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El próximo quinquenio


PENSARÁN QUE VOY a referirme a nombres, encuestas y alianzas, en procura de vislumbrar quién gobernará nuestro país a partir del año 2009. Se equivocan, para eso habrá tiempo. Quiero referirme a la importancia del quinquenio 2009-2014 para nuestro país.
Me encuentro nuevamente en Asia cumpliendo una gira de trabajo profesional. El estar lejos me permite pensar con más detenimiento, lujo éste que el día a día en el país muchas veces nos lo impide, como, por lo menos yo quisiera.
Estuve una semana en Singapur y tuve la ocasión de analizar con distintas personalidades del mundo marítimo y bancario las enormes similitudes que tienen nuestros dos países; por supuesto, aquél a años luz del nuestro; pero con menos que nosotros empezaron. Si hay un modelo que nos puede servir de guía es ése, dentro de nuestras particularidades, claro está. Encontré un marcado y valioso interés por todo lo que aquí va a ocurrir y, en la medida de lo posible, compartían experiencias vividas en ese transformar de su país, no privándose de darme algunos consejos interesantes para poder comprender cómo han llegado a donde están. Simplemente, han sabido hacer su tarea, si tomamos como referencia que lograron su independencia a inicio de los 60´s. Eran entonces uno de los países más pobres del sudeste asiático, como ellos mismos reconocen, con gran orgullo ahora. Esto me sirvió de referencia para comentar con amigos panameños que coincidimos por allá, que este próximo quinquenio será el más importante para el país y definirá, por lo menos, los primeros 50 años del Siglo 21.
En mi último artículo me dediqué a compartir con ustedes algunas ideas en torno a la importancia que personalmente le doy a la reforma del Estado de manera integral. La ubicaba en mi artículo, como una de las metas, sino la meta más importante del próximo equipo de gobierno, si realmente hay interés en cambiar el país, modernizarlo, darle fuerza y sentido a sus instituciones y, en fin, avanzar e ir resolviendo de manera sostenible los grandes problemas nacionales.
Partiendo de que la reforma es impostergable, el quinquenio que se avecina es de marcada importancia. Se han iniciado proyectos nacionales de gran significado para nosotros y el mundo. La expansión del Canal marca la prioridad, pero también el auge que experimenta la economía en distintos sectores presagia el cambio del modelo tradicional de hacer negocios hacia uno de abierta competencia con el mundo para la cual aún no estamos plenamente capacitados. Cuando digo esto, no me refiero a si tenemos o no empresas o empresarios con experiencia y acostumbrados a competir en este escenario global en el que nos movemos, sino a que el sistema que tenemos no nos acompaña, partiendo por la educación nacional, la cual, en frases del mismo Ministro del ramo, no está a tono con las exigencias del progreso nacional.
De nada sirve crecer si, dentro de poco, con el enorme desempleo que existe, vamos a necesitar importar mano de obra calificada para poder realizar una serie de actividades que ya comienzan a generarse en Panamá, para nada tradicionales y que pretendemos seguirlas orientando fundamentados en un esquema que no está a tono con sus exigencias ni con las necesidades que plantea ese nuevo orden interno que va redefiniendo nuestra vocación de país.
Por si no nos hemos dado cuenta, la vocación de servicio de nuestra economía comienza a abrirse paso a una velocidad impresionante. Ya no es sólo la banca, la Zona Libre, el régimen de sociedades anónimas o la marina mercante, que por décadas distinguieron nuestra función de centro internacional de servicios. Poco a poco, a medida que la obra del Canal avance, en la misma dimensión se va relanzando nuestra posición geográfica y la gran utilidad, integralmente entendida, que la misma le imprime al mundo, que no sólo la necesita, sino que importantes líderes ya así lo reconocen.
Estamos y seremos un país de trascendencia realmente internacional, no porque pensemos que seremos potencia, no; sino porque aquí se tomarán decisiones que tendrán efecto global y eso acrecentará, por añadidura, nuestro músculo de país ante el resto de las naciones. Pero, ¿está el sistema que tenemos, el que Gilberto Arias Guardia definió hace décadas, cuando hablaba de lo que para él debía ser la administración panameña en el Canal, como obsoleto y fracasado, a tono con la demanda y el reto que nos marca el destino? Analicemos por un momento nuestro sistema de la administración pública actual. Una Constitución Nacional desfasada y hasta absurda en muchas de las instituciones que crea y regula; un sistema educativo que produce, en términos generales, grandes cantidades de desempleados; una administración de justicia cuestionada e ineficaz; un centralismo generador de obstáculos y patrocinador de corrupción en todas partes; una seguridad pública altamente deficiente y sin norte de ninguna naturaleza; una legislación laboral que en nada beneficia al desempleado y que mucho menos servirá como marco regulador para una gran cantidad de actividades que están llamadas a iniciarse pronto en el país; y así podemos seguir enumerando muchas cosas más que, a mi juicio, pueden hacer inviable el Panamá que a diario nos presentan propios y extraños en las distintas conferencias y foros que se desarrollan dentro y fuera de nuestras fronteras.
Por lo anterior, se impone una reflexión profunda respecto de lo que tenemos que iniciar -todos tenemos una cuota y un sacrificio que aportar- en el otro quinquenio y la continuidad y el compromiso que del mismo debe salir para seguir, en los quinquenios siguientes, avanzando con metas nacionales identificadas; lo que debió ser la concertación nacional que nunca fue por los vicios que marcaron su inicio y de la cual poco se habla ya. Así las cosas, me atrevo a decir que será un quinquenio no sólo de nombres y de encuestas, como quien apuesta en un casino, sino de nombres, de equipos, de liderazgo, de planes, de compromisos, de programas coherentes y con visión, de conocimiento del país que tenemos hoy y del que aspiramos a ser, entre otras tantas y no menos importantes características; y miren que lo dice alguien que comparte hoy la responsabilidad de dirigir un colectivo político, vehículos éstos llamados a gobernar, pero no por ello con derecho a ser elegidos para hacer con el país lo que les da la gana o, lo que es peor, administrar cuotas de poder sin siquiera entender para qué es el mandato otorgado en las urnas por la mayoría del pueblo que sale a votar.
Cada quien sabrá reflexionar como mejor le parezca. Pero estamos a casi dos años de esa gran decisión. Se hace impostergable forzar la real y profunda discusión de los grandes temas en los foros y escenarios que se puedan crear para ello. De la noticia sensacionalista o de las constantes pugnas intrascendentes entre políticos, evolucionar hacia el pensar en el gran reto que ya tenemos delante de nosotros.
Acabo de terminar un libro que me recomendó mi amigo Miguel Antonio Bernal, "El olvido que seremos". No permitamos que nuestra desidia o desinterés nos transformen en ese profundo título a la vuelta de unos años.

101 años de Panamá América

 
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