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El que esté satisfecho, que escriba


Días atrás (La Prensa 11-XI-01) apareció un artículo sobre la buena calidad de los educadores egresados y formados por la Universidad de Panamá. No es mi función analizar dichos resultados...pero lo interesante es que días antes la Ministra de Educación sostenía que nuestra educación era del siglo XIX. Un simple comentario... me formé académicamente, en parte, en dicha universidad, no me considero "buen" educador, pero tampoco acepto que ni la educación recibida ni la formación que trato de impartir sean del siglo XIX. Pienso que siempre se ha escrito, se escribe y se escribirá (a favor y en contra) de la educación; en todos los tiempos, lugares y circunstancias, ahora en el siglo XXI, y en los países que más invierten en la educación de sus ciudadanos, no están satisfechos del "producto" (si es cuantificable) de su inversión ¿Qué podemos esperar nosotros que invertimos poco en la educación?.
Todos los educadores, aunque nos quedemos callados, adoptamos una actitud defensiva con respecto a la sociedad; nos vemos obligados a justificar nuestros objetivos, métodos y "ad lateres" ante los resultados que a corto y largo plazo conseguimos. La sociedad insatisfecha nos toma como los "chivos expiatorios" de todos (o casi) los males que aquejan a nuestra sociedad... porque alguien tiene que ser culpable y los educadores le echamos la culpa a la sociedad-medio ambiente social.. El típico círculo vicioso. Ahora con motivo de nuestro "Día del Educador", me he puesto a reflexionar sobre este "desconcierto" (que siempre ha existido) que campea sobre la "institución educativa".
Hoy, siglo XXI, ¿qué contribuye a la mala reputación de la escuela, que -aceptémoslo- es una triste realidad? Cada padre de familia al momento de iniciar la formación de sus acudidos va con "prejuicios" (positivos o negativos) sobre el lugar y sobre los formadores. De acuerdo con los resultados que vaya viendo, los modificará. Se pierde de vista que el "prejuicio" revela más del observador que del objetivo de análisis, ya sea la escuela, alumnos, o cualquier otra cuestión conexa. Vería como normal que a un "normalista" se le cuestionara sobre los objetivos de la escuela actual, pero veo como anormal que a un educador a punto de jubilarse se le cuestione lo mismo. ¿No es una forma de insultarle, cuestionándole los objetivos que ha tratado de alcanzar durante toda su vida? (Si le han preparado bien en la Universidad o en la Normal). ¿Sabe la sociedad qué objetivos concretos quiere de la educación?.
Se nos pide que enseñemos a vivir en un mundo duro y competitivo y al mismo tiempo la sensibilidad suficiente para suavizar las relaciones entre individuos. Se nos pide que enseñemos a vivir como personas y a la vez se cuenta con que esta institución será realista para enseñar a "vivir entre las fieras". Hoy pedimos que se enseñe más filosofía y mañana nos lamentamos que no enseñamos a fabricar carros. Todos están de acuerdo en enseñar más informática, pero nadie repara en la "no explicación" de la administración de la justicia. Se nos pide adiestrar la memoria y a la vez "que no perdamos el tiempo" memorizando, que todo está en Internet. Se nos pide ser un "oasis de creatividad" (soñar) en medio de un pragmatismo generalizado (poner los pies sobre la tierra). Buscamos "que sin fracasar" nuestro hijo salga adelante, mejor que los hijos de los demás... y me temo que dentro de cien años se seguirá discutiendo de lo mismo.
Que debe haber cambios y adaptación, nadie lo niega...Sí considero que hay un enemigo contra el cual luchar: la rutina... pero en todos: en la escuela, en el educador y en el padre de familia. A veces romper ciertos moldes para implantar otros nuevos nos hace pensar que somos "conejillos de indias" para experimentar... y difícilmente un padre acepta que se experimente con su hijo.
Alguien sugería hace poco en un artículo: "¿Y si comenzamos en cero?" Me parece una pregunta sin respuesta y hasta me atrevo a decir "una mala pregunta". No tiene respuesta, porque no todos queremos el mismo tipo de escuela; y es una mala, porque resulta imposible partir de cero. Si se partiera de cero, los que detentan el "poder fáctico" impondrían sus criterios. ¿Se han imaginado alguna vez (partiendo de cero) una educación en manos de las transnacionales de la industria del ocio o de los imperios de las comunicaciones? Entendemos que se habla metafóricamente, porque entonces lo primero sería convencer a los Estados a recuperar la escuela, puesto que ya dispone de la TV. la publicidad y la cultura popular de masas, que son los grandes instrumentos de dominación simbólica que necesita para disciplinar a los ciudadanos.
No cabe ninguna duda de la mala prensa que tiene la escuela, tanto si se trata de programas de TV sobre la incipiente violencia en las aulas o una pregunta sobre dónde está Tolé, o qué se celebra el 3 de noviembre. La situación escolar llega al extremo de que las autoridades se sienten obligadas a tapar (o disfrazar) los informes por los elevados riesgos que para la "salud mental" supone la tarea docente. La escuela ha perdido (si alguna vez la tuvo por completo) el monopolio de la transmisión de conocimientos útiles para el progreso individual y social y tiene dificultad para "averiguar" qué le queda de específico (S. Cardús).
El desprestigio escolar es simultáneo al incremento del tiempo que el alumno pasa en la escuela y al recurso público de que ésta dispone. Aunque lo parezca, no es una paradoja: la escuela se ha devaluado al mismo ritmo que se universalizaba y que todos tenían acceso a ella. Bienvenidos e indispensables estos beneficios, pero ahora toca reconvertir "el mal tiempo y más dinero en la escuela" en "más calidad". No resultará fácil, porque la masificación nunca ha llevado a eso... además, habría que analizar si los "poderes fácticos" quieren "más calidad para todos".
Maestro -educador, gracias por obligarme a reflexionar en nuestro día. Espero que si tú también estés satisfecho de tu trabajo, me permitas algún día leer tus motivos de satisfacción.

101 años de Panamá América

 
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