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El pueblo le creyó a él


Y le dio su aval, por su magnitud, significativo. Atrás quedó el tiempo de la retórica sofocante con sus técnicas de persuadir, conmover y deleitar, sobre las bases de la impresión, la asociación y la repetición. Los actores teatrales se desempeñaron como si el triunfo ya fuera de ellos y la propaganda hizo su trabajo envolvente.

La conquista del poder con artificios es el más peligroso riesgo de los gobiernos, si en la práctica los proyectos carecen de un fondo de realidad. El segundo gran riesgo es perder la confianza ganada. Si la pierden, el gobernante no regresa, y a veces, tampoco el partido regresa al poder.

Ahora se acerca el tiempo de poner a prueba las propuestas. En cuánto tiempo, de qué manera, y en qué medida se empezará a ver la aurora prometida.

El plan de cambio Martinelli parece ser un experimento atrevido con las características de una revolución pacífica capitalista-socialista, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, en dos corrientes contrarias que se encuentran en un punto que llamaremos bienestar social con crecimiento económico, pues sin éste, ninguna transformación social positiva es factible; pero, al propio tiempo, tiene que estar presente lo más vital de este proceso:

Dondequiera que se ha intentado un cambio social con probabilidad de éxito, el cambio de hábitos y actitudes en el pueblo ha sido necesario. Las revoluciones humanas con cambios pacíficos sólo las hacen los pueblos con transformaciones culturales. Deseamos que así suceda.

La inversión en salud es una prioridad de primer orden y debe comenzar con una reforma nutricional, principalmente en las clases populares que no saben alimentarse. "Una buena mesa evita enfermedades"; y dijo también el sabio y médico José Renán Esquivel: "Salud igual para todos". No hablaba de comida cara, sino de nutrición balanceada. Menos enfermos significan ahorro en hospitales, medicinas, más rendimiento en la escolaridad, en el trabajo.

Ya dije que para el cambio social es necesaria la contribución del pueblo con cambios planificados sostenidos: Educadores idóneos, estudiantes dedicados, juventud con memoria histórica y consciente de su responsabilidad generacional, trabajadores productivos, servidores públicos probos y eficientes, ministerio público y poder judicial con manos limpias.

Queremos un presidente que sea él el que mande, y el que más sirva; que el panameño no lo sea por un hecho circunstancial, sino que se sienta parte de un cuerpo social cuyos intereses son los mismos suyos.

La partidocracia es lo más funesto en el devenir político. ¿De dónde proviene la recuperación con plusvalía de las inversiones de los donantes de las campañas? Dijo don Lolo Silvera en una de sus geniales caricaturas: El tigre nunca se vuelve vegetariano.

101 años de Panamá América

 
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