El quinquenio perdido de la Ciencia en el país
Meditando sobre las causas últimas de nuestro rezago social y la forma en que los aspectos fundamentales como la educación superior y la ciencia han sido tradicionalmente subestimados o ignorados en nuestra realidad, no podemos dejar de notar cómo esta situación es tratada desde una perspectiva radicalmente distinta, en sitios en donde el acceder al desarrollo no es un sueño quimérico ni un demagógico slogan de campaña.
En entornos más serios y coherentes, la ciencia es considerada como uno de los temas centrales de propuesta que la clase política hace al conjunto de la sociedad. Por ejemplo, España, en donde se vive una campaña electoral paralela a la nuestra, Mariano Rajoy, candidato del gobernante Partido Popular, enumera como unos de los puntos principales de su propuesta al electorado el "Protagonismo de la Ciencia". Ppromete doce acciones puntuales para el desarrollo de la ciencia, comenzando con mantener el apoyo estatal a la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación, como "una política presupuestaria prioritaria". Su contrincante socialista y líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, ha anunciado que una de sus diez propuestas programáticas centrales es la potenciación de la Ciencia. Se compromete a "...impulsar la innovación científica y tecnológica y la ayuda a los emprendedores", y le dedica un capítulo especial a este tema.
En Panamá, la realidad es muy distinta. En 1999, el programa electoral del actual régimen prometió un sinnúmero de cosas que no ha sabido cumplir, por estar dedicado a tareas más mundanas (la politiquería, el cohecho y el pillaje). El país ha vivido cinco años de retroceso grave, evidente y frustrante, en el ámbito científico y tecnológico. Esto no es de extrañar, por cuanto el decepcionante desempeño de este gobierno toca todas las esferas de lo que falsamente prometió atender y que hoy, cercano al término de su mandato, quedan como un amargo sinsabor en la boca de muchos, que creímos ilusamente en ese prometido cambio hacia una mejor ciencia y una mejor sociedad, más humana y más culta. Y cambiamos, sí, pero para peor.
El lúgubre panorama de la ciencia panameña actual está bien reflejado en el acápite "Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología", de las Políticas Sectoriales del Programa Electoral "Soluciones de Verdad", del candidato Guillermo Endara. Dice allí que: "...Lamentablemente, luego de un período de auge relativo la SENACYT, creada bajo la primera administración de Guillermo Endara, ha caído en la inopia burocrática y en la ineficiencia, viviendo desvinculada del entorno local de investigación y alienada de las Universidades...Por otro lado, nuestros índices de desarrollo científico están entre los más pobres y atrasados del hemisferio. Las labores de investigación científica y desarrollo tecnológico son intrascendentes, la inversión nacional en ciencia y tecnología es casi nula y la fuga de cerebros es real, afectando nuestra capacidad de generar y utilizar el conocimiento moderno en una manera creativa y proactiva..."
Al decir de un funcionario de la SENACYT, nuestro organismo nacional de ciencia y tecnología: "... es una cueva burocrática en donde no se hace gran cosa, aparte de politiquear. Desde 1999 no se hace nada serio allí: no se da un centavo para proyectos, no se ha enviado a nadie a estudiar doctorados, no se ha promovido ni un evento importante, no se hace nada junto a las universidades (que desconfían del jefe de este despacho); en fin, nada que valga la pena. De un despacho con solo once funcionarios y 25 programas andando bajo la administración del PRD, ahora tiene casi 200 empleados y ni un solo programa de apoyo a la ciencia funcionando..." Suficiente para tener una idea de lo que es, hoy, ese triste establecimiento estatal.
La gestión de los jerarcas gubernamentales de la ciencia (esa mezcla tan común de ignorancia, soberbia e ineptitud) no llega siquiera a poder impactar a sus propios seguidores ni para ser considerados con un mínimo de dignidad y seriedad, dentro del programa electoral de su propio abanderado. En el de José Miguel Alemán, candidato continuista del régimen de turno, ni siquiera se menciona la palabra "ciencia", sino que se hace una alusión superficial y tangencial por vía del tecnologicismo corriente, proponiendo: "....Democratizar el acceso a la tecnología y fomentar la creación de plataformas de servicios tecnológicos:..." En ese mismo párrafo, se menciona una vez a la SENACYT, enredándola con el Ente Regulador en una patética confusión conceptual, que habla por sí sola.
Este tratamiento vulgar hacia la ciencia por parte del actual gobierno es reflejo directo de la escasa comprensión del papel del conocimiento en el desarrollo contemporáneo, y también, consecuencia de la visión desorientada y cortoplacista de la candidatura del oficialismo. Es fiel muestra de la pésima gestión del mireyismo en el ámbito científico-técnico, motivada por su incomprensión ante temas profundos o por su aversión gutural a aspectos no crematísticos, como el saber humano. Afortunadamente, la cuenta regresiva electoral nos acerca, cada vez más, al día en que estos perniciosos "Atilas" de la Ciencia se vayan definitivamente para su casa. Y al igual que en muchas cosas, tocará a otros recoger los platos rotos y comenzar de cero, nuevamente.
