El rol urbano de Amador
Hace cerca de dos años mencioné, en este mismo espacio, cuán precisa fue la Autoridad de la Región Interoceánica en establecer los parámetros para la reutilización de la antigua base militar de Fuerte Amador. El documento exigía -a quienes tuvimos el honor de elaborar el plan general de usos de suelo para dicho sitio- convertir el área en un centro turístico de interés internacional y así generar divisas a la economía panameña. Adicionalmente, y como condición sine qua non, se debía mantener la calzada y otros atractivos en su entorno como lugares de esparcimiento público para los habitantes de la urbe capitalina.
En ausencia de un poblado pintoresco en sus inmediaciones -ya que las edificaciones existentes habían sido diseñadas para satisfacer necesidades muy diferentes a la solicitada por la ARI- sólo se podía contar con pocos metros de playa mediocre y una obsoleta cancha de golf ubicada, infortunadamente, en las más útiles hectáreas del proyecto. Además, las aguas que dan hacia la bahía están peligrosamente contaminadas y existen restricciones, por parte de la Autoridad del Canal de Panamá, que se aplican en la ribera que colinda con la vía interoceánica.
Por tal motivo, la masa crítica para generar una actividad turística de Amador se centró en establecer, prontamente, un puerto de cruceros y así captar parte de más de 200 naves de ese tipo que pasan hoy día sin detenerse frente al litoral en referencia.
Deplorablemente, este vital renglón estuvo relegado a un segundo plano y la ausencia de proyectos concretos -verdadera génesis de las especulaciones, conjeturas y acusaciones que surgieron frente al supuesto fracaso del plan que nos ocupa- dieron pie a todo tipo de teorías sobre qué hacer con tan espectacular globo de terreno metropolitano.
Luego de una costosa inversión gubernamental -necesaria para adecuar la infraestructura que demanda una obra de esta envergadura- se abrió el camino para que promotores privados desarrollaran esquemas afines al propósito original. Desde entonces, Amador se ha ido transformando, paulatinamente, en un lugar único dentro del entorno urbano de la ciudad de Panamá. La atmósfera de esparcimiento se percibe por doquier gracias a la proliferación de negocios relacionados con tan importante rubro para la economía del país.
La presencia del Instituto Smithsonian en isla Culebra y sus interesantes exhibiciones, varias obras en proceso relacionadas con marinas, fondeaderos para buques de alto calado, hoteles, complejos especializados y el museo de la biodiversidad que se proyecta construir con el diseño del arquitecto norteamericano Frank Gehry, seguro apuntalarán los propósitos que perseguíamos quienes trabajamos en su momento dentro de tan necesario concepto para la urbe capitalina y sus moradores.
Así las cosas, y siguiendo el espíritu del plan que elaboráramos en 1996 el consorcio conformado por Edward D. Stone Jr. & Associates, Clement & Medina, Arquitectos, Dames & Moore, F. G. Guardia y Asociados, Arthur Andersen Consulting y Amerisys de Panamá, la antigua base militar de Amador parecía ya encaminada a conseguir las metas que nos planteara la ARI hace más de 6 años.
Sin embargo, y por razones que no logro comprender, se pretende hoy día trastocar el esquema original e introducir, con todos los problemas que dicha acción acarreará dentro del entorno en referencia, propuestas habitacionales de alta densidad para permitir la construcción de condominios en varias de las parcelas más selectas del complejo turístico y recreativo que nos ocupa.
En vista de que existen otras áreas planificadas, precisamente, para realizar conjuntos residenciales como los que intentan aprobar en detrimento del Plan Estratégico para el Desarrollo Turístico de Fuerte Amador, respetuosamente les solicito, tanto a la Autoridad de la Región Interoceánica como a la Dirección de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda, que sopesen a cabalidad esta infortunada idea y dediquen todo su empeño a fortalecer -con la premura que la situación amerita- el más acertado proyecto para generación de divisas y desahogo público que se ha llevado a cabo en las inmediaciones de la principal ciudad del país.
