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El pueblo espera cambios, no remiendos


El ejercicio democrático del 3 mayo develó muchas verdades. Por un lado, el peso del “priming” mediático, el poder destructivo de las minas políticas antipersonales, la contundencia de la técnica del goteo antigravitatorio, la imparable fuerza de los grupos de poder económico y la enorme susceptibilidad de los sectores más vulnerables a ese tipo de bombardeo publicitario.

Por otro lado, la fragilidad de una oferta electoral oficialista, fracturada desde sus génesis por una grave fisura emocional, la incapacidad de genios extranjeros venidos a estrategas publicitarios sin poder imaginativo para contrarrestar la aguda corteza cerebral de un especialista formado para convertir troncos en molestosas briznas lacerantes de la mácula retinal, la herencia de errores políticos y desafortunadas actuaciones de allegados al oficialismo que hicieron trizas la ya menguada imagen de su candidata.

De una gestión gubernamental orientada, en la epidermis hacia los sectores desprotegidos y anclada en los patrullajes de hace más de cuarenta años, con logros sociales importantes, pero con costosos desaciertos; el poder político y las decisiones del futuro del país, el pueblo los entregó a los sectores económicamente fuertes. Esto no deja de inquietar a los tirios. Resaltan, emergen y truenan preguntas y circulan especulaciones por doquier.

¿Entran millonarios y saldrán con las manos limpias? ¿Es posible que un presidente, que debe más de un 80% de sus votos al efecto de la publicidad mediática, logre aproximarse a abrazar al pueblo ngöbe y al pueblo de los arrabales? ¿Podrá bregar con la burbujeante olla de presión social sin recurrir a las lacrimógenas y a los palos, como era la práctica cuando la oligarquía gobernaba al país, allá cuando yo era un niño? ¿Podrá depurar el servicio exterior y acabar con la rapiña millonaria de los cónsules? Ahí, Sr. Presidente, tiene el dinero para construir el metro.

Los retos son notables en casi todo. En la educación todo se perdió. ¿Será la licenciada Molinar la que ponga la pica en Flandes, cuando por estos días ya no son sólo educadores que levantan armas en ristre? El estado físico de la infraestructura demanda decisiones urgentes y enfocadas en la calidad. En la cultura vial todo se perdió, si es que alguna vez hubo algo bueno. ¿Podrá la Arq. Escorcia, no solamente cambiar el calvario cotidiano de miles de ciudadanos/as, dotándoles de un transporte público digno y eficiente y, al vez, gerenciar medidas que ofrezcan salud y futuro a miles de lesionados de los accidentes de tránsito?

¿Podrá el Consejo de Seguridad y el Mayor Pérez atajar el tsunami delicuencial que inunda las costas, fronteras, pueblos y ciudades del país? ¿Podrá el señor Presidente Electo cumplir la promesa de encarcelar a los corruptos de hoy y de mañana? El pueblo pide a gritos que meta presos a los que entraron limpios y van a salir millonarios, y a los que entran millonarios y se ensucien sus manos limpias. El pueblo espera que ponga coto al constante incremento de la canasta básica. El pueblo espera cambios, no remiendos.

101 años de Panamá América

 
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