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El problema es la regulación, no las tortillas


Stanford, California (AIPE)- A todo lo ancho de Estados Unidos se adelanta una retirada masiva de productos alimenticios manufacturados con una variedad de maíz genéticamente modificado que no ha sido aprobada para el consumo humano. Mission Foods Company, el fabricante más grande de tortillas, retiró voluntariamente todos sus tacos, tortillas, hojuelas y meriendas que pueden contener maíz con la proteína llamada Cry9C. Esta bacteria proteínica Introducida con técnicas genéticas ha sido aprobada para el consumo animal, pero no para el consumo humano porque no se descompone inmediatamente en pruebas digestivas y la Agencia para la Protección Ambiental (EPA) quería más información antes de concluir que los consumidores no resultarían alérgicos a esa proteína.
La decisión de Mission Foods sigue a la tomada por la cadenas de supermercados Safeway y de Kraft de retirar tacos de maíz conteniendo Cry9C.
Estas acciones tienen mucho más que ver con la percepción del público que con la seguridad de los consumidores. El verdadero problema no está en el maíz de los tacos sino en la política reguladora de las modificaciones genéticas de las plantas y los alimentos. Estos productos tienen mucho menos probabilidad de causar alergias u otros problemas de salud que miles de otros alimentos en el mercado. Por ejemplo, las habas que a menudo ofrecen los restaurantes elegantes de Estados Unidos y Europa pueden poner en peligro la vida de personas con deficiencia hereditaria de enzimas y, ocasionalmente, hay contaminación de maní -un conocido y potente alérgico- en dulces que supuestamente no contienen maní. En Japón, el pescado fugu contiene una neurotoxina alérgica que a veces causa la muerte inmediata. A lo contrario de esos alimentos, ninguna toxicidad ni problema alérgico ha sido demostrado con el Cry9C ni ninguna sustancia similar.
La EPA y otras agencias gubernamentales americanas y europeas exigen normas más altas en los alimentos que han sido genéticamente modificados para hacerlos más resistente a los insectos y a las enfermedades, tales como el maíz, algodón, trigo y la caléndula, exigiendo exámenes de pesticidas. Tales políticas no reconocen que hay diferencias importantes entre fumigar químicos sintéticos y tóxicos con los procedimientos genéticos de aumentar la resistencia de las plantas a las enfermedades.
La política de la EPA es potencialmente tan dañina y reñida a las normas científicas que once importantes organizaciones científicas que representan a más de 80 mil científicos y especialistas en alimentación publicaron un informe advirtiendo que tales políticas desanimarán los esfuerzos en desarrollar nuevos cultivos resistentes a enfermedades y más bien prolongará el uso de pesticidas químicos, limitando el uso de la biotecnología a las empresas muy grandes que pueden asumir los inmensos costos de las regulaciones.
Los científicos de todo el mundo saben que añadir genes a las plantas no las hace menos seguras para el medio ambiente o para que la gente las ingiera. Docenas de nuevas variedades de plantas genéticamente modificadas entran al mercado cada año sin ser examinadas por científicos ni llevan etiquetas especiales. Muchas de esas planta provienen del cruce amplio, la hibridización en la que los genes de una especie se transfieren a otra para crear una planta que antes no existía en la naturaleza. Aunque los cambios pueden sonar dramáticos, los resultados son comunes, haciendo al maíz más resistente a las enfermedades y el trigo más resistente al frío, lo cual aumenta la productividad agrícola, reduce los costos y se logra así alimentar a más gente.
Los políticos y burócratas han ignorado una regla fundamental de las regulaciones y es que el grado
de escrutinio de un producto o una actividad debe tener relación directa con el riesgo que se corre.
Si algo no necesitamos es a oficinas gubernamentales castigando a los innovadores por mercadear
productos de maíz resistente a los insectos y que hace innecesarias las fumigaciones con pesticidas
químicos.
(c)www.aipenet.com
Médico investigador de Hoover Institution de la Universidad de Stanford.

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