(rbermudez@cableonda.net)
La memoria la traicionó. Pero en los archivos de la Cancillería fue donde se obtuvo la respuesta. La Jefa de la Oficina Institucional de Recursos Humanos de la Cancillería, Manuelita de Smith, envió dos documentos que certifican que la señorita Elvia Mojica fue nombrada por el presidente Belisario Porras, el 4 de abril de 1925 como Oficial Archivero del Consulado General de Nueva York.
Sus servicios a la administración pública trascendieron al tiempo de la gestión de Porras. Doña Elvia trabajó en el Tribunal Tutelar de Menores (hoy Dirección de Corrección del Ministerio de la Familia). Allí laboró junto a Clara González, la primera mujer abogada de Panamá, de quien fue muy amiga. Comenta Doña Mary Comando que su tía era una mujer apegada a la política y a la vida del campo. A la muerte de Porras se involucró en la política, pero ya no en las toldas liberales.
La inclinación por la política también estaba presente en su esposo, Don Domingo Díaz, que por los años 50 fue concejal del distrito de Panamá. "El Dr. Porras y mi tía fueron mis tutores", dice Doña Mary. Ellos la matricularon en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, donde estudió bachillerato, de 1935 a 1940.
Una hermosa abuelita del Hogar, Doña Rosaura Zanetti, dio fe de la calidad humana de Porras. Adolfo de León, su abuelo y partidario de Porras, fue quien lo llevó en hombros a la Presidencia.
Doña Rosaura, al escuchar durante la entrevista el nombre de Porras, dijo: "¡Ah!.. Porras. El fue quien enterró a mi abuelito. "Mi abuelito era alto y fuerte. Mi abuelito era jefe del muelle en el Mercado Público. Era fuerte, fuerte. Lo cargó - a Porras- y lo llevó a la Presidencia".
Doña Rosaura recuerda que en esa época tendría unos 8 años. De ser así, se refiere al primer periodo presidencial del Dr. Belisario Porras que fue de 1912 a 1916. "El se murió del corazón. Murió tiempo después que Porras asumió la presidencia. "Iba mucho a Aguadulce de donde era mi abuelito", relató.
Porras dirigió la revolución Liberal en el Istmo de Panamá, que en esos tiempos era un Departamento colombiano. Fue uno de los líderes principales del Partido Liberal Colombiano durante la guerra, llevando a cabo una campaña militar que llegó hasta las puertas de la Ciudad de Panamá. Aproximadamente 5,000 panameños murieron en este conflicto armado que duró tres años, de 1899 a 1902.
Porras continuó como miembro del Partido Liberal, pero ya como un Partido Liberal panameño. En 1912, después de haber incrementado su popularidad en el istmo, es elegido presidente de la república por una amplia mayoría. Ejerce el puesto durante tres períodos: de 1912 a 1916; de 1918 a 1920 y de 1920 a 1924.
Durante tres periodos ejecuta importantes obras como la creación de los Códigos Nacionales y la redacción de un cuerpo de leyes. Construye carreteras y otras facilidades de transporte y comunicación que unifican al país, como el Ferrocarril de Chiriquí en 1916.
Da mucha importancia a la salud y al progreso económico del país. Funda el Hospital Santo Tomás en la Ciudad de Panamá y mejora la higiene del país en general. Nacionaliza la Lotería Nacional de Beneficencia para financiar la expansión de la salud pública.
Entre otros logros se destacan la reconstrucción del telégrafo, la apertura del Canal interoceánico en 1915; la organización de la instrucción pública; el barrio de La Exposición y la Plaza Porras; la creación del Archivo Nacional y el Registro Civil y el establecimiento de la Isla Penal de Coiba.
