El que no la debe...
Con motivo del esfuerzo que se lleva a cabo por establecer la identidad de los restos encontrados en Tocumen se ha ido aumentando la intensidad verbal al mismo tiempo que han ido aflorando nombres, parajes, situaciones que habíamos olvidado y que desafortunadamente existieron.
Naturalmente, se han reabierto heridas mal cicatrizadas. Creíamos que nos habíamos reconciliado.
Me ha llamado poderosamente la atención cómo este hecho de la exhumación de restos en ese sitio preciso, ha disparado los mecanismos de defensa de distintos lados.
No sé si por asociación con el evento Pinochet Ugarte que nos está enseñando que no existe "clavo pasao", sino que lo que aparentemente se hizo violando los derechos humanos iba a seguir inadvertido, resulta que no, que a la postre, los responsables van a tener que rendir cuentas.
Hay algunos que estuvieron en los estamentos directivos del poder en aquellos tiempos y que por tanto son responsables primarios y que de salida, en vez de responder la verdad, eso es ser responsable, tratan de ver con quien comparten una responsabilidad que les era exclusiva. Quieren ver cómo embarran a otros.
Asombra asimismo cómo otros le aplican el análisis político coyuntural infiriendo que se trata de afear y complotar contra figuras intocables y supuestamente impolutas, al final del siglo y que se trata de una campaña en que se quiere meter a la Iglesia católica.
Consecuentemente, se reprende a la Iglesia porque no debe hacerle el juego a nadie y que abran los ojos que este asunto puede tornarse peor. Más aún se habla de la Justicia Divina. Se afirmó que no se debe establecer conflictos de la Justicia Divina con la Justicia de los Hombres. Incomprensiblemente llaman Justicia Divina a la justicia de los sacerdotes como si la Justicia Divina no estuviera por encima de todas las justicias. Escuché para sorpresa mía todo esto en tono conminatorio. Más aún se afirma que no pudo ser el gobierno de entonces el que le hizo nada a Gallego puesto que los planes de desarrollo popular y liberación del campesino coincidían con los planes del gobierno.
Percibo con todas reacciones exculpatorias y de levantar la voz contra la Iglesia como nacidas de un temor. ¿Temor de qué? Si no se está acusando a nadie. Se mencionan nombres como dicen los aludidos de los personajes de una telenovela. Si es telenovela ¿a qué temer?
Por ahora, todo está en ese estadio de acumulación de datos y de aplicación prolija de las técnicas y pasos necesarios en el asunto del ADN que, a mi juicio, llevará varias semanas.
Si entonces se dijo que hablar del secuestro de un cura era una amenaza a los Tratados del Canal y por tanto era antipanameño, hoy se están cumpliendo y cumplirán los Tratados y los restos llevan inhumados 28 años, ¿en qué forma puede la memoria del secuestro y todo lo demás ocurrido al sacerdote católico amenazar a nadie?
Por tanto, si tu conciencia te exonera de culpa. Conciencia bien formada, no callosa, cínica, te absuelve de culpa ¿a qué atacar y a qué temer. Tranquilo. Nada de ver lo que no hay. El que no la debe no la teme.
Naturalmente, se han reabierto heridas mal cicatrizadas. Creíamos que nos habíamos reconciliado.
Me ha llamado poderosamente la atención cómo este hecho de la exhumación de restos en ese sitio preciso, ha disparado los mecanismos de defensa de distintos lados.
No sé si por asociación con el evento Pinochet Ugarte que nos está enseñando que no existe "clavo pasao", sino que lo que aparentemente se hizo violando los derechos humanos iba a seguir inadvertido, resulta que no, que a la postre, los responsables van a tener que rendir cuentas.
Hay algunos que estuvieron en los estamentos directivos del poder en aquellos tiempos y que por tanto son responsables primarios y que de salida, en vez de responder la verdad, eso es ser responsable, tratan de ver con quien comparten una responsabilidad que les era exclusiva. Quieren ver cómo embarran a otros.
Asombra asimismo cómo otros le aplican el análisis político coyuntural infiriendo que se trata de afear y complotar contra figuras intocables y supuestamente impolutas, al final del siglo y que se trata de una campaña en que se quiere meter a la Iglesia católica.
Consecuentemente, se reprende a la Iglesia porque no debe hacerle el juego a nadie y que abran los ojos que este asunto puede tornarse peor. Más aún se habla de la Justicia Divina. Se afirmó que no se debe establecer conflictos de la Justicia Divina con la Justicia de los Hombres. Incomprensiblemente llaman Justicia Divina a la justicia de los sacerdotes como si la Justicia Divina no estuviera por encima de todas las justicias. Escuché para sorpresa mía todo esto en tono conminatorio. Más aún se afirma que no pudo ser el gobierno de entonces el que le hizo nada a Gallego puesto que los planes de desarrollo popular y liberación del campesino coincidían con los planes del gobierno.
Percibo con todas reacciones exculpatorias y de levantar la voz contra la Iglesia como nacidas de un temor. ¿Temor de qué? Si no se está acusando a nadie. Se mencionan nombres como dicen los aludidos de los personajes de una telenovela. Si es telenovela ¿a qué temer?
Por ahora, todo está en ese estadio de acumulación de datos y de aplicación prolija de las técnicas y pasos necesarios en el asunto del ADN que, a mi juicio, llevará varias semanas.
Si entonces se dijo que hablar del secuestro de un cura era una amenaza a los Tratados del Canal y por tanto era antipanameño, hoy se están cumpliendo y cumplirán los Tratados y los restos llevan inhumados 28 años, ¿en qué forma puede la memoria del secuestro y todo lo demás ocurrido al sacerdote católico amenazar a nadie?
Por tanto, si tu conciencia te exonera de culpa. Conciencia bien formada, no callosa, cínica, te absuelve de culpa ¿a qué atacar y a qué temer. Tranquilo. Nada de ver lo que no hay. El que no la debe no la teme.