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El reeleccionismo enfermizo


Cuando el presidente Hugo Chávez asumió el poder en Venezuela por el voto popular y no por la fuerza, como intentó en una ocasión, se produjo un cambio en la mentalidad y en la forma de ejercer y practicar la democracia. El populismo de que se ha rodeado su administración, no sólo es el rechazo a varias décadas de opresión económica dentro de un mar de derroches y aprovechamientos que los grupos enquistados en el poder, impusieron como estilo de gobierno en la sureña nación.

Con un discurso adoctrinante, repetido y descriptivo de la pobreza sembrada en la riqueza, ha logrado convencer de la necesidad de continuar su gestión, para beneficio de una mayoría que lo respalda con su voto. Los métodos y libertades, el ataque al adversario y otros alijos que se le atribuyen, son la cosecha de las imprevisiones cuando se ejerce el poder.

La reelección de Chávez ha sido trasladada como una necesidad en otros países que han logrado ubicar a líderes populares en la más distinguida posición pública. Ecuador, por ejemplo, con una producción petrolera que no logra resolver la asfixiante pobreza, concede una repetición en el ejercicio del poder a su mandatario, con una transformación de la Constitución Política, ratificada con un referéndum que invita a la reelección.

Por su parte, Bolivia no deja de avanzar hacia ese estadio político, a pesar de las continuadas dificultades que el presidente Evo Morales enfrenta, propiciadas por quienes han detentado el poder como activo familiar.

Nicaragua también camina aceleradamente hacia esa meta, sumida en una pobreza nacional, insuperada y profunda, que requiere de una reordenación de políticas de desarrollo que devuelva a los campos de producción alimentaria a los miles de productores que han abandonado la faena agrícola.

Argentina pudo disfrazar el reeleccionismo con una sustitución del esposo por la esposa. Los enfrentamientos con el sector agrícola por razón de impuestos para la exportación y otras exigencias, parecen superados, mientras la pareja presidencial ha demostrado habilidad y recursos disuasivos que les han permitido una aceptación y respaldo temporal. El último ejercicio electoral demuestra que surgen nuevos líderes y que empieza a desvanecerse el respaldo a la actual administración. Brasil también ha gozado del experimento de repetición de su mandatario, con resultados aceptables.

Colombia ausculta la posibilidad de introducirse mediante modificaciones constitucionales en la corriente reeleccionista; no obstante, parecen medir con mayor prudencia la inconveniencia de montarse en esta ola, cuando los beneficios de la alternabilidad son notorios en la estabilidad económica que registra en país. El escenario no parece consolidar la reelección, cuando la juventud la rechaza airada y con hechos que no dejan duda de su forma de pensar.

Honduras acaba de experimentar la inestabilidad que genera este reeleccionismo enfermizo, creando dificultades en un país empobrecido ante el capricho de un ejercicio del poder, sin respaldo suficiente.

Erradicar la pobreza, mejorar la calidad de vida de los habitantes, modernizar el país, elevar la educación y producir lo necesario en alimentos, conservando la salud, son obligaciones de quienes ejercen el poder, especialmente si repiten su ejercicio. No lograrlo, es colocar esta corriente como un reeleccionismo enfermizo, alimentado en la demagogia, aprovechando las exigencias populares incumplidas y blindando la gestión pública con un populismo, improductivo y asfixiante.

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