El problema de la seguridad
La liberación ayer del prominente empresario Ashock Nadwani, en circunstancias que jamás podrán ser totalmente aclaradas, no representa alivio alguno para la sensación generalizada de inseguridad que se extiende por todo el país a ritmo de vértigo.
Cuando Carlos Barés asumió el mando de la Policía Nacional hace dos meses, guardamos la esperanza de que con sus nuevas ideas y vasta experiencia, se imprimiera al organismo una nueva dinámica. El tiempo es breve para evaluaciones prematuras, pero es más que evidente que mientras nos organizamos y planeamos, la delincuencia actúa y se fortalece en forma alarmante, incursionando en nuevas y sofisticadas modalidades delictivas.
La semana pasada, en la región de Tortí en Chepo, un humilde campesino fue secuestrado en su propia casa por una célula de siete hombres armados, quienes supuestamente lo confundieron con un prominente ganadero de la región. Su padre está desconsolado porque se le exige un pago de millones, cuando no le alcanza siquiera para lo más mínimo.
Hace dos semanas, un estudiante de Relaciones Públicas, del Centro Regional Universitario de Darién, en el área de Tortí, fue raptado frente a un grupo de compañeros, por elementos armados que se internaron con él en la selva. Hasta hoy no ha aparecido.
Los robos de bancos se están sucediendo a razón de uno por quincena, con precisión pasmosa. Los cajeros automáticos se han convertido en lugares de emboscada y acecho preferido de antisociales. Y fuentes de inteligencia comprueban atónitos la evolución de complicadas organizaciones delictivas con nexos internacionales, capaces de ejecutar delitos por encargo y otras acciones de pavor, nunca antes conocidas en nuestro suelo. Hasta aquí el problema y ahora la solución.
El Ministro de Relaciones Exteriores, José Miguel Alemán, ha venido adelantando, a través de equipos de trabajo, una serie de reuniones destinadas a revisar alternativas para establecer unas nuevas y estrechas relaciones con Estados Unidos, luego de la total reversión del Canal, uno de cuyos aspectos es la seguridad del país tras la ausencia de las fuerzas norteamericanas, la inestabilidad en naciones vecinas y la amenaza del crimen organizado internacional.
Nuestro corresponsal en Washington ha venido reportando el gran avance que en esa materia ha tenido el equipo binacional que analiza el tema. Por ejemplo, ha trascendido que se prestará importante ayuda material, técnica y financiera a Panamá para fortalecer su Fuerza Pública en sus tres ramas: tierra, mar y aire, incluyendo la guarda de fronteras y el combate del narcotráfico.
Si tanto se ha avanzado en esos aspectos, bien valdría el esfuerzo añadir el tema del combate contra la delincuencia común, incluyendo el área de inteligencia e investigaciones. Recordemos que se trata de un país con inmensos recursos y experiencia, con fuerzas capaces de dar en solo horas, de entre millones de personas, en un vasto territorio, con los autores de atentados tales como los de las torres gemelas de Nueva York, el de Oklahoma y el de las Olimpíadas de Atlanta, entre otros. En fin, busquemos ayuda, y pronto.
Cuando Carlos Barés asumió el mando de la Policía Nacional hace dos meses, guardamos la esperanza de que con sus nuevas ideas y vasta experiencia, se imprimiera al organismo una nueva dinámica. El tiempo es breve para evaluaciones prematuras, pero es más que evidente que mientras nos organizamos y planeamos, la delincuencia actúa y se fortalece en forma alarmante, incursionando en nuevas y sofisticadas modalidades delictivas.
La semana pasada, en la región de Tortí en Chepo, un humilde campesino fue secuestrado en su propia casa por una célula de siete hombres armados, quienes supuestamente lo confundieron con un prominente ganadero de la región. Su padre está desconsolado porque se le exige un pago de millones, cuando no le alcanza siquiera para lo más mínimo.
Hace dos semanas, un estudiante de Relaciones Públicas, del Centro Regional Universitario de Darién, en el área de Tortí, fue raptado frente a un grupo de compañeros, por elementos armados que se internaron con él en la selva. Hasta hoy no ha aparecido.
Los robos de bancos se están sucediendo a razón de uno por quincena, con precisión pasmosa. Los cajeros automáticos se han convertido en lugares de emboscada y acecho preferido de antisociales. Y fuentes de inteligencia comprueban atónitos la evolución de complicadas organizaciones delictivas con nexos internacionales, capaces de ejecutar delitos por encargo y otras acciones de pavor, nunca antes conocidas en nuestro suelo. Hasta aquí el problema y ahora la solución.
El Ministro de Relaciones Exteriores, José Miguel Alemán, ha venido adelantando, a través de equipos de trabajo, una serie de reuniones destinadas a revisar alternativas para establecer unas nuevas y estrechas relaciones con Estados Unidos, luego de la total reversión del Canal, uno de cuyos aspectos es la seguridad del país tras la ausencia de las fuerzas norteamericanas, la inestabilidad en naciones vecinas y la amenaza del crimen organizado internacional.
Nuestro corresponsal en Washington ha venido reportando el gran avance que en esa materia ha tenido el equipo binacional que analiza el tema. Por ejemplo, ha trascendido que se prestará importante ayuda material, técnica y financiera a Panamá para fortalecer su Fuerza Pública en sus tres ramas: tierra, mar y aire, incluyendo la guarda de fronteras y el combate del narcotráfico.
Si tanto se ha avanzado en esos aspectos, bien valdría el esfuerzo añadir el tema del combate contra la delincuencia común, incluyendo el área de inteligencia e investigaciones. Recordemos que se trata de un país con inmensos recursos y experiencia, con fuerzas capaces de dar en solo horas, de entre millones de personas, en un vasto territorio, con los autores de atentados tales como los de las torres gemelas de Nueva York, el de Oklahoma y el de las Olimpíadas de Atlanta, entre otros. En fin, busquemos ayuda, y pronto.