmarán. Cualquiera que conozca las dinámicas ideológicas del fundamentalismo islámico sabrá que la raíz del odio fanático de estos terroristas a occidente no es un hecho histórico contingente como la guerra en Irak.
Los fundamentalistas islámicos odian a occidente porque odian sus valores: detestan la libertad, la igualdad de las mujeres, la democracia y el carácter secular de la política occidental.
Para ellos, que aspiran a establecer un gobierno islámico mundial, occidente es el más grande adversario. Quienes aún crean que el otro enfoque es correcto deben leer el libro "Señales en el Camino" de Sayyid Qubt, obra que es considerada como la guía intelectual de los radicales islámicos.
Todo en esta obra son palabras de odio y desprecio por los valores liberales y democráticos de occidente.
* El autor de este escritor es Director del Instituto Desarrollo y Libertad (Bogotá) y académico del International Policy Network (Londres).
(c) www.aipenet.com
No es inusual que los gobernantes cometan graves errores cuando han asumido sus cargos. Lo que resulta verdaderamente digno de reseñar es que antes de haber asumido su nueva posición como jefe de gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero ha cometido un error de grandes proporciones.
En sus primeras declaraciones como líder del partido triunfante, Rodríguez Zapatero declaró de forma categórica y emotiva que "las tropas españolas estacionadas en Irak regresarán a casa". Tal declaración ha sido repetida varias veces en distintos medios de comunicación, seguidas de fuertes declaraciones en contra de George Bush y Tony Blair.
Al hacer esto, Rodríguez Zapatero ha cometido una grave equivocación. Sabemos que el PSOE se opuso desde un principio al apoyo dado por el gobierno de Aznar a la operación militar contra el régimen de Sadam Hussein. ¿Por qué, entonces, consideramos que estas declaraciones son un error tan grave?; ¿no son acaso consistentes con la línea política que el PSOE ha defendido en los meses recientes? El error es cuestión de método y oportunidad: las declaraciones del nuevo gobierno son tremendamente inoportunas, y la forma y el lenguaje usados para pronunciarlas pueden traer a España y al mundo muy serios dolores de cabeza.
Para empezar, ahora los terroristas deben tener muy claro que su estrategia, consistente en masacrar mediante el más censurable terror a miles de inocentes, es una estrategia acertada, ya que rinde frutos muy rápidamente.
Como parece ser el caso, si este atentado fue ejecutado por una facción de Al-Qaeda como castigo al apoyo español a la guerra, sus ejecutores deben estar muy satisfechos con los resultados: no solamente se removió del poder al gobierno que había brindado el apoyo a la guerra, sino que el nuevo gobernante se ha apresurado a decir que ordenará el regreso de las tropas a casa.
Como si fuera poco, hay más motivos de satisfacción: el nuevo gobernante ha arremetido verbalmente contra los dos principales impulsores de la guerra, quienes son a su vez el blanco del más grande de los odios que estos terroristas albergan.
¿Queremos decir que por causa de los atentados el PSOE debería haber renunciado a sus ideas? No.
Lo que sí debió haber hecho es examinar con cabeza fría las consecuencias que sus apresuradas declaraciones podrían tener en el contexto de los atentados terroristas.
Ahora, Zapatero y el PSOE han contribuido a que se extienda una negra sombra sobre Europa: los terroristas confían en que unos cuantos cientos de muertos harán soplar los vientos políticos a su favor.
El segundo error de Rodríguez Zapatero es que parece estar implícita la tesis según la cual la ira de los terroristas es causada simple y llanamente por la guerra en Irak.
Removida la causa, y disculpas pedidas, ellos se calmarán. Cualquiera que conozca las dinámicas ideológicas del fundamentalismo islámico sabrá que la raíz del odio fanático de estos terroristas a occidente no es un hecho histórico contingente como la guerra en Irak.
Los fundamentalistas islámicos odian a occidente porque odian sus valores: detestan la libertad, la igualdad de las mujeres, la democracia y el carácter secular de la política occidental.
Para ellos, que aspiran a establecer un gobierno islámico mundial, occidente es el más grande adversario. Quienes aún crean que el otro enfoque es correcto deben leer el libro "Señales en el Camino" de Sayyid Qubt, obra que es considerada como la guía intelectual de los radicales islámicos.
Todo en esta obra son palabras de odio y desprecio por los valores liberales y democráticos de occidente.
* El autor de este escritor es Director del Instituto Desarrollo y Libertad (Bogotá) y académico del International Policy Network (Londres).
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