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El proceso hondureño


Salvo unos pocos y aislados incidentes, las elecciones hondureñas del domingo pasado culminaron con la clara victoria del candidato opositor. Cierto es que el porcentaje de participación en la emisión del voto fue relativamente bajo (aproximadamente un 60%), pero es suficiente para validar el resultado. No se trata más que de un buen comienzo para un proceso largo de reconstitución del tejido democrático del hermano país. Mucho de lo que sobrevenga tras la victoria en las urnas dependerá de la conducta del presidente electo. Si Porfirio Lobo le tiende puentes al Partido Liberal para que entre los dos restablezcan el diálogo democrático, lo más probable es que dicha nación latinoamericana logre re-establecer los vínculos con la comunidad internacional y pronto se vea encarrilada en la búsqueda de los ideales universales de desarrollo, democracia, paz y seguridad. Por el contrario, si las nuevas autoridades entienden que la legitimidad obtenida en los comicios es base suficiente para acometer nuevas tropelías contra sus adversarios políticos y la soberbia del triunfo los ciega, entonces los centroamericanos debemos prepararnos para una crisis política más profunda que la ya vivida. Bien hace la Cancillería panameña en respaldar el proceso hondureño, pero debe estar alerta y advertir temprano cualquier situación que menoscabe la confianza que razonablemente dignatarios panameños y de otros Estados han depositado en sus dirigentes. Sin aspirar a ser la estrella que alumbre el camino, Panamá podría prestar un sano acompañamiento a la convaleciente democracia catracha.

101 años de Panamá América

 
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