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El robo de las esculturas y la contracultura


El robo del conjunto escultural llamado "Los Juegos de Antaño", viene a poner un epitafio infame al actual aparato administrativo de gobierno y es, prácticamente, una burla más al sistema de seguridad institucional. Esperemos que no sea también una burla a la Ley y la Justicia, o los funcionarios encargados de perseguir este delito.

Todo este asunto está lleno de irregularidades impunes que se remontan al anterior gobierno. Primero, la adquisición de dichas esculturas, sin licitación pública. Después, las especificaciones de la obra que no se cumplieron correctamente. Al parecer, no sólo se entregó la obra incompleta, sino que el material de las esculturas no era realmente bronce de calidad, sino una aleación barata de cobre y latón. Después esta lo del peso: los medios hablan de 35 toneladas, pero esto esta muy lejos de la verdad. Posiblemente el peso real no llega ni a las 10 toneladas. Después están las discrepancias en el número de piezas. El escultor dice que entregó más de 100 palomas, después en ATLAPA sólo aparece la mitad y cuando se llevan al Museo Reina Torres, sólo la mitad de la mitad. Tampoco aparece la estructura mas grande de la obra: una enorme fuente de bronce, que según el mismo escultor, nunca fue entregada -Suponemos que si es así, es lo único que se ha salvado, ya que deberá ser entregada porque fue pagada-.

Sobre los responsables, hay ocultamientos y disfraces de los hechos. Nadie sabe porqué y quién ordenó retirar la obra de ATLAPA. La versión de que se retiró porque sería vendida, es ingenua. Una versión más creíble es que las esculturas ocupaban demasiado espacio, el cual sería usado para estacionamientos.

En el Museo Reina Torres (ex Tucán), que de por sí tiene una tenebrosa historia no resuelta, las esculturas ya mermadas, son instaladas. Allí permanecen un tiempo y alguien (?), no se sabe porqué (¿?), ordena retirarlas del Museo, y llevarlas al Parque Omar (ex Gallego), donde presuntamente son depositadas en una bodega cuya única llave se guarda en la Oficina de la Directora, Mintoi Giro. Tanto el Parque como sus instalaciones, están protegidos por agentes del SPI. Tiempo después, alguien se da cuenta que las estatuas han desparecido, y la denuncia se da en los medios. En este momento, también se dan cuenta que las cerraduras de la bodega no han sido violadas y que también hace falta un tractor.

Esperemos que esto no acabe en el limbo como el caso del dietilenglicol o el SAN-100, entre otras muchas.

Hablamos de contracultura, porque, en Panamá, la corrupción no sólo se refiere a la excesiva ambición, o la falta de moral o la honestidad, o al cinismo descarado, sino también a la falta de cultura.

En el Parque Omar se encuentra la Biblioteca Nacional, y estoy seguro que nunca, ningún ladrón o maleante se le ha ocurrido asaltarla, ya que para ellos ésta y sus libros no tienen ningún valor. Si los libros fueran de bronce, aluminio o hierro, sin duda les interesaría robarlos para venderlos como chatarra. Pero lo menos que le interesa a estos sujetos es la cultura o el conocimiento. Sin duda, son los mismos que cuando la invasión saquearon toda clase de negocios y dejaron intactas las Librerías. Sin duda, son los mismos que se robaron y fundieron la estatua de Rosselvelt. Son, sin duda, los mismos cuya identificación moral y política es muy conocida. Los hechos hablan por sí solos.

eesquivelrios@gmail.com

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