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El profeta Benjamín


Cuando el ilustre estadounidense Benjamín Franklin sacó su Poor Richard"s Almanac antes de su vigésimo cumpleaños, descubrió un nuevo talento: el de profeta. Si bien es cierto que no es materia de los profetas hablar de precisiones astronómicas o meteorológicas, su oficio sí tiene que ver con la sabiduría recogida en proverbios, aforismos y decires, atinadamente publicados en aquel famoso refranero editado bajo su firma.
Pero me pregunto: ¿Cómo se sentirá hoy la firma de Benjamín Franklin? Su rúbrica lleva el exclusivo honor de estar dibujada -como retrato de su lucha en pro de la independencia de EE¨.UU.- en los cuatro documentos más importantes de la fundación de aquel país, entre ellos la Declaración de Independencia y la Constitución. Por eso me imagino: ¿Cómo se sentirá la tinta de su firma en el Bill of Rights cuando sus preceptos están siendo violados por líderes mal llamados republicanos? No sé si será pena o resignación de estar en papeles que ahora han perdido hasta el último vestigio de significado; sentimiento compartido por toda una generación de tinta que se derramó sobre tratados, protocolos y convenios para dar vida a eso que hoy llamamos -entre dientes- derecho internacional.
Yo soy muy crítico del sistema de vida estadounidense. Sin embargo, tenemos que aceptar algo: El pueblo de EE.UU., al igual que los nuestros, también ha sufrido a manos de gobernantes irresponsables quienes han mandado a generaciones de jóvenes a su muerte con el único fin de expandir sus bolsillos. Estados Unidos no es sinónimo de imperialismo, lo que a través de la historia ha dado empuje a este concepto es el interés económico de una cúpula que desea mantenerse el poder. Aun cuando exista una gran ventaja de medios y circunstancias, muchas madres estadounidenses también lloran lágrimas igual de amargas que las iraquíes.
Folclóricamente se dice que Franklin favorecía al pavo y no al águila como animal emblemático de la nación federal. Al darse los debates, señaló que poner al águila en las enseñas sería perpetuar aquella odiosa tradición imperialista de las monarquías. El pavo, a su criterio, representaba un momento crucial en la historia de los Estados Unidos: La nueva alianza forjada alrededor de una comida de Acción de Gracias compartida entre indígenas y colonos. No obstante, el futuro fue arado en el mar...
Franklin era consciente de que la primera víctima del imperialismo era el ideal de justicia. Por eso dijo con severidad: "La justicia se debe tan estrictamente entre naciones como entre ciudades vecinas. Un ladrón de caminos que comete robos con gente armada es tan ladrón como cuando roba solo, y una nación que declara una guerra injusta no es otra cosa más que una gran banda de ellos."
Un hombre de muchos talentos -científico, letrado, diplomático e inventor-, ahora Franklin pasará a la historia también como profeta... y como tal, saboreará la amargura que han sufrido todos los profesionales en el predecir cuando sus naciones hacen que se traguen las palabras.

101 años de Panamá América

 
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