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El primer paso en loco


Quizás el tema más sensible y polémico que nos ha ocupado en los últimos tiempos ha sido el tema de la Seguridad Pública, no solo por ser un intrínseco tema, sino por la condición y situación a la que nos ha sometido la circunstancia de tener una muy inoperante y deficiente administración de Seguridad Pública. Hemos tocado este especial tema en escritos anteriores y en ellos he expresado a la saciedad; que el deterioro y la ineficiencia en la administración de la Seguridad Pública no se debe a la falta de suministro logístico (equipo rodante, armamento, salarios, etc.); se debe a un problema de moral y corrupción en el cumplimiento de sus responsabilidades y el deber.

Toda acción enmarcada a mejorar la efectividad de la Seguridad Pública sin tomar en cuenta este esencial aspecto del problema, no tendrá los beneficios esperados porque no brinda una solución al origen del conflicto. Creer que suministrar equipo y armamento a la fuerza pública mejorará su eficacia, sin sanearla, es fortalecer la corrupción y darle mejores condiciones al desarrollo del problema que todos queremos resolver. El primer paso correcto es mirar hacia dentro, es un paso valiente, difícil y complejo, pero honesto y que nos enrumba por el verdadero camino a la solución.

Depurar la institución es la clave, soslayar el elemento malo del elemento bueno y dar de baja a ese elemento malo, corrupto, vicioso, deshonesto y abusador, para trabajar solo con el elemento bueno, es la clave para que la institución policial tenga la efectividad y eficacia esperada. Dentro de la institución policial hay excelentes elementos que encuentran imposibilitado su accionar dentro de una institución que rinde tributo a la cultura del juega vivo y reina la coima como medio para evitar el abuso de autoridad o para evadir la Ley. Toda acción en virtud de mejorar la salud administrativa de la fuerza pública sin mejorar las viciadas entrañas de la misma, robustece el problema en vez de eliminarlo.

Toda entidad dirigida a brindar un servicio al público, ya sea una entidad pública o una entidad privada, no podrá ejercerlo o brindarlo de manera eficiente a lo externo de su entorno, sino tiene un óptimo desarrollo de sus procesos internos y transparencia y sanidad con la dotación de los servicios a sus entes internos. Sencillo no puedes dar para afuera lo que no tienes para adentro. Conclusión: no tendremos una seguridad pública con resultados efectivos en el ordenamiento social sino le damos solución al grave problema de inmoralidad en la institución policial.

Otro aspecto de vital importancia es quién dirija la institución armada, este estamento de seguridad debe y tiene que ser dirigido por alguien con absoluto liderazgo y compromiso, un elemento que tenga el respeto y la admiración a lo interno de la institución, y a lo externo, logre intimidar a quienes desean dedicarse a las actividades criminales y delictivas. Sin éstas cualidades sólo serán figuras decorativas y políticas que tendrán un episodio efímero, trágico e improductivo, preservando la ineficiencia de la fuerza policial. Una de las etapas más tristes y oscuras de la institución policial fue la etapa dirigida por un señor apodado Kojac, este señor estaba más preocupado por su apariencia física que por la seguridad pública y la protección de los ciudadanos y habitantes del país. De las decisiones desafortunadas del gobierno anterior, una de las más desastrosas fue la de colocar esta figura al frente de una organización tan importante y sensible para el desarrollo del país, en la que se necesita tener pantalones para liderizar la seguridad en beneficio de todos los ciudadanos, y no figurar, haciéndose cómplice entonces de la inmoralidad y la corrupción. En este período el crimen y la delincuencia a lo interno y externo de la fuerza pública se robustecieron y hoy estamos sufriendo los embates del fortalecimiento de la violencia. (Continuará).

101 años de Panamá América

 
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