El salario de B/.500.00...¿mucho?
Meses han transcurrido desde la instalación por el gobierno, de la Comisión Tripartita (gobierno-trabajadores-empresarios), encargada de revisar y recomendar la fijación del nuevo salario mínimo a regir, que como establece la ley, debe hacerse cada dos (2) años.
Quinientos balboas mensuales dijeron los representantes de los trabajadores, en nombre de sus centrales y ardió Troya. Se encresparon el CoNEP, APEDE y, hasta la pequeña y mediana empresa (UNPYME) pegó el grito y alertó: "cuidado y quiebran nuestras empresas": Y no está para menos ese temor, estas últimas no podrán asimilar fácilmente el golpe. Sin embargo, esto no es tan cierto, ya que es la gran empresa la que les impone a medianos y pequeños empresarios-comerciantes, precios, tantos en la materia prima que les vende, como en los precios que "negocian" en la compra del producto o mercancías. Los obreros, al contrario, son aliados casi naturales del UNPYME y comparten juntos las condiciones, casi siempre, irregulares del salario, prestaciones sociales, etc., debido a las condiciones muy propias de ese tipo de empresas.
El salario mínimo, según criterios esbozados, debe estar en correspondencia con la canasta básica familiar de los obreros (la de los dueños, gerentes, ejecutivos y familiares, tienen una canasta básica muy distinta), la cual en la actualidad está por las nubes. Y sin aumento aún del salario mínimo, los precios siguen disparados y los despidos ya hicieron su aparición, sin que llegue el anunciado aumento salarial, que puede ser no más de B/.250.00, según vocería empresarial o, no más de B/.265.00, tal como anunciara en cierta ocasión una autoridad de Trabajo. Hará no más de tres meses cuando en un medio se daba conocer los millones de ganancias alcanzados por empresas de la banca y las finanzas, e incluso, un diario de la localidad participaba de la danza de esos millones y sin embargo, el impuesto declarado al erario era menor, con relación al tributado por cualquier trabajador de la rama de la construcción.
De manera que resulta irónico el decir alegremente: "es mucho lo que piden los trabajadores", cuando para los del poder económico no hay canasta básica regulada y menos ganancias millonarias reguladas; ganancias producidas por el hombre que convierte la materia en mercancía con un valor agregado, y de cuyo valor se apropia el empresario o dueño de los medios de producción. Quién se lleva lo mucho y quién se queda siempre en la pobreza, ese es uno de los dilemas a resolver. En cuanto a la Comisión, todo indica que lo más seguro es que no se alcanzará un acuerdo y le corresponderá técnicamente al Ejecutivo dar la salomónica solución final y decretar el nuevo salario mínimo, el cual debe ser el necesario, justo, para el que trabaja y vive a diario del mismo.
Los trabajadores, su dirigencia, tienen la oportunidad de hacer un poco de docencia entre sus miembros y de cara a la ciudadanía observadora importante en esta lucha; es importante, por cuanto ella misma no es consciente de ser parte del problema, que la demanda, si bien parece abultada, no deja de ser justa, razonable, e incluso, en el caso de que fueran aprobados los B/.500.00, bien pudieran quedar en la nada ante la ausencia de medidas de controles a los dueños del manejo económico-financiero, quienes son los que imponen los precios a los artículos de mayor necesidad y consumo popular y como siempre, se irán a las nubes dejando sin efecto el aumento.
Aún queda espacio para negociar y la señora Presidenta de la República ha tirado un puente haciendo un llamado a la negociación; por su parte, la representación de los trabajadores ha aceptado el llamado a la negociación, con la condición de que ésta se haga con el respeto recíproco y seriedad, observación que estamos seguros se da por experiencia histórica: "A la clase obrera, casi nunca se le toma en cuenta para las decisiones que a ella afectan en la forma más directa y menos beneficiosa". Y por eso, una de sus armas son la toma de las calles y la protesta. Hay que explicar a la comunidad y a la propia membresía sindical que las ganancias deben ser compartidas como un derecho de los trabajadores y no una exclusividad para disfrutarla el empresariado. Eso es lo que piden los trabajadores en el fondo, su parte correspondiente de esas ganancias: ¡están exigiendo lo suyo! la UNPYME debe convocársele, producir un acercamiento, ya que no serán los aumentos de salarios los que pongan o hagan peligrar su existencia; deben recordar y tener presente que "el pez más grande se come al más chico", y ese pez, no son los trabajadores. Propiciar la unidad en el momento a través de la confianza y respetabilidad entre los trabajadores y en otros sectores de la comunidad nacional, es la gran oportunidad en esta lucha por el nuevo salario. Que garantice salud, educación, esparcimiento físico y espiritual no es aspirar a mucho, es un derecho de todo ser humano.
