El próximo gobierno y los aranceles
El actual legislador arnulfista, Alejandro Posse Martinz, ocupará la cartera del Ministerio de Desarrollo Agropecuario de la presidenta electa, Mireya Moscoso. Los cinco años de rica experiencia política en el seno de la Asamblea Legislativa puede ser una ventaja respecto a otros futuros miembros del Gabinete que no tienen igual vivencia. Por lo general, son puestos que requieren más manejo político que máximo conocimiento en determinada ciencia o arte.
Ayer seguimos con atención su primera conferencia de prensa, en la que lució con mucha soltura y alguna cautela. Dijo que los aranceles serían revisados tomando en consideración la salvaguarda del productor nacional a través de la gradualidad y la reciprocidad. En particular mencionó el caso de productos que entran con mínimo arancel desde Costa Rica y, en cambio, los que exportamos hacia allá no tienen el mismo tratamiento.
Posse Martinz, quien también es productor agropecuario, justificó el cambio de política, cuando agregó que la rebaja de aranceles sólo ha beneficiado a un puñado de importadores que se han quedado con el beneficio de la diferencia, la cual no ha llegado al pueblo. Ello contrasta con la olímpica indiferencia de este gobierno respecto a la masiva importación de productos foráneos, a precios de dumping y subsidios, en perjuicio de porcinocultores, ganaderos, avicultores, maiceros e ingenios azucareros, entre otros.
Explicó también Posse Martinz que otro factor a tener presente es el paquete de compromisos adquiridos con el Banco Mundial y demás IFIs por el gobierno de Pérez Balladares. A fin de cuentas, - explicó -, lo convenido con la OMC fue el techo arancelario, o sea los máximos impuestos de importación que podemos fijar; mientras que lo acordado con las IFIs determina el piso arancelario, o sean los impuestos de importación más bajos para los distintos rubros. Así, diríamos, que si en la OMC acordamos un impuesto a la importación de carne de puerco de hasta 150%; con las IFIs, - a cambio de préstamos -, el actual gobierno lo bajó a 30% y más tarde, en un unilateral desplante de prodigalidad, volvió a bajarlo a 15%.
Lo último sugiere una dura negociación cuesta arriba o al menos unas relaciones difíciles con unas IFIs empeñadas en que Panamá no retrotraiga su ritmo de apertura y un nuevo gobierno procurando aminorar la marcha para dar más tiempo a la modernización y reconversión. Igual cabe decir de la industria. Así las cosas, no es difícil anticipar que Mireya Moscoso jugará la pesada carta norteamericana, el socio más influyente en esos organismos de crédito.
Poco después, expresó similares términos el próximo viceministro de Comercio Exterior, Roberto Henríquez, lo que es indicativo de cierta coordinación y coherencia de discurso y objetivos. Añadió Henríquez que la globalización es un fenómeno inevitable y que frente a él sólo podemos ganar gradualidad y algo de tiempo. En fin, son los atisbos de una visión realista y pragmática, despojada de la rigidez y dogmatismo que caracterizó al antiguo régimen.
Ayer seguimos con atención su primera conferencia de prensa, en la que lució con mucha soltura y alguna cautela. Dijo que los aranceles serían revisados tomando en consideración la salvaguarda del productor nacional a través de la gradualidad y la reciprocidad. En particular mencionó el caso de productos que entran con mínimo arancel desde Costa Rica y, en cambio, los que exportamos hacia allá no tienen el mismo tratamiento.
Posse Martinz, quien también es productor agropecuario, justificó el cambio de política, cuando agregó que la rebaja de aranceles sólo ha beneficiado a un puñado de importadores que se han quedado con el beneficio de la diferencia, la cual no ha llegado al pueblo. Ello contrasta con la olímpica indiferencia de este gobierno respecto a la masiva importación de productos foráneos, a precios de dumping y subsidios, en perjuicio de porcinocultores, ganaderos, avicultores, maiceros e ingenios azucareros, entre otros.
Explicó también Posse Martinz que otro factor a tener presente es el paquete de compromisos adquiridos con el Banco Mundial y demás IFIs por el gobierno de Pérez Balladares. A fin de cuentas, - explicó -, lo convenido con la OMC fue el techo arancelario, o sea los máximos impuestos de importación que podemos fijar; mientras que lo acordado con las IFIs determina el piso arancelario, o sean los impuestos de importación más bajos para los distintos rubros. Así, diríamos, que si en la OMC acordamos un impuesto a la importación de carne de puerco de hasta 150%; con las IFIs, - a cambio de préstamos -, el actual gobierno lo bajó a 30% y más tarde, en un unilateral desplante de prodigalidad, volvió a bajarlo a 15%.
Lo último sugiere una dura negociación cuesta arriba o al menos unas relaciones difíciles con unas IFIs empeñadas en que Panamá no retrotraiga su ritmo de apertura y un nuevo gobierno procurando aminorar la marcha para dar más tiempo a la modernización y reconversión. Igual cabe decir de la industria. Así las cosas, no es difícil anticipar que Mireya Moscoso jugará la pesada carta norteamericana, el socio más influyente en esos organismos de crédito.
Poco después, expresó similares términos el próximo viceministro de Comercio Exterior, Roberto Henríquez, lo que es indicativo de cierta coordinación y coherencia de discurso y objetivos. Añadió Henríquez que la globalización es un fenómeno inevitable y que frente a él sólo podemos ganar gradualidad y algo de tiempo. En fin, son los atisbos de una visión realista y pragmática, despojada de la rigidez y dogmatismo que caracterizó al antiguo régimen.