El resultado esperado
No hacía falta ser vidente renombrado para predecir el resultado de nuestras recientes elecciones generales. Se convirtieron en la crónica de una derrota anunciada. Las encuestas formales lo indicaban y también las que uno hace en el diario vivir, en las calles, reuniones, restaurantes, con desconocidos y amigos.
La candidata presidencial del PRD, personalmente luchó con todas sus fuerzas para que, prácticamente, un par de meses antes del final fuera abandonada inmisericordemente por algunos “amigos”, reputados correligionarios y conocidos empresarios, llevándola a una aparatosa derrota electoral por más de 350,000 votos de diferencia de su adversario ganador. La ciudadanía fue testigo del distanciamiento que le aplicaron a su candidata en reuniones partidistas, en apariciones por televisión, en caminatas por los barrios populares, en el cierre de la campaña, y, para acabar de rematar, en el reducido grupo de personas que la acompañó para depositar su voto el día de las elecciones. Todo esto se dio, porque los miembros del PRD presentían el desenlace e internamente lo comentaban.
Frente a estos hechos, muchos se preguntan si la candidata Herrera fue la más apropiada para representar el oficialismo. En algún momento muchos estimaron que sí, mas el tiempo demostró lo contrario. No logró sumar a los independientes, entre otros factores, y no es aventurado pensar que otro aspirante hubiera desempeñado un mejor papel.
Ahora bien, ¿quién ha sido el responsable de esta su penosa realidad? ¿Es ella quien debe pagar la culpa por este desastre, nunca visto en la historia política de la nación? La candidata presidencial y presidenta del PRD se hizo responsable de este revés, mas ciertos hechos comienzan a develar otro escenario.
Es cierto que todo partido en función de gobierno se desgasta por muchos motivos, especialmente por las promesas incumplidas. Pero hay también otras razones. La ciudadanía recuerda, entre otras cosas, que un tratado como el TLC con Estados Unidos, estando a punto de concretarse, se malogró porque quien debió asegurarlo, por su cargo y autoridad, no evitó que se diera la causa del conflicto. ¿Quién o quienes incumplieron un supuesto acuerdo para respaldar una candidatura presidencial y después crearon otra, lo que origino un distanciamiento justificado entre líderes de ese colectivo? ¿Quién, por razón de su encumbrada posición en el PRD, en vez de unir, con sus actitudes origino pugnas y enemistades internas? ¿Quién en la sombra, la complicidad y anonimato alentó candidaturas presidenciales para después abandonarlas, originando más conflictos y rivalidades?
Es natural que recientes y próximas revelaciones de importantes líderes del PRD comiencen a aclarar estas y otras interrogantes. Estas preguntas deben ser contestadas por los militantes del PRD. Ya algunos dicen que su derrota electoral tiene nombre y apellido. Otros que llegó el momento de la rendición de cuentas, que amerita que más temprano que tarde el análisis interno asigne responsabilidades sobre quién verdaderamente debe recaer la culpa. El futuro del PRD está en sus manos.