El retorno de Chávez
El sábado pasado analizábamos lo ocurrido en Venezuela tras la caída de Chávez, bajo la perspectiva de la realidad panameña. Hoy, tras su reposición, nos reiteramos en todo los conceptos que expresamos. Nos referimos a la corrupción generalizada, al desgaste y descalificación de los partidos, a la pobreza, el desempleo, el colapso económico, a la ostentosa desigualdad, la desconfianza, el abuso y la quiebra de las instituciones, todo lo cual actuó como detonante y produjo a Chávez como fenómeno político.
Al lado de eso, subrayamos el papel protagónico de la sociedad civil y los medios, en contraste con una Fuerza Armada en función arbitral, más que de promotora de acontecimientos, definidora de ganadores y perdedores, en el denso magma de heterogéneas fuerzas encontradas. En fin, los protagonistas del escenario no son ya los partidos y los líderes políticos, sino las energías en ebullición de la sociedad civil.
El retorno de Chávez puede ser visto bajo dos ópticas, una rosa y otra negra. Bajo la primera, diríamos que el del 11 de abril fue un movimiento de clase media, apoyado por el sector capitalista (el expresidente provisional, Pedro Carmona, era titular de las cámaras de comercio); mientras que al contrario, el contragolpe fue gestado por la masa inmensamente mayoritaria de paupérrimos que bajaron otra vez de los cerros que circundan la metrópoli, esta vez no tanto para saquear, sino para restablecer a su presidente en el poder.
La óptica negra, subrayaría el pánico de los altos mandos militares ante el breve accionar Carmona, disolviendo la Corte, derogando la Constitución que les garantizaba beligerancia, y allanando el camino para una amplia investigación de corrupción que conduciría inevitablemente hacia ellos, por el manejo de cientos de millones de dólares del Plan Bolívar, que financia vastas labores de acción cívica. La restitución de Chávez sería, pues, una maniobra defensiva del propio Ejército, que contó con la fortuna del rápido pronunciamiento del Grupo de Río y del Presidente Toledo a favor de Chávez, y la posibilidad de sufrir sanciones de la OEA.
¿Qué sigue? Chávez, ahora en situación de "matar o morir", como militar que es, irá al contraataque. Radicalizará su movimiento, se volcará más resueltamente al populismo, romperá la actual estructura de poder en la industria petrolera, depurará el Ejército a medida de sus intereses tejiendo una red de complicidades, perseguirá a sus opositores y tratará de amordazar a los medios. Olvidará, sin embargo, un detalle: las mismas fuerzas que dieron con él en el suelo, - la rara coincidencia de fuerzas sindicales y empresariales y de organizaciones cívicas -, está intacta, y las causas que determinaron su caída el 11 de abril también. La crisis, pues, apenas comienza.
Al lado de eso, subrayamos el papel protagónico de la sociedad civil y los medios, en contraste con una Fuerza Armada en función arbitral, más que de promotora de acontecimientos, definidora de ganadores y perdedores, en el denso magma de heterogéneas fuerzas encontradas. En fin, los protagonistas del escenario no son ya los partidos y los líderes políticos, sino las energías en ebullición de la sociedad civil.
El retorno de Chávez puede ser visto bajo dos ópticas, una rosa y otra negra. Bajo la primera, diríamos que el del 11 de abril fue un movimiento de clase media, apoyado por el sector capitalista (el expresidente provisional, Pedro Carmona, era titular de las cámaras de comercio); mientras que al contrario, el contragolpe fue gestado por la masa inmensamente mayoritaria de paupérrimos que bajaron otra vez de los cerros que circundan la metrópoli, esta vez no tanto para saquear, sino para restablecer a su presidente en el poder.
La óptica negra, subrayaría el pánico de los altos mandos militares ante el breve accionar Carmona, disolviendo la Corte, derogando la Constitución que les garantizaba beligerancia, y allanando el camino para una amplia investigación de corrupción que conduciría inevitablemente hacia ellos, por el manejo de cientos de millones de dólares del Plan Bolívar, que financia vastas labores de acción cívica. La restitución de Chávez sería, pues, una maniobra defensiva del propio Ejército, que contó con la fortuna del rápido pronunciamiento del Grupo de Río y del Presidente Toledo a favor de Chávez, y la posibilidad de sufrir sanciones de la OEA.
¿Qué sigue? Chávez, ahora en situación de "matar o morir", como militar que es, irá al contraataque. Radicalizará su movimiento, se volcará más resueltamente al populismo, romperá la actual estructura de poder en la industria petrolera, depurará el Ejército a medida de sus intereses tejiendo una red de complicidades, perseguirá a sus opositores y tratará de amordazar a los medios. Olvidará, sin embargo, un detalle: las mismas fuerzas que dieron con él en el suelo, - la rara coincidencia de fuerzas sindicales y empresariales y de organizaciones cívicas -, está intacta, y las causas que determinaron su caída el 11 de abril también. La crisis, pues, apenas comienza.