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El rencor de Doña Mireya


Yo voté por Mireya Moscoso. El alto tono de mis críticas se debe, precisamente, a la desilusión que me ha causado la ineficiencia y corrupción rampante de su administración. Dejando a un lado la etapa aguda de la crisis de Noriega, éste es el peor gobierno que recuerdo, plagado de escándalos y sin haber logrado culminar un solo proyecto que valga la pena. Estos tres años han servido para conocer una faceta del carácter de la Presidenta, que de imponerse, dará al traste con las aspiraciones del oficialismo para reelegirse en el 2004. Me refiero al rencor vengativo.
Para cualquiera que no esté cegado por las cómodas alturas del poder, es obvio que sólo un candidato que haya mantenido su distancia de la actual administración y a quien no pueda endosársele responsabilidades por este desgobierno, tiene oportunidad de captar el apoyo del voto independiente que define las elecciones.
El mercado electoral está repartido en un 35% que vota disciplinadamente por el PRD, un 25% que lo hace por el arnulfismo, un 10% que está inscrito en pequeños partidos que gravitan entre los dos polos antedichos y un 30% de independientes que escogen la oferta más conveniente en cada período. Es obvio que la estrategia del PRD se basa en fraccionar en varias candidaturas a su oposición y atraer el voto independiente, como ocurrió en 1994 cuando triunfó Pérez Balladares.
Actualmente, sólo dos aspirantes reúnen las condiciones para vencer al PRD: Alberto Vallarino y José Terán, y ambos gozan del desfavor de Mireya Moscoso, quien no siempre es agradecida con sus amigos, pero sí tiene excelente memoria para no perdonar a los que han discrepado con ella.
Todo indica que Moscoso prefiere conservar el control del Partido Arnulfista imponiendo a un candidato soso de su preferencia, aunque ello signifique perder las próximas elecciones, antes que ganarlas con candidatos como Vallarino o Terán, a quienes ella no puede controlar. Y será este empecinamiento rencoroso el que impedirá el triunfo si las bases del oficialismo, de por sí ya descontentas por tanta falta de respuestas, no se rebelan.
Ninguno de los posibles candidatos ungidos, como Alemán o Juliao, tienen la menor oportunidad de conducir a la presidencia a una alianza oficialista. Es más, ni siquiera superarían a Vallarino o a Terán si éstos encabezaran una tercera fuerza.
Ha llegado el momento de pensar en el país, por encima de los caprichos de una gobernante que ha demostrado no dar la talla. No podemos permitir que bajos sentimientos como el rencor, imperen en las decisiones que determinarán nuestro futuro en los próximos cinco años.
Las bases de la coalición oficialista deben exigir que se permita concursar en las primarias de sus partidos, sin obstáculos ni cortapisas, a los aspirantes que tienen probabilidades de vencer al PRD, para que sea el ejercicio democrático el que elija al mejor. ¿Lo permitirá el rencor de Doña Mireya?
(jjherreram@hotmail.com)

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