El problema de la CSS sí es Jované
El futuro de la Caja de Seguro Social (CSS) continúa en un limbo, sin que aparentemente exista la voluntad de su administrador por buscarle una solución equitativa, justa y permanente a sus muchos problemas que la han colocado en una situación financiera muy incierta y peligrosa. Es indudable y creo que nadie lo debe poner en duda, que la Caja de Seguro Social debe ser objeto de reformas en sus estructuras y que las mismas deben estar por encima de cualquier tipo de personalismos, ideologías políticas, sectarias o gremiales.
A este respecto, se ha señalado que el problema financiero de la Caja de Seguro Social va más allá de su director general, profesor Juan Jované.
No dudo que esto sea así, pero sí debo señalar que el principal responsable de la primera institución de seguridad social, profesor Jované, ha sido consistentemente un elemento de confrontación, sin el menor ánimo y mucho menos voluntad de encontrar una solución integral, que le dé una salida al "impasse" existente hoy día.
El profesor Juan Jované, sin ninguna experiencia administrativa previa, pero sí con una clara ideología política muy radical, se negó a aceptar en un principio que la Caja de Seguro Social tenía serios problemas financieros.
Por haberlo señalado así en un informe hace dos años, tuvo unas expresiones muy duras contra la Organización Internacional de Trabajo (OIT); y, después, atacó al sistema vigente económico panameño. Posteriormente lo hizo con la empresa privada, especialmente con la Cámara de Comercio; siguió luego atacando al Gobierno Nacional y a las instituciones de crédito internacional.
No ha podido siquiera entenderse con su propia Junta Directiva, cuyas divergencias tienen a la Caja de Seguro Social en una situación caótica. Esa pugna o diferencias de criterios se mantienen al escribir estas líneas.
En fin, para Jované, todos, absolutamente todos, menos él y su administración, son los responsables de las dificultades económicas de la Caja de Seguro Social.
Para ocultar su incapacidad administrativa, el profesor Jované ha adoptado la posición de ir contra lo que él llama una conjura para privatizar a esta institución. Jamás se ha referido al deterioro constante y sistemático en los servicios que la Caja de Seguro Social le presta a los asegurados. Nada dice de las largas filas que desde las 4:00 de la mañana se hacen en las policlínicas en busca de atención médica. Tampoco se refiere a la escasez de medicamentos. Dice, eso sí, que los aumentos en más del 40% de la planilla de personal se dan para mejorar el servicio, el cual jamás ha sido tan deficiente como lo es hoy día.
El señor Jované se opone a la privatización de la Caja de Seguro Social, medida que sólo existe en su imaginación; no obstante le adeuda cuantiosas sumas de dinero a los hospitales privados por la atención a pacientes que la CSS, por diversas deficiencias administrativas y de planificación, no puede hacerlo.
Las dificultades por las que atraviesa la Caja de Seguro Social no son insalvables. Las soluciones se pueden dar si hay la voluntad de hacerlo. Esto no podrá lograrse si lo que se busca es la confrontación entre los distintos sectores que tienen injerencia en la Caja de Seguro Social.
Hay pequeños grupos que respaldan al profesor Juan Jované sin ningún tipo de argumentos, sino utilizando exclusivamente en su defensa la dialéctica de la amenaza.
Uno de sus asalariados exteriorizó con gran irresponsabilidad, la intención de sus pocos seguidores de obstaculizar y de impedir la celebración de las elecciones generales el próximo 2 de mayo de 2004 si no se aceptaban las políticas del señor Jované.
Juan Jované, de no cambiar su actitud, será señalado como el máximo responsable del descalabro de la seguridad social panameña.
La administración de la Caja de Seguro Social no es para fines políticos, hay otras posiciones, desde donde se puede aspirar a cambiar nuestra ideología política y el sistema de libre empresa que hoy tenemos. Ese es su derecho que nadie se lo regatea en una democracia, como la nuestra, sistema en el que no cree.