En entornos más serios y coherentes, la ciencia es considerada como uno de los temas centrales de propuesta que la clase política hace al conjunto de la sociedad. Por ejemplo, España, en donde se vive una campaña electoral paralela a la nuestra, Mariano Rajoy, candidato del gobernante Partido Popular, enumera como unos de los puntos principales de su propuesta al electorado el "Protagonismo de la Ciencia". Ppromete doce acciones puntuales para el desarrollo de la ciencia, comenzando con mantener el apoyo estatal a la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación, como "una política presupuestaria prioritaria". Su contrincante socialista y líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, ha anunciado que una de sus diez propuestas programáticas centrales es la potenciación de la Ciencia. Se compromete a "...impulsar la innovación científica y tecnológica y la ayuda a los emprendedores", y le dedica un capítulo especial a este tema.
En Panamá, la realidad es muy distinta. En 1999, el programa electoral del actual régimen prometió un sinnúmero de cosas que no ha sabido cumplir, por estar dedicado a tareas más mundanas (la politiquería, el cohecho y el pillaje). El país ha vivido cinco años de retroceso grave, evidente y frustrante, en el ámbito científico y tecnológico. Esto no es de extrañar, por cuanto el decepcionante desempeño de este gobierno toca todas las esferas de lo que falsamente prometió atender y que hoy, cercano al término de su mandato, quedan como un amargo sinsabor en la boca de muchos, que creímos ilusamente en ese prometido cambio hacia una mejor ciencia y una mejor sociedad, más humana y más culta. Y cambiamos, sí, pero para peor.
El lúgubre panorama de la ciencia panameña actual está bien reflejado en el acápite "Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología", de las Políticas Sectoriales del Programa Electoral "Soluciones de Verdad", del candidato Guillermo Endara. Dice allí que: "...Lamentablemente, luego de un período de auge relativo la SENACYT, creada bajo la primera administración de Guillermo Endara, ha caído en la inopia burocrática y en la ineficiencia, viviendo desvinculada del entorno local de investigación y alienada de las Universidades...Por otro lado, nuestros índices de desarrollo científico están entre los más pobres y atrasados del hemisferio. Las labores de investigación científica y desarrollo tecnológico son intrascendentes, la inversión nacional en ciencia y tecnología es casi nula y la fuga de cerebros es real, afectando nuestra capacidad de generar y utilizar el conocimiento moderno en una manera creativa y proactiva..."
Al decir de un funcionario de la SENACYT, nuestro organismo nacional de ciencia y tecnología: "... es una cueva burocrática en donde no se hace gran cosa, aparte de politiquear. Desde 1999 no se hace nada serio allí: no se da un centavo para proyectos, no se ha enviado a nadie a estudiar doctorados, no se ha promovido ni un evento importante, no se hace nada junto a las universidades (que desconfían del jefe de este despacho); en fin, nada que valga la pena. De un despacho con solo once funcionarios y 25 programas andando bajo la administración del PRD, ahora tiene casi 200 empleados y ni un solo programa de apoyo a la ciencia funcionando..." Suficiente para tener una idea de lo que es, hoy, ese triste establecimiento estatal.
La gestión de los jerarcas gubernamentales de la ciencia (esa mezcla tan común de ignorancia, soberbia e ineptitud) no llega siquiera a poder impactar a sus propios seguidores ni para ser considerados con un mínimo de dignidad y seriedad, dentro del programa electoral de su propio abanderado. En el de José Miguel Alemán, candidato continuista del régimen de turno, ni siquiera se menciona la palabra "ciencia", sino que se hace una alusión superficial y tangencial por vía del tecnologicismo corriente, proponiendo: "....Democratizar el acceso a la tecnología y fomentar la creación de plataformas de servicios tecnológicos:..." En ese mismo párrafo, se menciona una vez a la SENACYT, enredándola con el Ente Regulador en una patética confusión conceptual, que habla por sí sola.
Este tratamiento vulgar hacia la ciencia por parte del actual gobierno es reflejo directo de la escasa comprensión del papel del conocimiento en el desarrollo contemporáneo, y también, consecuencia de la visión desorientada y cortoplacista de la candidatura del oficialismo. Es fiel muestra de la pésima gestión del mireyismo en el ámbito científico-técnico, motivada por su incomprensión ante temas profundos o por su aversión gutural a aspectos no crematísticos, como el saber humano. Afortunadamente, la cuenta regresiva electoral nos acerca, cada vez más, al día en que estos perniciosos "Atilas" de la Ciencia se vayan definitivamente para su casa. Y al igual que en muchas cosas, tocará a otros recoger los platos rotos y comenzar de cero, nuevamente.