En materia legal, por la Ley 1 de 22 de agosto de 1916, se adopta el Código Administrativo que contiene un título en el cual se reglamenta toda la materia electoral. El Consejo Electoral de la República pasa a ser el Jurado Nacional de Elecciones y los Ayuntamientos Electorales se denominan Jurados Provinciales. Falleció el 28 de agosto de 1942. Porras creía en los méritos personales, en la libre expresión del pensamiento y en la prensa como medio de combate.
En ausencia de un poblado pintoresco en sus inmediaciones -ya que las edificaciones existentes habían sido diseñadas para satisfacer necesidades muy diferentes a la solicitada por la ARI- sólo se podía contar con pocos metros de playa mediocre y una obsoleta cancha de golf ubicada, infortunadamente, en las más útiles hectáreas del proyecto. Además, las aguas que dan hacia la bahía están peligrosamente contaminadas y existen restricciones, por parte de la Autoridad del Canal de Panamá, que se aplican en la ribera que colinda con la vía interoceánica.
Por tal motivo, la masa crítica para generar una actividad turística de Amador se centró en establecer, prontamente, un puerto de cruceros y así captar parte de más de 200 naves de ese tipo que pasan hoy día sin detenerse frente al litoral en referencia.
Deplorablemente, este vital renglón estuvo relegado a un segundo plano y la ausencia de proyectos concretos -verdadera génesis de las especulaciones, conjeturas y acusaciones que surgieron frente al supuesto fracaso del plan que nos ocupa- dieron pie a todo tipo de teorías sobre qué hacer con tan espectacular globo de terreno metropolitano.
Luego de una costosa inversión gubernamental -necesaria para adecuar la infraestructura que demanda una obra de esta envergadura- se abrió el camino para que promotores privados desarrollaran esquemas afines al propósito original. Desde entonces, Amador se ha ido transformando, paulatinamente, en un lugar único dentro del entorno urbano de la ciudad de Panamá. La atmósfera de esparcimiento se percibe por doquier gracias a la proliferación de negocios relacionados con tan importante rubro para la economía del país.
La presencia del Instituto Smithsonian en isla Culebra y sus interesantes exhibiciones, varias obras en proceso relacionadas con marinas, fondeaderos para buques de alto calado, hoteles, complejos especializados y el museo de la biodiversidad que se proyecta construir con el diseño del arquitecto norteamericano Frank Gehry, seguro apuntalarán los propósitos que perseguíamos quienes trabajamos en su momento dentro de tan necesario concepto para la urbe capitalina y sus moradores.
Así las cosas, y siguiendo el espíritu del plan que elaboráramos en 1996 el consorcio conformado por Edward D. Stone Jr. & Associates, Clement & Medina, Arquitectos, Dames & Moore, F. G. Guardia y Asociados, Arthur Andersen Consulting y Amerisys de Panamá, la antigua base militar de Amador parecía ya encaminada a conseguir las metas que nos planteara la ARI hace más de 6 años.
Sin embargo, y por razones que no logro comprender, se pretende hoy día trastocar el esquema original e introducir, con todos los problemas que dicha acción acarreará dentro del entorno en referencia, propuestas habitacionales de alta densidad para permitir la construcción de condominios en varias de las parcelas más selectas del complejo turístico y recreativo que nos ocupa.
En vista de que existen otras áreas planificadas, precisamente, para realizar conjuntos residenciales como los que intentan aprobar en detrimento del Plan Estratégico para el Desarrollo Turístico de Fuerte Amador, respetuosamente les solicito, tanto a la Autoridad de la Región Interoceánica como a la Dirección de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda, que sopesen a cabalidad esta infortunada idea y dediquen todo su empeño a fortalecer -con la premura que la situación amerita- el más acertado proyecto para generación de divisas y desahogo público que se ha llevado a cabo en las inmediaciones de la principal ciudad del país.
