El problema de la pobreza
Desde una perspectiva socio-económica y proyectando un "nuevo raciocinio político", la pobreza e indigencia es fundamentalmente carencia de bienes materiales que genera marginaciones, enfermedades, frustraciones, desgracias, vicios y deformidades. No obstante, se da también de por sí, como un fenómeno psicológico y cultural, dando génesis a alteraciones y disociaciones en el ámbito biopsicosocial.
En Panamá, y en los países subdesarrollados, las posibles raíces de la pobreza podrían ser:
La explotación económica de un grupo por otro.
La dominación sectorizante político-económico impuesta por algunos gamonales de turno que patrocinan como filosofía
regresiva, reaccionaria y anti-humanitaria la consigna "a cada uno lo suyo".
La gran cantidad de leyes impuestarias, originando a corto, mediano o largo plazo el alza de los artículos de primer
orden; los ingresos per cápita van a verse agobiados para suplir normalmente las necesidades fundamentales como son:
la alimentación, la salud, vivienda, vestido y educación.
La presencia de toda una gama de desventajas físicas o
psicológicas; aquí se incluyen los trastornos de la personalidad, como también los impedidos físicos y mentales, que
lastimosamente se dan en una gran mayoría de niños, mujeres y ancianos.
La ignorancia de no poseer conocimientos
acerca de oportunidades, opciones, derechos y fuentes de ayuda.
El "Modus Vivendi" de muchos individuos carentes de
una orientación futura, que originaría un desarrollo lingüístico inadecuado e incapacidad para aprovechar las
oportunidades que ofrece la vida social. En nuestro país, las masas oprimidas viven en una sociedad consumista,
absorbidas por la publicidad y el sensacionalismo de la indusrealidad y el influjo mercantilista; el trabajo para esas
mayorías indigentes, aparte de su especializada división social y técnica, se ubica como un forzoso asunto de prioridad
para ganarse la vida y superar en este mundo. Este hombre contemporáneo vive inmerso en un mundo tanto fantasioso como
turbulento, donde lo bombardean los anuncios comerciales y la publicidad; se crean necesidades artificiales o
secundarias y se le asignan medios costosos de satisfacerlas.
Específicamente, podríamos considerar algunas posibles soluciones a la pobreza en Panamá, tales como:
El influjo de inversionistas foráneos, con una "auténtica sensibilidad social", aparte de sus condiciones políticas, económicas o étnicas, con el objetivo primordial de popularizar el capital, para finalmente establecer el trabajo y la producción como eficaces, y no enajenantes.
La propagación de una reeducación compensatoria, que conllevaría a la estimulación, a la búsqueda de las fuentes de ayuda, y a la implantación teórico-práctica de la "igualdad de oportunidades", para superarse social y económicamente.
A través de los diversos medios de comunicación, difundir programas destinados a crear nuevos empleos, en base a la reconciliación y a la reestructuración, para originar un "auténtico plan de desarrollo nacional", a las masas populares les compete compeler tanto al gobierno como a la iniciativa privada para tal objetivo, enarbolando un sistema político del pueblo, para el pueblo y con el pueblo, desechando todo vestigio de una seudodemocracia.
El adiestramiento para el desarrollo de la libre producción descentralizada, que se daría en la ciudad y en el campo. En la ciudad en el área industrial, bancaria y comercial; en el campo en el aspecto agropecuario.
Hay que incentivar en este plan de despauperización el surgimiento, fomento y protección de las "industrias caseras", sin la intervención directa del Estado, que en la mayoría de los casos, impone condiciones o hasta restricciones.
Finalmente, es primordial plasmar una específica "ingeniería social", en donde pudiésemos exclamar a la faz universal la siguiente máxima propia de una sociedad de masas: "No todos iguales, sino todos mejor". Así, para sintetizar la difícil problemática de la pobreza, es vital tarea reconsiderar que a la par de los excepcionales, nos adentremos en la idiosincrasia e intereses de los rezagados enajenados, y es tiempo de proporcionarles el poder, iniciativa y facultades, transformando sus actividades y motivaciones mediante una certera comunicación. Ha llegado el momento de comenzar a estudiar este enorme segmento de la población que nos está rodeando y el que se ha ignorado en espíritu y en verdad durante mucho tiempo. El ilustre literato y filósofo francés Alexis Carrel lo afirmó categóricamente en una ocasión: "Es hora de comenzar a trabajar con los pobres, esos desconocidos".
