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El que da cariño, recibe cariño


LUIS SEÑOR, en su Diccionario de Citas, relativo al tema de la pobreza, recogió una célebre reflexión de Gerald Brenan que reza así: "Los que tienen algo quieren pensar que lo más importante en el mundo es el amor. Los pobres saben que es el dinero". Por otra parte, el célebre Oscar Wilde dijo que "Recomendar sobriedad al pobre es grotesco e insultante a la vez. Es como decir que coma poco al que se muere de hambre".
En realidad, el tema de la pobreza nos convoca a reflexiones que sólo tendrían valor en la medida en que resolvamos, en menor o mayor grado, las penurias de los pobres. Para el pobre, el dinero es importante; pero más lo es para los ricos que no viven sino pensando en la seguridad de sus riquezas. El pobre necesita el dinero para comprar alimentos y proyectar su seguridad alimentaria por lo menos un día más y estará tranquilo, se sentirá complacido. El rico, aunque asegure el futuro de sus próximas generaciones, cree que su fortuna puede verse disipada por los avatares de la vida y por ello sufre, se llena de ansiedad, de incertidumbre y desasosiego.
El pobre lo que quiere y desea, ardientemente en su corazón, es vivir, comer, trabajar, que los suyos tengan pan, abrigo y techo. Lo más probable es que el pobre siempre se cuestione o interrogue así: ¿Si en el mundo hay ricos y pobres, por qué tengo yo que estar en el partido de los pobres? El hombre se rebela, desde luego, contra toda forma de miseria, de pobreza. Ningún ser humano se acomoda a la pobreza. Nadie puede acomodarse a la pobreza. Los gobiernos deben tener muy en cuenta la reflexión de Johann W. Goethe: "La ley es poderosa, pero más poderosa es la miseria".
Me causa tristeza cuando escucho a los que sí tienen sus arcas llenas pedirle honradez a los pobres y que éstos dejen de delinquir. Napoleón advertía que "El método más seguro para permanecer pobre es ser honrado". Ese viejo dicho de que "pobre, pero honrado", sólo lo evocan las almas nobles, excepcionales. Pero a la mayoría de los pobres les hace padecer la permanente tentación de alargar o extender la mano para tomar lo indebido. No sé si llamar dichosos o tontos a los que no sucumben ante esa tentación. Como bien dice mi hermano Ramiro Guerra en sus apuntes filosóficos: "Terribles son los dolores de la pobreza, penetran hasta el tuétano del alma".
La sociedad ha hecho sus leyes para combatir y sancionar las acciones negativas de los pobres, dejando a un lado a los que han amasado fortuna a costas de esos pobres.
Decía Omar Torrijos Herrera, que "El que da cariño recibe cariño". Me comentaba mi amigo José Sánchez, preclaro y serio dirigente de las huestes de ex trabajadores portuarios, a quien cariñosamente todo Colón y el resto del país conocen popularmente como "Bolsa", que le llamaba la atención que el Presidente, junto a su esposa Vivian, sus amantísimos hijos Daniela, Martincito y Nicolás, amanecieran el domingo de Navidad en Villa Del Carmen, distrito de Donoso, Colón, llevándoles alimentos, juguetes y otros enseres a más de 400 personas, en total 74 familias que han sido afectadas por las inundaciones en ese sector. Cuando lo escuché dije: "¿No es lo que todos deberíamos hacer con nuestros pobres?". Y él advirtió: "Seguro, pero que lo haga la familia presidencial es un ejemplo a seguir por todos los que tienen poder y amasan fortunas". El amigo Bolsa me dejó pensativo.
Buen ejemplo a seguir el acto del presidente Torrijos, quien siguiendo las enseñanzas de su padre ha podido entender e interpretar correctamente que: "El que da cariño, recibe cariño".
¿Ustedes se imaginan cuando esos niños, niñas y adolescentes, cuenten en el futuro, la gran experiencia de haber compartido con la familia presidencial en una mañana de Navidad, el orgullo y motivación que los elevará a la grandeza del ánimo?
Mi padre, a sus 85 años de edad, no pierde la oportunidad de contar a cuanta persona pueda, con orgullo singular y alegría a flor de rostro, de cómo Omar Torrijos, para 1969, apareció en la escuelita del poblado de Manaca Civil, en Chiriquí, repartiendo zapatos y uniformes escolares para los muchachos, y para los campesinos una rula, es decir, un largo machete. Ese día, lo recuerdo vívidamente; hubo fiesta en el pequeño pueblo. Creo que Napoleón debió decir: "El método más seguro para permanecer rico es olvidarse de los pobres y ser deshonrado". Qué equivocado estaba el existencialista Jean Paul Sartre cuando dijo que "Los pobres no saben que su función en la vida es ejercitar nuestra generosidad". Desde luego que se refería a los ricos a quienes, en muchas ocasiones, hay que doblarles el codo.
Concluyo diciendo: "Seguiré pensando que lo más importante es el amor, pero cuánto bien hace a los pobres suplir sus carencias materiales". Cristo ha prometido que hay ganancias incalculables en el acto de dar, pero sobre todo de dar con cariño y amor.
abog27172010@hotmail.com

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