El diálogo debe aprovecharse objetivamente y dejar sentada la responsabilidad de la dirigencia sindical en la mesa de negociación. La pequeña empresa del hogar debe ser defendida, también, por los trabajadores, y la distribución de la ganancia debe ser parte a ganar en esta jornada de la lucha obrera.
Quinientos balboas mensuales dijeron los representantes de los trabajadores, en nombre de sus centrales y ardió Troya. Se encresparon el CoNEP, APEDE y, hasta la pequeña y mediana empresa (UNPYME) pegó el grito y alertó: "cuidado y quiebran nuestras empresas": Y no está para menos ese temor, estas últimas no podrán asimilar fácilmente el golpe. Sin embargo, esto no es tan cierto, ya que es la gran empresa la que les impone a medianos y pequeños empresarios-comerciantes, precios, tantos en la materia prima que les vende, como en los precios que "negocian" en la compra del producto o mercancías. Los obreros, al contrario, son aliados casi naturales del UNPYME y comparten juntos las condiciones, casi siempre, irregulares del salario, prestaciones sociales, etc., debido a las condiciones muy propias de ese tipo de empresas.
El salario mínimo, según criterios esbozados, debe estar en correspondencia con la canasta básica familiar de los obreros (la de los dueños, gerentes, ejecutivos y familiares, tienen una canasta básica muy distinta), la cual en la actualidad está por las nubes. Y sin aumento aún del salario mínimo, los precios siguen disparados y los despidos ya hicieron su aparición, sin que llegue el anunciado aumento salarial, que puede ser no más de B/.250.00, según vocería empresarial o, no más de B/.265.00, tal como anunciara en cierta ocasión una autoridad de Trabajo. Hará no más de tres meses cuando en un medio se daba conocer los millones de ganancias alcanzados por empresas de la banca y las finanzas, e incluso, un diario de la localidad participaba de la danza de esos millones y sin embargo, el impuesto declarado al erario era menor, con relación al tributado por cualquier trabajador de la rama de la construcción.
De manera que resulta irónico el decir alegremente: "es mucho lo que piden los trabajadores", cuando para los del poder económico no hay canasta básica regulada y menos ganancias millonarias reguladas; ganancias producidas por el hombre que convierte la materia en mercancía con un valor agregado, y de cuyo valor se apropia el empresario o dueño de los medios de producción. Quién se lleva lo mucho y quién se queda siempre en la pobreza, ese es uno de los dilemas a resolver. En cuanto a la Comisión, todo indica que lo más seguro es que no se alcanzará un acuerdo y le corresponderá técnicamente al Ejecutivo dar la salomónica solución final y decretar el nuevo salario mínimo, el cual debe ser el necesario, justo, para el que trabaja y vive a diario del mismo.
Los trabajadores, su dirigencia, tienen la oportunidad de hacer un poco de docencia entre sus miembros y de cara a la ciudadanía observadora importante en esta lucha; es importante, por cuanto ella misma no es consciente de ser parte del problema, que la demanda, si bien parece abultada, no deja de ser justa, razonable, e incluso, en el caso de que fueran aprobados los B/.500.00, bien pudieran quedar en la nada ante la ausencia de medidas de controles a los dueños del manejo económico-financiero, quienes son los que imponen los precios a los artículos de mayor necesidad y consumo popular y como siempre, se irán a las nubes dejando sin efecto el aumento.
Aún queda espacio para negociar y la señora Presidenta de la República ha tirado un puente haciendo un llamado a la negociación; por su parte, la representación de los trabajadores ha aceptado el llamado a la negociación, con la condición de que ésta se haga con el respeto recíproco y seriedad, observación que estamos seguros se da por experiencia histórica: "A la clase obrera, casi nunca se le toma en cuenta para las decisiones que a ella afectan en la forma más directa y menos beneficiosa". Y por eso, una de sus armas son la toma de las calles y la protesta. Hay que explicar a la comunidad y a la propia membresía sindical que las ganancias deben ser compartidas como un derecho de los trabajadores y no una exclusividad para disfrutarla el empresariado. Eso es lo que piden los trabajadores en el fondo, su parte correspondiente de esas ganancias: ¡están exigiendo lo suyo! la UNPYME debe convocársele, producir un acercamiento, ya que no serán los aumentos de salarios los que pongan o hagan peligrar su existencia; deben recordar y tener presente que "el pez más grande se come al más chico", y ese pez, no son los trabajadores. Propiciar la unidad en el momento a través de la confianza y respetabilidad entre los trabajadores y en otros sectores de la comunidad nacional, es la gran oportunidad en esta lucha por el nuevo salario. Que garantice salud, educación, esparcimiento físico y espiritual no es aspirar a mucho, es un derecho de todo ser humano.
El diálogo debe aprovecharse objetivamente y dejar sentada la responsabilidad de la dirigencia sindical en la mesa de negociación. La pequeña empresa del hogar debe ser defendida, también, por los trabajadores, y la distribución de la ganancia debe ser parte a ganar en esta jornada de la lucha obrera.