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El respeto


No puedo precisar en el tiempo cuándo cambió el concepto del respeto, ese donde los hijos respetaban a los padres, los menores respetaban a los mayores, los estudiantes respetaban a los maestros, los padres de familia respetaban a los maestros de sus hijos y los veían como verdaderos aliados en su educación. Y digo "respetaban" porque cada día que pasa se pierde más el concepto del respeto, sobre todo, ahora que por dictamen de la Ley, los padres no solamente debemos respetar a los hijos, sino que también nos tenemos que subyugar ante ellos sin tener la libertad de poder educarlos en la forma que nuestros padres nos educaron, a pesar que los resultados en general fueron buenos.

Entiendo que en muchos casos documentados se dieron excesos, donde niños fueron abusados por sus padres, destruyendo con ello lo más bello de la oportunidad que nos brinda el nacimiento de una persona: crecer con los derechos fundamentales de la vida, la inocencia y el amor. Pero no podemos tratar de corregir un mal creando otro mal, que para mi percepción es mayor que el anterior; y sustento mi tesis basándome en la ley natural de la vida, la cual dice que en el crecimiento y la experiencia está el legado que dejamos a las futuras generaciones. Por ello, no debemos invertir el orden de los procesos sólo porque algunos padres se hayan desviado de ese camino natural de la vida, que es querer y preservar la vida de quienes engendramos y criamos.

Con este cambio de concepto, y lo vemos cada vez con mayor espanto, estamos fomentando la degeneración y el debilitamiento de la familia, impactando directa y negativamente en la sociedad, donde niños, adolescentes y adultos rompen el esquema jerárquico familiar donde los padres dejan de ser la figura a obedecer y seguir, por la creación de pandillas donde la figura del "jefe" toma la posición de autoridad, convirtiéndose en el modelo a imitar, aceptando las órdenes y retos que él imparte.

Y así, estamos estableciendo figuras de fuerza, creando comportamientos agresivos sin que medie respeto hacia lo interno del seno familiar y mucho menos hacia fuera. ¿Cómo podemos exigir respeto cuando tenemos como mal ejemplo del comportamiento de los que supuestamente nos están enseñando en nuestras casas y escuelas?; ¿cómo evitar el efecto de la publicidad gratuita y la relevancia que nuestros medios de comunicación social dispensan al comportamiento de estas pandillas, cuando nos muestran los actos bochornosos y los crímenes horrendos de estos delincuentes, creando la sensación que ellos pueden castigar, matar y vejar a quien les da la gana sin importar las consecuencias?

Quienes pagan las consecuencias son nuestros niños, quienes a esa temprana edad están abiertos al aprendizaje y a la modelación de lo que hacen esos adolescentes y adultos, que comienzan a entender que ese comportamiento agresivo está protegido por la ley, y que no importa cuánto mal o daño hagan a terceros, no existe ninguna consecuencia por sus actos porque, simplemente, no hay castigo.

Y así crecen esos niños en la maldad sintiéndose fuertes y poderosos, listos para ser utilizados como mulas, peones o sicarios, por las grandes empresas como el narcotráfico, la pornografía, el contrabando de armas y el tráfico de personas.

Los gobiernos no dan soluciones, tenemos que ser honestos en el análisis de la situación. Es muy difícil para cualquier padre o madre que sale de su casa para el trabajo a las cuatro de la mañana y regresa a las nueves de la noche, tener algún tipo de control de sus hijos. Por eso, no entendemos cuál es la razón de que pasen gobiernos, y aunque fueran promesas de campañas políticas, no le dan soluciones reales al transporte. La sola solución de este problema tan álgido y beligerante, los riesgos de tener niños a merced de estas grandes empresas disminuiría, aunque no sea la solución total al problema.

Es increíble que el gobierno, en vez de dar incentivos y facilitarle a la empresa privada la creación de mayores y mejores empleos, hace todo lo contrario haciéndose pasar por buen samaritano, engañando y faltando el respeto a la clase trabajadora del país al crear la percepción de que son los gobiernos los que realmente generan empleo, de que en la empresa privada todos somos unos explotadores, violando con ello todo principio de libre empresa, dando opiniones mal dirigidas, creando una lucha entre trabajadores y empresarios. Esta efervescencia creada por este tipo de controversia nos lleva a los enfrentamientos y a faltarnos el respeto, y es que de esto es de lo que se trata: Respetemos para que nos respeten.

No le demos a nuestros niños en pleno crecimiento este tipo de ejemplo, donde todos nos faltamos el respeto, porque terminarán haciendo exactamente lo mismo, contra nosotros.

101 años de Panamá América

 
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