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El pueblo dispone


Ser demócrata significa, entre otras cosas, que uno vive una versión cívica del proverbio teológico "el hombre propone y Dios dispone", a saber: los políticos proponen y el pueblo dispone.
Los políticos panameños planteamos candidaturas y programas y el pueblo panameño decidió con su voto. Ello no quiere decir que después de la votación digamos que la persona elegida y su programa son idóneos cuando antes los cuestionábamos. Quiere decir que reconocemos que el pueblo es quien otorga el derecho a gobernar de acuerdo con la Constitución y el estado de derecho que ella define, bajo la vigilancia activa de los ciudadanos y de la opinión pública. Y que lo sensato es otorgarle a las personas elegidas una oportunidad para que den lo mejor de ellas mismas en asumir sus funciones, concretar sus planes y comenzar a implementarlos, antes de que se ejerza activa y militantemente cualquiera postura de oposición.
Por ello es importante, que los políticos electos y los demás evaluemos la decisión del pueblo, para lo cual debemos analizar los resultados electorales. Lo primero que cabe destacar en relación con estos resultados es el alto nivel de participación, cerca del 76.7%, lo que revela que por "aburrida" (dixit La Prensa) que haya parecido el proceso electoral, el electorado se sintió motivado a emitir su voto, haciéndolo con toda tranquilidad y sin temor al fraude.
Lo segundo que hay que señalar es la amplitud relativa de la victoria de Mireya Moscoso. Ella obtuvo el 44.1% de votos contra 37.1% para Torrijos, superándolo por unos 90,000 votos, mientras que Pérez Balladares obtuvo sólo el 33.3% del voto contra 29.1% para Mireya en 1994, superándola por sólo unos 45,000 votos. La victoria de Mireya es incuestionable, aún cuando no logró la mayoría absoluta del electorado. Juntos Mireya y Martín representaron el 81% de los votos, mientras que juntos Pérez Balladares y Mireya sólo representaron el 62% del electorado en 1994. Ello significa un avance del bipartidismo. Pero al mismo tiempo, el saldo de 38% se dividió entre cinco candidatos en 1994, mientras que este año el saldo de 19% se concentró en un solo tercer candidato, Alberto Vallarino, quien recibió aproximadamente el 17.1% del voto. Así frente al avance del bipartidismo se dio una concentración en torno a una sola alternativa al mismo. Ello significa un anti-bipartidismo más identificado y puntiagudo, sobre todo después del magnífico cierre de campaña y del discurso correspondiente del Ing. Vallarino.
En todas las alianzas, los partidos de los candidatos a las vicepresidencias no lograron sobrevivir legalmente: en la Alianza Nueva Nación, ni el Liberal Nacional ni Solidaridad sobreviven con votos presidenciales; en la Alianza Unión por Panamá, MORENA no sobrevive; en la Alianza Acción Opositora el Liberal tampoco sobrevive y Mayín Correa, a la vez candidata a Vicepresidenta y Alcaldesa, sufre una sorprendente doble pérdida como candidata a Alcaldesa al terminar de tercera.
Solo MOLIRENA con la Primera Vicepresidencia de Mireya sobrevive. En otras palabras, los votos presidenciales únicamente justifican la sobrevivencia del PRD, del P. Arnulfista de la Democracia Cristiana y de MOLIRENA. Tres otros partidos se salvan por haber obtenido por lo menos el 5% de los votos legislativos, a saber el Liberal Nacional, Solidaridad y Cambio Democrático. Desaparecerán los partidos MORENA, Papá Egoró, Renovación Civilista, Liberal y Nacionalista Popular. Se simplifica así el sistema de partidos políticos.