Jované se irá de la Caja de Seguro Social hoy, mañana o pasado, pero la herencia de graves desaciertos, de sus constantes intentos de dividir la sociedad panameña y su innegable interés en politizar la institución, le harán a su sucesor una tarea de rectificación de rumbos sumamente difícil. Sólo lo podrá lograr si consigue un respaldo colectivo, concilia posiciones y no promueve las confrontaciones estériles.
A este respecto, se ha señalado que el problema financiero de la Caja de Seguro Social va más allá de su director general, profesor Juan Jované.
No dudo que esto sea así, pero sí debo señalar que el principal responsable de la primera institución de seguridad social, profesor Jované, ha sido consistentemente un elemento de confrontación, sin el menor ánimo y mucho menos voluntad de encontrar una solución integral, que le dé una salida al "impasse" existente hoy día.
El profesor Juan Jované, sin ninguna experiencia administrativa previa, pero sí con una clara ideología política muy radical, se negó a aceptar en un principio que la Caja de Seguro Social tenía serios problemas financieros.
Por haberlo señalado así en un informe hace dos años, tuvo unas expresiones muy duras contra la Organización Internacional de Trabajo (OIT); y, después, atacó al sistema vigente económico panameño. Posteriormente lo hizo con la empresa privada, especialmente con la Cámara de Comercio; siguió luego atacando al Gobierno Nacional y a las instituciones de crédito internacional.
No ha podido siquiera entenderse con su propia Junta Directiva, cuyas divergencias tienen a la Caja de Seguro Social en una situación caótica. Esa pugna o diferencias de criterios se mantienen al escribir estas líneas.
En fin, para Jované, todos, absolutamente todos, menos él y su administración, son los responsables de las dificultades económicas de la Caja de Seguro Social.
Para ocultar su incapacidad administrativa, el profesor Jované ha adoptado la posición de ir contra lo que él llama una conjura para privatizar a esta institución. Jamás se ha referido al deterioro constante y sistemático en los servicios que la Caja de Seguro Social le presta a los asegurados. Nada dice de las largas filas que desde las 4:00 de la mañana se hacen en las policlínicas en busca de atención médica. Tampoco se refiere a la escasez de medicamentos. Dice, eso sí, que los aumentos en más del 40% de la planilla de personal se dan para mejorar el servicio, el cual jamás ha sido tan deficiente como lo es hoy día.
El señor Jované se opone a la privatización de la Caja de Seguro Social, medida que sólo existe en su imaginación; no obstante le adeuda cuantiosas sumas de dinero a los hospitales privados por la atención a pacientes que la CSS, por diversas deficiencias administrativas y de planificación, no puede hacerlo.
Las dificultades por las que atraviesa la Caja de Seguro Social no son insalvables. Las soluciones se pueden dar si hay la voluntad de hacerlo. Esto no podrá lograrse si lo que se busca es la confrontación entre los distintos sectores que tienen injerencia en la Caja de Seguro Social.
Hay pequeños grupos que respaldan al profesor Juan Jované sin ningún tipo de argumentos, sino utilizando exclusivamente en su defensa la dialéctica de la amenaza.
Uno de sus asalariados exteriorizó con gran irresponsabilidad, la intención de sus pocos seguidores de obstaculizar y de impedir la celebración de las elecciones generales el próximo 2 de mayo de 2004 si no se aceptaban las políticas del señor Jované.
Juan Jované, de no cambiar su actitud, será señalado como el máximo responsable del descalabro de la seguridad social panameña.
La administración de la Caja de Seguro Social no es para fines políticos, hay otras posiciones, desde donde se puede aspirar a cambiar nuestra ideología política y el sistema de libre empresa que hoy tenemos. Ese es su derecho que nadie se lo regatea en una democracia, como la nuestra, sistema en el que no cree.
Jované se irá de la Caja de Seguro Social hoy, mañana o pasado, pero la herencia de graves desaciertos, de sus constantes intentos de dividir la sociedad panameña y su innegable interés en politizar la institución, le harán a su sucesor una tarea de rectificación de rumbos sumamente difícil. Sólo lo podrá lograr si consigue un respaldo colectivo, concilia posiciones y no promueve las confrontaciones estériles.