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El rimer año del San Miguel Arcángel


En diciembre próximo, el Hospital San Miguel Arcángel cumplirá su primer año de prestar servicios bajo el sistema de patronato que tanto éxito ha cosechado con el Hospital del Niño, en contraste con el Santo Tomás, que siempre ha operado bajo el directo control del gobierno central a través del Ministerio de Salud.
La idea era que el San Miguel Arcángel fuera manejado por un patronato que se encargaría de su administración, compras, mantenimiento, contrataciones y demás, con la agilidad y eficiencia de un hospital privado, sin sacrificar su fin social de servir a los asegurados y a los pobres no asegurados del populoso distrito de San Miguelito.
Según el esquema, el hospital es público pero su administración es privada, estando ésta en poder del patronato integrado por sectores de la comunidad, del gobierno y los gremios de salud. El resultado es alentador, aunque admite ajustes y mejoras.
El servicio es impecable y la apariencia del centro está como en su día de apertura, en contraste con lo que tradicionalmente ocurre con los demás hospitales del gobierno.
Los asegurados no pagan nada por los servicios recibidos del centro, mientras que los no asegurados pagan tarifas casi simbólicas o muy reducidas, dependiendo de los ingresos de los pacientes y sus familiares. La idea es que el centro sea autosuficiente o al menos contribuya a su operación, mejora y mantenimiento.
Ciertamente, no ha alcanzado la plenitud de su capacidad, ubicándose a menos del 60%. Pero eso puede mejorarse, previa realización de un serio estudio al respecto, sin apresuramientos.
Sobre el último punto, el presidente de la Asociación Médica Nacional, Francisco Bravo, sugirió una rebaja de los precios que se cobra a los pacientes no asegurados, a lo que acaba de accederse. Pero el Ministerio de Salud ha advertido contra la tentación de un inaceptable paternalismo.
El doctor Bravo ha sido más categórico, cuando llegó a sugerir el retorno al esquema tradicional y entregarle el hospital a la Caja de Seguro Social. Pero la última alternativa podría ser desastrosa, respecto a una entidad incapaz de manejarse a sí misma y abrumada por problemas financieros y administrativos propios, cuya envergadura compromete hasta su existencia en los próximos diez años.
A la actual rebaja de tarifas, debe sumarse una mayor promoción e información a nivel de sus pacientes potenciales, que le permita ganar la confianza que necesita para alcanzar los niveles de su plena capacidad.
Y paralelamente, hay que investigar los casos y denuncias sobre intromisión estatal en su administración, así como las denuncias sobre oligopolios y favoritismo en la contratación de servicios médicos, mencionados también por el doctor Bravo. No debemos permitir que la politiquería eche a perder un buen proyecto.



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