El salario no hace al educador
No es el Estado quien le paga a los maestros y profesores, son los contribuyentes, las gentes que trabajan y producen en esta sociedad, las que aportan los dineros que el Gobierno administra. Como la sociedad no está satisfecha con la calidad de la educación pública, es lógico que los administradores de la Nación sean renuentes a premiar el trabajo mediocre concediendo un aumento salarial que va más allá de la justa nivelación por los incrementos en el costo de la vida.
Es verdad que la solución no es quedarnos como estamos, pero para empezar a cambiar no se necesita un cheque más grande. Las familias, la sociedad entera, esperan ver una mejor disposición de parte del gremio magisterial hacia el proceso de transformación de la educación nacional.
Un ingrediente clave en este proceso es la reconstrucción de la figura pública del educador, pues la educación no se refiere solo a los contenidos de las asignaturas, sino también a los valores que los docentes transmiten a través del ejemplo que dan con su conducta pública. Los aumentos salariales que finalmente serán acordados entre esta administración y las asociaciones de educadores no garantizan que la educación mejore, pues todo indica que maestros y profesores son parte de la sociedad de consumo y que la mejora salarial será para elevar el nivel de consumo de estos profesionales, sin tocar la médula de sus capacidades en el ejercicio de la docencia.
El Ministerio de Educación tiene la responsabilidad de orientar y facilitar el proceso de cambio, y por eso tiene que aprender a trabajar con los educadores y hacerles ver que pueden mejorar sus hábitos, cultivar su intelecto y robustecer su musculatura moral con independencia de la justeza de su remuneración, la cual depende, no de la calidad de los servicios que prestan, sino de lo que el Tesoro Nacional puede costearla.