El problema no siempre es el Gobierno
El problema no siempre es el Gobierno
En Panamá, cuando algo no funciona, la reacción es inmediata. La culpa es del gobierno, de las instituciones o de quienes ocupan posiciones de autoridad. Y aunque muchas veces existen razones válidas para exigir mejores resultados, también es importante reconocer una realidad que con frecuencia pasamos por alto, y es que no todos los problemas comienzan en el Estado.
Resulta fácil señalar deficiencias en los servicios públicos mientras ignoramos aquellas conductas cotidianas que contribuyen a deteriorar la convivencia y el entorno en el que vivimos. Exigimos ciudades más limpias, pero seguimos arrojando basura en las calles. Pedimos más orden, pero incumplimos normas básicas cuando creemos que nadie está observando. Reclamamos respeto, pero muchas veces somos los primeros en faltar a él.
La calidad de una sociedad no depende únicamente de sus gobernantes. También depende de los hábitos, valores y comportamientos de sus ciudadanos. Ninguna ley, por buena que sea, puede sustituir la responsabilidad individual. Ninguna institución puede vigilar permanentemente cada acción de millones de personas.
Con frecuencia esperamos que los cambios lleguen desde arriba, cuando muchos de ellos comienzan en las decisiones simples que tomamos todos los días. Respetar una fila, cuidar un espacio público, cumplir una norma de tránsito o tratar con cortesía a los demás pueden parecer acciones pequeñas, pero cuando se convierten en hábitos colectivos generan transformaciones profundas.
Esto no significa que el gobierno deba quedar exento de responsabilidades. Las instituciones tienen la obligación de funcionar correctamente y de responder a las necesidades de la población. Sin embargo, tampoco podemos caer en la comodidad de atribuir todos los problemas exclusivamente a quienes gobiernan.
Las sociedades más avanzadas no se construyen únicamente sobre buenos gobiernos. Se construyen sobre ciudadanos comprometidos con el respeto, la responsabilidad y el cumplimiento de las normas, incluso cuando nadie los está observando.
Quizás una de las preguntas más importantes que debemos hacernos como país no es únicamente qué esperamos de nuestros gobernantes, sino también qué espera el país de cada uno de nosotros.
Porque al final, el problema no siempre es el gobierno. Muchas veces también está en aquellas conductas que hemos normalizado y que terminan afectándonos a todos.