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El proceso de paz en Colombia


Director del Centro de Análisis Sociopolíticos
Bogotá/AIPE.- Los gobiernos de países vecinos han expresado preocupación por la forma
como el gobierno colombiano está intentando lograr la paz con los guerrilleros
marxistas de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejército de
Liberación Nacional). Estos guerrilleros con frecuencia secuestran ciudadanos venezolanos,
e incursionan en Panamá, Perú y Ecuador. Estos países han movilizado tropas
a la frontera con Colombia. Varios congresistas de Estados Unidos también han expresado su
preocupación, a pesar del "lobby" que desplegó en ese país el gobierno colombiano
buscando aceptación para su proyecto de negociación. El gobierno de Andrés
Pastrana, en su afán de lograr avanzar en la negociación, está progresivamente
accediendo a todas las exigencias de la subversión, sin que ella conceda nada a cambio.
Esta actitud recuerda los intentos fracasados de gobiernos anteriores, que sin lograr la paz dejaron
concesiones como unas absurdas normas jurídicas que impiden actuar con efectividad contra los
grupos terroristas. La preocupación de los países vecinos y del Congreso estadounidense es
válida. La subversión, por un bien intencionado pero ingenuo intento de negociación
de paz, proyectará con más fuerza el narcotráfico, el secuestro y la extorsión
más allá de las fronteras de Colombia.
La situación actual tiene su origen en una hábil campaña, supuestamente en pro de la paz, desarrollada por una organización manipulada por la misma subversión. Esta campaña logró que se planteara al electorado si deseaba la paz. La falacia está en que no se preguntó qué costo estaban dispuestos a asumir los colombianos para lograrla. La respuesta afirmativa a la pregunta se llamó Mandato por la Paz y sirvió para presionar a los candidatos a la presidencia a hacer dramáticos esfuerzos por iniciar negociaciones con la guerrilla. Andrés Pastrana, antes de asumir la presidencia se reunió con los jefes de las FARC y accedió a retirar las tropas de un área escasamente poblada, pero de una extensión cercana a la de Suiza, para adelantar allí las negociaciones. Este "despeje" debía durar noventa días. La negociación empezó mal, pues enfrentó a un gobierno presionado por su promesa ingenua de lograr la paz con una subversión que no tenía el mismo afán. Tampoco se ha cumplido con un requisito elemental: la discreción. Para iniciar las conversaciones, el gobierno y la subversión programaron una espectacular ceremonia en el pequeño pueblo de San Vicente, en el Caquetá. Acudirían más de 600 invitados, entre el cuerpo diplomático, incluido el embajador de Estados Unidos, y un gran número de personajes notables, muchos de ellos pertenecientes a la izquierda internacional, como Rigoberta Menchú y Daniel Ortega. La mesa principal estaría ocupada por el presidente Pastrana y por Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda o Tirofijo. Pero, en un evidente desplante a Pastrana y a la concurrencia, este último no apareció.
Después alegaría que existía un complot para asesinarlo, una disculpa poco convincente, dada la presencia de más de 2.000 guerrilleros en el pequeño pueblo. Un delegado de Marín leyó un discurso agresivo y lleno de falsedades, atacando a casi todos los anteriores presidentes de Colombia y a Estados Unidos.
Posteriormente se realizó, con el auspicio del gobierno colombiano, una reunión en Costa Rica, entre representantes de las FARC y funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, contrariando la política de ese país de no tratar con terroristas.
Después de cuatro sesiones de conversaciones, las FARC suspendieron los diálogos. Entre lo que exigen para reanudarlos está el "canje de prisioneros" que en realidad es la liberación de soldados y policías secuestrados a cambio de la excarcelación de guerrilleros presos por secuestro, extorsión y asesinato. Además, pospusieron la fecha para la reanudación de conversaciones para el final del "despeje". Así, poco a poco, las FARC van a lograr consolidar una base de operaciones segura e inviolable, el sueño de todo movimiento guerrillero. El ELN, que venía participando en un proceso diferente, ahora exige lo mismo que las FARC.
Esta situación le indicaría a un observador desprevenido que la guerrilla es muy fuerte. No lo es tanto, a pesar de que es inmensamente rica, gracias al narcotráfico, a la extorsión y al secuestro. En términos militares no está aún en capacidad de sostener posiciones, frente al Ejército, más allá de unas pocas horas. Cuenta, eso sí, con el apoyo de la extrema izquierda internacional, representada por una extensa red de ONGs que dicen abogar por los derechos humanos, por muchos elementos de la prensa y por políticos de izquierda, especialmente de Europa. Allí, y en los mismos Estados Unidos, se ha desarrollado una efectiva campaña de desinformación contra las Fuerzas Militares de Colombia. La posición de la subversión, aunque es de inferioridad, es entonces sostenible en el tiempo y por ello no están dadas las condiciones para una negociación de paz exitosa. La guerrilla aprovechará con habilidad la injustificada posición suplicante del gobierno para fortalecerse y la tan anhelada paz, lejos de acercarse, se aleja.

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