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El quinto mito


EL INFORME sobre Desarrollo Humano 2004 trae algunas buenas noticias para Panamá. El documento es el número quince que en forma consecutiva ha publicado anualmente el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y al igual que cada uno de los catorce que le han precedido contiene un Indice de Desarrollo Humano (IDH) que establece un ranking mundial y una serie de indicadores sobre pobreza, igualdad de género, salud, educación, consumo, y estructura del comercio, entre otros.
Panamá ocupa la posición número 61 en el IDH 2004; el año pasado ocupó la número 59 y hace dos años la 57. Como se trata de un ranking mundial, estos descensos reiterados quieren decir que hay otros países que han logrado avanzar en materia de desarrollo humano más rápido que Panamá. Como estamos en un mundo competitivo, el intento de mantenernos donde estamos significa quedarse atrás con respecto a los que avanzan. El aspecto numérico de este retroceso de Panamá en el ranking mundial es lo que menos importa, pues lo fundamental es entender cómo y por qué los países progresan, qué debemos hacer para lograr como país ese desarrollo y de qué cosas debemos abstenernos porque, o simplemente no conducen a nada, o podríanos llevarnos al fracaso.
En 1990 cuando se publicó el primer Informe de Desarrollo Humano, las mediciones mundiales en materia de desarrollo se centraban fundamentalmente en el crecimiento económico. Con fundamento en conceptos macroeconómicos, el Banco Mundial publicaba una lista en la que se señalaba el porcentaje de crecimiento de las economías de los países. Ahora ya se sabe que el crecimiento del producto interno bruto no es un indicador suficiente para evaluar el éxito en la tarea del desarrollo. Aún peor, hoy se sabe que es perfectamente posible levantar los promedios nacionales mediante la introducción de actividades económicas que no benefician a la población en su conjunto, sino que solo sirven para incrementar las disparidades. En la visión del desarrollo humano, presentada y defendida cada año por Naciones Unidas, pueden los pueblos apoyarse justamente para rechazar las propuestas de crecimiento con pobreza que demasiadas veces les plantean sus gobernantes. Si las políticas de desarrollo no significan en la práctica ampliación de las capacidades y oportunidades de la gente, entonces no son más que un fraude.
Cada año el Informe de Desarrollo Humano ha desarrollado un eje temático específico y de trascendencia en la empresa del desarrollo. El de 1995, por ejemplo, abordó las distintas formas de discriminación contra las mujeres y desarrolló formas de medición de las desigualdades en razón del género; el de 1998 investigó los patrones de consumo, el del 2000 incorporó la perspectiva de los derechos humanos y el del 2002 enfatizó la centralidad de la democracia para el desarrollo. El año pasado el Informe de Desarrollo Humano planteó los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en la forma de un pacto universal con miras a la eliminación de la pobreza.
Este año el Informe trata de la libertad cultural y de la necesidad de proteger la diversidad étnica y cultural que existe en el mundo moderno a través del respeto al derecho a la identidad que tiene toda persona. Siendo Panamá un país de extraordinaria diversidad cultural, considerado el tamaño de su población y la extensión de su territorio, el tema del Informe nos habla en forma directa al proceder a la destrucción de cinco mitos sobre la libertad cultural. ¿Qué nos dice? Que todas las identidades étnicas contribuyen al Estado democrático, pues no existe ningún conflicto irresoluble entre la pertenencia a una etnia y la lealtad a la democracia; que la paz social no está amenazada por la presencia de etnias que buscan reconocimiento y respeto, pues no hay una contradicción real entre la diversidad étnica y la armonía social; que el respeto por la tradición como elemento de identidad étnica y cultural no tiene por qué significar adhesión a valores y principios antidemocráticos, pues las tradiciones evolucionan y podemos retomarlas y darles continuidad en un contexto en que promuevan el desarrollo, la democracia y los derechos humanos; que no es cierto que a mayor diversidad exista menor capacidad de desarrollo, pues existen irrefutables casos de países multiétnicos que han destacado en el logro de las metas de desarrollo.
El quinto mito es el que dice que hay ciertas culturas más capaces de avanzar en el desarrollo que otras. El informe llama la atención sobre los peligros agazapados en las opiniones que consideran a ciertas culturas como "inferiores" en materia de desarrollo. Dichas opiniones no son más que el uso de estereotipos proyectados al campo de la explicación histórica. No solo no explican nada, sino que ignoran que en la tarea del desarrollo las decisiones clave se dan en el ámbito de las políticas públicas, y no en el de la llamada política cultural. Son las interacciones que se producen con otras culturas en los ámbitos económicos y políticos, a veces en razón de cambios en el marco normativo, casi siempre propulsadas y apoyadas por el sistema educativo, las que definen el camino a lo largo del tiempo.
Una cosa es pues el determinismo cultural que hoy fundamentalmente se expresa en la plática vacía sobre lo "antidemocrático" de ciertas culturas o religiones y otra cosa es la cultura, que siempre es dinámica, y que se puede construir con inteligencia y racionalidad, y que indudablemente tiene incidencia sobre el proceso de desarrollo. No le echemos la culpa ni a nuestras tradiciones, ni a nuestra cultura ancestral. Dejemos de estar hablando de "el panameño" y "lo panameño", como si fueran entelequias inmutables, pues los únicos que serán responsables de nuestros éxitos y fracasos en el logro de las metas del desarrollo humano somos nosotros mismos, aquí y hoy.

101 años de Panamá América

 
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