El proyecto de desarrollo de Howard
Los comerciantes de Zona Libre de Colón han manifestado su reserva frente al proyecto de ley de desarrollo de Howard como zona económica especial. En esencia, temen que el nuevo proyecto se convierta en una competencia que afecte adversamente sus negocios y desarrollo; y peor ahora que atraviesan un prolongado proceso de recesión que algunos juzgan irreversible, debido al proceso de globalización generalizado, tendencia a la rebaja de aranceles y apertura de mercados.
A nuestro juicio, el temor a la competencia no es justificación para oponerse a un proyecto de desarrollo conceptualmente bueno. Nuestro país requiere de más iniciativas ambiciosas como éstas, pero sobre el terreno, no sobre el papel. Pero esto ni siquiera es verdad. O sea, no se pretende que Howard compita con la Zona Libre de Colón en ningún aspecto. Son dos figuras totalmente diferentes.
En efecto, Zona Libre es un gigantesco bazar, un mercado de buhonería al por mayor y menor. Todas sus cifras vienen de la reventa de mercaderías y se registran como reexportación. No es más que eso. Una gran cantidad de galerones de depósito con algunos salones de exhibición. Allí no hay valor agregado alguno, es la misma mercancía que entra, y sale. La única variante evolutiva es la acumulación de contenedores, indicativo de que el área se transforma en un centro de redistribución regional. Pero en cualquier caso es un cambio cuantitativo, no cualitativo. Es pura forma, no fondo.
Para Horward, en cambio, se quiere otra cosa. Se busca valor agregado, esto es, la instalación de empresas de alta tecnología tipo INTEL, la gigante de microprocesadores que opera en Costa Rica. La instalación de un "call center" o centro de atención de llamadas internacionales para la multinacional de computadoras Dell, por ejemplo; nada tiene que ver con ese supermercado internacional, que es la Zona Libre de Colón. Es más, Howard podría abastecer de productos terminados a la última. Son dos figuras distintas, una es un centro fabril y de servicios de alta tecnología y la otra, una revendedora.
Es cuestión de dejar en la ley bien plasmado el concepto en uno y otro caso ¡pero en modo alguno paralizar el desarrollo por el mero temor a la competencia. Claro, siendo una ley más moderna, ha de contar con modalidades de operación novedosas. Pero incluso en ese caso, se puede estudiar la alternativa de hacer extensivas las ventajas creadas para Howard a las demás zonas francas. Sería en ese caso una decisión técnica. Lo que no debemos, repetimos, es dejar que el miedo a explorar nuevos horizontes nos paralice.