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El rol en la Asamblea Nacional (I)


Hace tres meses juré el cargo de Legislador de la República, hoy Diputado en virtud del cambio constitucional. Desde entonces, me he dedicado al estudio de los proyectos de ley que se han presentado, tanto en la Comisión de Gobierno, Justicia y Asuntos Constitucionales, la cual presido, como en el Pleno; lo mismo que a analizar las hojas de vida de los funcionarios que hasta ahora hemos ratificado o designado, como es el caso del Contralor General de la República.
Creo necesario hacer el estudio antes dicho, pues, al ejercer mi derecho a voto, siento que debo hacerlo en apego a mis ideales, principios y conciencia.
Somos nosotros, en muchas ocasiones, los culpables; no por nuestras acciones, sino por nuestras omisiones.
Igualmente, he puesto todo mi empeño en los anteproyectos de ley que he presentado, por iniciativa propia, convirtiéndome en vocero de la comunidad y la sociedad civil.
Soy testigo del esfuerzo similar que hacen otros diputados de producir las mejores leyes, lo cual es la principal función de nosotros, sin dejar de lado aquellas administrativas que ejerce la Asamblea, en adición a las funciones judiciales que hasta el momento no se ha ejercido en este periodo.
Muchas iniciativas chocan con los intereses político partidista, pero tampoco se puede negar que somos el Órgano del Estado más político y abierto que existe.
Nuestros debates son televisados y transmitidos por la radio en directo. Es cierto que abusamos, a veces, de "parlamentar", producto de la rivalidad política y el calor de los debates que se presentan en el hemiciclo, y es tarea nuestra, corregir los yerros, junto con otras adecuaciones que estamos llamados a realizar.
No obstante, reconociendo virtudes y defectos, hemos heredado un descrédito, totalmente injusto que, pese al esfuerzo señalado, no hemos podido superar, y en rigor de la verdad, no creo que logremos cambiar, no importa todo lo bueno que hagamos.
Somos nosotros, en muchas ocasiones, los culpables; no por nuestras acciones, sino por nuestras omisiones.
Recuerdo que era un crítico de la Asamblea, y en los años 90 escribí muchas veces en contra de legisladores y sus "privilegios". Resulta que ahora, 15 años después, estoy ocupando una curul, por designios del destino, y tengo que reconocer que en muchas cosas estaba equivocado, pero en otras no.
En la segunda parte que escribiré sobre este tema, compartiré con los lectores algunos aspectos de productividad desarrollados por y en la Asamblea Nacional.
(*) Ex Presidente del Colegio Nacional de Abogados.

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