Este resultado justifica la opción estratégica que adoptó el PDC al rehusar la segunda vicepresidencia de Mireya y preferir apoyar a Alberto Vallarino, aún sin tener una vicepresidencia en su nómina, pero ofreciéndole la postulación en sus papeletas a 9 de los 11 legisladores que siguieron a Vallarino cuando él debió separarse del Partido Arnulfista. De hecho el PDC pasa de 25,000 votos presidenciales y un legislador en 1994 a más de 140,000 votos y cinco legisladores. Se convierte en el tercer partido en importancia, con 10.7 % de total de votos presidenciales, detrás del PRD (31.5%) y del P. Arnulfista (28.95) y por delante de MOLIRENA (10.6%). Se le considera por ello como uno de los ganadores en las elecciones. Es el partido independiente por excelencia.
Queda demostrada la fuerte tendencia de los partidos de los candidatos presidenciales (PRD y arnulfismo) o percibidos como tales (PDC) de absorber el voto presidencial a expensas de los otros partidos de las respectivas alianzas, lo cual contribuyó a la disminución del número de partidos: el P. Arnulfista absorbió el 64.5% de los votos de Unión por Panamá, el PRD el 83.7% de los votos de Nueva Nación y el PDC el 63.7% de los votos de Acción Opositora.
Además, los resultados electorales le dieron razón de otra manera al razonamiento político que justificó la opción estratégica demócrata cristiana. En efecto, no se verificó el hecho de que dos candidaturas oposicionistas aseguraran la derrota de la oposición y el triunfo del PRD. Dicho argumento fue usado contra Alberto Vallarino incluso por la propia candidata ganadora y representó una especie de chantaje político a favor de su candidatura. El argumento resultó falso, aunque en muchos casos parece haber motivado el voto a favor de Mireya. Incluso se puede pensar que la candidatura de Alberto atrajo a numerosos independientes que de otra manera habrían votado por Martín, gracias a lo cual el voto de Martín sólo sobrepasó en 4% el techo histórico del PRD, que es de alrededor del 33% del electorado.
A nivel del voto legislativo, el PRD obtuvo el 35.6%, muy cerca de su porcentaje presidencial, mientras que el P. Arnulfista obtuvo el 22%, casi 7% por debajo de su voto presidencial. Al amparo de su mayor consistencia en el voto y de lo que ley electoral prevé para el residuo en los circuitos plurinominales, el PRD obtuvo una indiscutible preeminencia en la Asamblea, con por lo menos 24 legisladores sobre 72 (32 para Nueva Nación) contra unos 11 para el P. Arnulfista (16 para toda la Alianza Unión por Panamá), cuando todavía faltan 16 curules por adjudicar. Esta dicotomía entre un Ejecutivo arnulfista y un Legislativo con preponderancia perredista permitirá equilibrar el presidencialismo de nuestro sistema, de tal manera que la Presidenta Moscoso ejercerá menos predominio que el Presidente Pérez Balladares.
Por otra parte, semejante situación puede llegar a obligar al P. Arnulfista y al PRD a compartir la responsabilidad gubernamental, puesto que de otra manera no habría gobernabilidad y el pueblo se lo achacaría a ambos. Como resultado ambos podrían frustrar a sus respectivos electorados: el P. Arnulfista por no poder introducir suficiente cambios y el PRD por no poder garantizar suficiente continuidad. Sería un co-gobierno inseguro y de realizaciones precarias. Además, ello parece darle a Pérez Balladares una oportunidad de influencia continuada, con sus vínculos en la Corte Suprema, en la Alcaldía de Panamá, en la Fiscalía Electoral y probablemente en la bancada legislativa mayoritaria, si como es de esperar mantiene el control de la cúpula del partido y neutraliza el aparente desafío de Martín Torrijos.
Los políticos propusimos y el pueblo decidió. Pero decidió una configuración del poder público que reta a los dos principales partidos a garantizar la gobernabilidad y reta a Acción Opositora con el PDC a ejercer una función de independencia en las propuestas y las críticas como la única alternativa nueva de cara el creciente bipartidismo y con miras al futuro del 2004.

101 años de Panamá América

 
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