En Panamá, y en los países subdesarrollados, las posibles raíces de la pobreza podrían ser:
La explotación económica de un grupo por otro.
La dominación sectorizante político-económico impuesta por algunos gamonales de turno que patrocinan como filosofía
regresiva, reaccionaria y anti-humanitaria la consigna "a cada uno lo suyo".
La gran cantidad de leyes impuestarias, originando a corto, mediano o largo plazo el alza de los artículos de primer
orden; los ingresos per cápita van a verse agobiados para suplir normalmente las necesidades fundamentales como son:
la alimentación, la salud, vivienda, vestido y educación.
La presencia de toda una gama de desventajas físicas o
psicológicas; aquí se incluyen los trastornos de la personalidad, como también los impedidos físicos y mentales, que
lastimosamente se dan en una gran mayoría de niños, mujeres y ancianos.
La ignorancia de no poseer conocimientos
acerca de oportunidades, opciones, derechos y fuentes de ayuda.
El "Modus Vivendi" de muchos individuos carentes de
una orientación futura, que originaría un desarrollo lingüístico inadecuado e incapacidad para aprovechar las
oportunidades que ofrece la vida social. En nuestro país, las masas oprimidas viven en una sociedad consumista,
absorbidas por la publicidad y el sensacionalismo de la indusrealidad y el influjo mercantilista; el trabajo para esas
mayorías indigentes, aparte de su especializada división social y técnica, se ubica como un forzoso asunto de prioridad
para ganarse la vida y superar en este mundo. Este hombre contemporáneo vive inmerso en un mundo tanto fantasioso como
turbulento, donde lo bombardean los anuncios comerciales y la publicidad; se crean necesidades artificiales o
secundarias y se le asignan medios costosos de satisfacerlas.
Específicamente, podríamos considerar algunas posibles soluciones a la pobreza en Panamá, tales como:
El influjo de inversionistas foráneos, con una "auténtica sensibilidad social", aparte de sus condiciones políticas, económicas o étnicas, con el objetivo primordial de popularizar el capital, para finalmente establecer el trabajo y la producción como eficaces, y no enajenantes.
La propagación de una reeducación compensatoria, que conllevaría a la estimulación, a la búsqueda de las fuentes de ayuda, y a la implantación teórico-práctica de la "igualdad de oportunidades", para superarse social y económicamente.
A través de los diversos medios de comunicación, difundir programas destinados a crear nuevos empleos, en base a la reconciliación y a la reestructuración, para originar un "auténtico plan de desarrollo nacional", a las masas populares les compete compeler tanto al gobierno como a la iniciativa privada para tal objetivo, enarbolando un sistema político del pueblo, para el pueblo y con el pueblo, desechando todo vestigio de una seudodemocracia.
El adiestramiento para el desarrollo de la libre producción descentralizada, que se daría en la ciudad y en el campo. En la ciudad en el área industrial, bancaria y comercial; en el campo en el aspecto agropecuario.
Hay que incentivar en este plan de despauperización el surgimiento, fomento y protección de las "industrias caseras", sin la intervención directa del Estado, que en la mayoría de los casos, impone condiciones o hasta restricciones.
Finalmente, es primordial plasmar una específica "ingeniería social", en donde pudiésemos exclamar a la faz universal la siguiente máxima propia de una sociedad de masas: "No todos iguales, sino todos mejor". Así, para sintetizar la difícil problemática de la pobreza, es vital tarea reconsiderar que a la par de los excepcionales, nos adentremos en la idiosincrasia e intereses de los rezagados enajenados, y es tiempo de proporcionarles el poder, iniciativa y facultades, transformando sus actividades y motivaciones mediante una certera comunicación. Ha llegado el momento de comenzar a estudiar este enorme segmento de la población que nos está rodeando y el que se ha ignorado en espíritu y en verdad durante mucho tiempo. El ilustre literato y filósofo francés Alexis Carrel lo afirmó categóricamente en una ocasión: "Es hora de comenzar a trabajar con los pobres, esos desconocidos".