El riesgo de una Irán nuclear
Las grandes potencias mundiales, todas con asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, del que ahora Panamá es un miembro no permanente, están haciendo ingentes esfuerzos para disuadir por las vías diplomáticas a Irán y a su presidente a que cumplan los acuerdos que su país firmó sobre la no proliferación de armas nucleares.
A pesar de todas las gestiones realizadas, tanto por los Estados Unidos, como por Rusia, China Popular, Alemania y Francia, el líder iraní, cada vez que tiene oportunidad, emite comentarios desafiantes y se niega a abandonar la carrera nuclear emprendida hace 18 años, en los que además se ha negado a colaborar con la Agencia Internacional de Energía Atómica en el cumplimiento de sus obligaciones, consistentes en entregar la información sobre su programa de desarrollo nuclear.
Las potencias mundiales, según informó a periodistas panameños el Embajador de los Estados Unidos ante los Organismos Internacionales en Viena, Gregory L. Schulte, han ofrecido a Irán un paquete de medidas, entre las cuales están el reconocimiento del derecho de Irán a desarrollar el uso pacífico de la energía atómica, a través de una asociación con Rusia, para enriquecer allá el uranio que se utilizaría en territorio iraní con fines específicamente energéticos y no bélicos.
Sin embargo, Irán se niega. A diferencia de la crisis que terminó con la intervención de Estados Unidos en Irak, acompañado de algunas naciones amigas, la preocupación por la carrera nuclear con fines no pacíficos de Irán, es global, salvo por países como Siria, Cuba y Venezuela.
Aún hay tiempo para disuadir al líder iraní por las vías diplomáticas, y esa parece ser la consigna de los países desarrollados. Claro, un lío como el de Irak no puede repetirse, ni hay ningún país que esté dispuesto a caer en otro grave error.