El rompecabezas de Kosovo
La proliferación de fórmulas para arreglar la beligerante situación de la provincia serbia de Kosovo complicó el problema hasta el punto de transformarlo en un rompecabezas diplomático. El informe de Naciones Unidas, suscrito por el secretario general Kofi Annan, no llega a definir si la separación de Kosovo, donde la mayor parte de la población es de origen albanés, responde a legítimos procedimientos adecuados al Derecho Internacional y tampoco aclara si es pertinente la represión militar del ejército serbio contra la guerrilla autonomista, dejando sin sostén jurídico la posibilidad de una respuesta militar a cargo de fuerzas de la OTAN, encabezadas por Estados Unidos.
Ante la ambigüedad del informe, la mayoría de estados europeos miembros de la OTAN estiman que la intervención militar no podría llevarse a cabo sin respaldo jurídico, en tanto que Estados Unidos alienta la realización de ataques sin consenso de la ONU. Por su lado, Rusia, cuya influencia estratégica en los Balcanes no es desechable, se opone a una intervención militar unilateral y su postura es interpretada como el adelanto del veto que impondría en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En esas condiciones, un ataque al ejército serbio crearía una seria crisis en el Consejo de Seguridad, dado que implicaría un desconocimiento al derecho de veto que tienen las principales potencias militares.
Especialistas occidentales en asuntos balcánicos consideran que la intervención militar probablemente apaciguaría la represión armada del régimen de Slobodan Milosevic, pero no llegaría a implicar la solución formal del separatismo de Kosovo, problema mucho más complejo desde el punto de vista jurídico. La desintegración de la República de Yugoslavia ya determinó la separación de Croacia y Eslovenia como repúblicas independientes y hoy en día la nueva federación, ya seriamente recortada territorialmente, se concentra en Serbia y Montenegro. La amputación de Kosovo a expensas de Albania, no sólo intensifica la reacción violenta del régimen comunista de Milosevic, tristemente célebre por la "limpieza étnica" sangrientamente perpetrada en BosniaHerzegovina, sino que traslada el problema a un país caótico de donde la población emigra clandestinamente a Italia. Convertir a Kosovo en un estado autónomo agravaría la atomización de los Balcanes. En cualquier caso, un plebiscito en Kosovo, con auspicio de la ONU, daría pautas para buscar una salida adecuada. No es la primera vez que en Europa se padecen situaciones similares. Los territorios de Alsacia y Lorena fueron disputados por Alemania y Francia desde la primera guerra mundial. La línea OderNeisse entre Alemania y Polonia conoció capítulos de anexión y separación. La constitución artificial de Yugoslavia a través del Pacto de Versalles sigue arrojando dividendos negativos.
Ante la ambigüedad del informe, la mayoría de estados europeos miembros de la OTAN estiman que la intervención militar no podría llevarse a cabo sin respaldo jurídico, en tanto que Estados Unidos alienta la realización de ataques sin consenso de la ONU. Por su lado, Rusia, cuya influencia estratégica en los Balcanes no es desechable, se opone a una intervención militar unilateral y su postura es interpretada como el adelanto del veto que impondría en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En esas condiciones, un ataque al ejército serbio crearía una seria crisis en el Consejo de Seguridad, dado que implicaría un desconocimiento al derecho de veto que tienen las principales potencias militares.
Especialistas occidentales en asuntos balcánicos consideran que la intervención militar probablemente apaciguaría la represión armada del régimen de Slobodan Milosevic, pero no llegaría a implicar la solución formal del separatismo de Kosovo, problema mucho más complejo desde el punto de vista jurídico. La desintegración de la República de Yugoslavia ya determinó la separación de Croacia y Eslovenia como repúblicas independientes y hoy en día la nueva federación, ya seriamente recortada territorialmente, se concentra en Serbia y Montenegro. La amputación de Kosovo a expensas de Albania, no sólo intensifica la reacción violenta del régimen comunista de Milosevic, tristemente célebre por la "limpieza étnica" sangrientamente perpetrada en BosniaHerzegovina, sino que traslada el problema a un país caótico de donde la población emigra clandestinamente a Italia. Convertir a Kosovo en un estado autónomo agravaría la atomización de los Balcanes. En cualquier caso, un plebiscito en Kosovo, con auspicio de la ONU, daría pautas para buscar una salida adecuada. No es la primera vez que en Europa se padecen situaciones similares. Los territorios de Alsacia y Lorena fueron disputados por Alemania y Francia desde la primera guerra mundial. La línea OderNeisse entre Alemania y Polonia conoció capítulos de anexión y separación. La constitución artificial de Yugoslavia a través del Pacto de Versalles sigue arrojando dividendos negativos.