(rbermudez@cableonda.net)
La memoria la traicionó. Pero en los archivos de la Cancillería fue donde se obtuvo la respuesta. La Jefa de la Oficina Institucional de Recursos Humanos de la Cancillería, Manuelita de Smith, envió dos documentos que certifican que la señorita Elvia Mojica fue nombrada por el presidente Belisario Porras, el 4 de abril de 1925 como Oficial Archivero del Consulado General de Nueva York.
Sus servicios a la administración pública trascendieron al tiempo de la gestión de Porras. Doña Elvia trabajó en el Tribunal Tutelar de Menores (hoy Dirección de Corrección del Ministerio de la Familia). Allí laboró junto a Clara González, la primera mujer abogada de Panamá, de quien fue muy amiga. Comenta Doña Mary Comando que su tía era una mujer apegada a la política y a la vida del campo. A la muerte de Porras se involucró en la política, pero ya no en las toldas liberales.
La inclinación por la política también estaba presente en su esposo, Don Domingo Díaz, que por los años 50 fue concejal del distrito de Panamá. "El Dr. Porras y mi tía fueron mis tutores", dice Doña Mary. Ellos la matricularon en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, donde estudió bachillerato, de 1935 a 1940.
Una hermosa abuelita del Hogar, Doña Rosaura Zanetti, dio fe de la calidad humana de Porras. Adolfo de León, su abuelo y partidario de Porras, fue quien lo llevó en hombros a la Presidencia.
Doña Rosaura, al escuchar durante la entrevista el nombre de Porras, dijo: "¡Ah!.. Porras. El fue quien enterró a mi abuelito. "Mi abuelito era alto y fuerte. Mi abuelito era jefe del muelle en el Mercado Público. Era fuerte, fuerte. Lo cargó - a Porras- y lo llevó a la Presidencia".
Doña Rosaura recuerda que en esa época tendría unos 8 años. De ser así, se refiere al primer periodo presidencial del Dr. Belisario Porras que fue de 1912 a 1916. "El se murió del corazón. Murió tiempo después que Porras asumió la presidencia. "Iba mucho a Aguadulce de donde era mi abuelito", relató.
Porras dirigió la revolución Liberal en el Istmo de Panamá, que en esos tiempos era un Departamento colombiano. Fue uno de los líderes principales del Partido Liberal Colombiano durante la guerra, llevando a cabo una campaña militar que llegó hasta las puertas de la Ciudad de Panamá. Aproximadamente 5,000 panameños murieron en este conflicto armado que duró tres años, de 1899 a 1902.
Porras continuó como miembro del Partido Liberal, pero ya como un Partido Liberal panameño. En 1912, después de haber incrementado su popularidad en el istmo, es elegido presidente de la república por una amplia mayoría. Ejerce el puesto durante tres períodos: de 1912 a 1916; de 1918 a 1920 y de 1920 a 1924.
Durante tres periodos ejecuta importantes obras como la creación de los Códigos Nacionales y la redacción de un cuerpo de leyes. Construye carreteras y otras facilidades de transporte y comunicación que unifican al país, como el Ferrocarril de Chiriquí en 1916.
Da mucha importancia a la salud y al progreso económico del país. Funda el Hospital Santo Tomás en la Ciudad de Panamá y mejora la higiene del país en general. Nacionaliza la Lotería Nacional de Beneficencia para financiar la expansión de la salud pública.
Entre otros logros se destacan la reconstrucción del telégrafo, la apertura del Canal interoceánico en 1915; la organización de la instrucción pública; el barrio de La Exposición y la Plaza Porras; la creación del Archivo Nacional y el Registro Civil y el establecimiento de la Isla Penal de Coiba.
En materia legal, por la Ley 1 de 22 de agosto de 1916, se adopta el Código Administrativo que contiene un título en el cual se reglamenta toda la materia electoral. El Consejo Electoral de la República pasa a ser el Jurado Nacional de Elecciones y los Ayuntamientos Electorales se denominan Jurados Provinciales. Falleció el 28 de agosto de 1942. Porras creía en los méritos personales, en la libre expresión del pensamiento y en la prensa como medio de combate.