El referéndum lo decidirá
SENTIMOS respeto y gran admiración por todos aquellos panameños (hombres y mujeres) que no escatimaron ni esfuerzos, ni sacrificios en la lucha por el rescate de la zona canalera, por esos hombres y mujeres que, durante tantos años, soñaron con que ese pedazo de tierra privilegiado por la mano de Dios, tendría que volver a sus dueños, para derramar sobre los más pobres y humildes de Panamá las más grandes esperanzas de mejor vida. Admiramos la patriótica jornada de gobernantes responsables que coadyuvaron con este anhelo de un pueblo y de estudiantes que cayeron en el camino, tras la búsqueda de una patria libre, independiente y soberana. Con ellos tenemos una deuda de gratitud eterna y el compromiso de hacer del Canal de Panamá y sus áreas adyacentes, un patrimonio que cumpla la función social, política y económica en beneficio de las grandes mayorías nacionales.
Dolorosamente, la administración del Canal a partir del año 1999 cuando pasó a manos panameñas en virtud de los Tratados Torrijos-Carter, ha sido muy cuestionada por expertos en la materia y por profesionales que aspiran a que esa obra portentosa, patrimonio del pueblo panameño, cumpla su función social, política y económica como debe ser; que las decisiones que se tomen en torno a su ampliación, no sean conocidas, únicamente, por el grupo que controla su marcha, sino por la mayoría de los nacionales, porque de no ser así, se pierde la confianza y credibilidad en quienes tienen en sus manos la responsabilidad de administrarlo.
Frente a la ley aprobada por la Asamblea Nacional de Diputados, que promueve la ampliación del Canal de Panamá, a través de un tercer juego de esclusas, hay un pueblo que espera el referéndum que ha de determinar si se lleva a cabo tan importante obra. El voto de los panameños será decisivo el domingo 22 de octubre del presente año, fecha escogida para la celebración de este evento de tanta trascendencia para el futuro de la nación. Esos panameños continuarán con los ojos puestos en el Canal para constatar si este proyecto que alcanza la suma de B/. 5,250 millones de balboas se está llevando con toda la transparencia y con el anhelo supremo de beneficiar a los centenares de miles de panameños que, con justa razón, se consideran dueños de ese patrimonio.
La lucha ahora no es por una reversión, sino por una ampliación que nos coloque en primer plano entre los canales del mundo y podamos, de esa manera, empujar el progreso y engrandecimiento de este país que tanto lo necesita. Es el reto para un gobierno que piensa en grande, para la ACP, para los partidos políticos y para la sociedad civil a fin de que esta obra se lleve a la realidad con verdadero patriotismo, con criterio profesional, con honestidad, capacidad y mucha eficiencia, poniendo a un lado los intereses partidistas y ambiciones personales; un reto que nos invita a sentirnos más hermanos en el quehacer ciudadano, para que la nación no tenga traumas, ni indecisiones en su marcha hacia el progreso; es el reto que nos exige el trabajo y el esfuerzo de todos en un clima de concertación que permita que los intereses de la República, siempre estén por encima de los egoísmos y ambiciones tan dañinos para alcanzar las metas que aspiramos en estos momentos.
Creo que la ampliación del Canal de Panamá es necesaria y en que realizada con vocación de patria, traerá mejores días para el pueblo panameño. Sin embargo, necesitamos de la participación de todos los panameños en esta jornada y del conocimiento de las condiciones en que se llevará a cabo la construcción del tercer juego de esclusas. De esa manera, todos los hombres y mujeres a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, estarán más capacitados para decidir el futuro de la ampliación del Canal.
Dolorosamente, la administración del Canal a partir del año 1999 cuando pasó a manos panameñas en virtud de los Tratados Torrijos-Carter, ha sido muy cuestionada por expertos en la materia y por profesionales que aspiran a que esa obra portentosa, patrimonio del pueblo panameño, cumpla su función social, política y económica como debe ser; que las decisiones que se tomen en torno a su ampliación, no sean conocidas, únicamente, por el grupo que controla su marcha, sino por la mayoría de los nacionales, porque de no ser así, se pierde la confianza y credibilidad en quienes tienen en sus manos la responsabilidad de administrarlo.
Frente a la ley aprobada por la Asamblea Nacional de Diputados, que promueve la ampliación del Canal de Panamá, a través de un tercer juego de esclusas, hay un pueblo que espera el referéndum que ha de determinar si se lleva a cabo tan importante obra. El voto de los panameños será decisivo el domingo 22 de octubre del presente año, fecha escogida para la celebración de este evento de tanta trascendencia para el futuro de la nación. Esos panameños continuarán con los ojos puestos en el Canal para constatar si este proyecto que alcanza la suma de B/. 5,250 millones de balboas se está llevando con toda la transparencia y con el anhelo supremo de beneficiar a los centenares de miles de panameños que, con justa razón, se consideran dueños de ese patrimonio.
La lucha ahora no es por una reversión, sino por una ampliación que nos coloque en primer plano entre los canales del mundo y podamos, de esa manera, empujar el progreso y engrandecimiento de este país que tanto lo necesita. Es el reto para un gobierno que piensa en grande, para la ACP, para los partidos políticos y para la sociedad civil a fin de que esta obra se lleve a la realidad con verdadero patriotismo, con criterio profesional, con honestidad, capacidad y mucha eficiencia, poniendo a un lado los intereses partidistas y ambiciones personales; un reto que nos invita a sentirnos más hermanos en el quehacer ciudadano, para que la nación no tenga traumas, ni indecisiones en su marcha hacia el progreso; es el reto que nos exige el trabajo y el esfuerzo de todos en un clima de concertación que permita que los intereses de la República, siempre estén por encima de los egoísmos y ambiciones tan dañinos para alcanzar las metas que aspiramos en estos momentos.
Creo que la ampliación del Canal de Panamá es necesaria y en que realizada con vocación de patria, traerá mejores días para el pueblo panameño. Sin embargo, necesitamos de la participación de todos los panameños en esta jornada y del conocimiento de las condiciones en que se llevará a cabo la construcción del tercer juego de esclusas. De esa manera, todos los hombres y mujeres a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, estarán más capacitados para decidir el futuro de la ampliación del Canal.