El Salón Bolivariano
Colaborador
En lo que fue la Sala Capitular del Convento de San Francisco en el Barrio de San Felipe, se realizaron, en 1826, las sesiones del Congreso Anfictiónico patrocinado por el Libertador Simón Bolívar. Su proyecto de una América Libre y Unida fue siempre una constante en su mente y ya desde 1815, en su famosa Carta de Jamaica, decía "Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí"
Su visión política era un gran Estado que reuniera a todas las colonias americanas del Imperio Español, que formando de todas esas naciones un cuerpo político, pudiera hacer frente tanto al coloso del norte como a Europa y Asia. Decía el Dr. Ricardo J. Alfaro que los Tratados de 1826 constituyen el verdadero antecedente de los planes constructivos de organización mundial que hacen acreedor a Bolívar del título de Precursor de la Solidaridad Humana y Apóstol del arreglo pacífico de los conflictos internacionales. La unidad fue el gran sueño de su vida, si ese deseo no se realizó, entonces sí estaba allí esperando el momento propicio para expandirse.
El Salón Bolivariano único, y señalado como Patrimonio de la Humanidad, es piedra, madera y cal unido por la argamasa de los pensamientos de un Gual, de un Vidaurre, de un Tudela, de un Pedro Molina, etc. Hasta hoy era un cuerpo inerte al que le faltaban el cerebro y el corazón, pero gracias a tres estadistas, nuestra mandataria Mireya Moscoso, los presidentes Cordozo y Chávez, este recinto ha recobrado su cerebro en las actas y su corazón en la Espada del Libertador.
Ningún homenaje de mayor significado puede equipararse a éste, que fue rendido con la presencia de todos los mandatarios participantes a la Cumbre de la excelsa memoria del genio americano. Las Actas y la Espada constituyen no sólo un reconocimiento a Panamá, sino un enaltecedor compromiso. Y nosotros que creemos que la historia no es sólo motivo de recordaciones, sino una causa, una fuente de propósitos e ideales, estamos convencidos que hoy, como ayer, este salón nos compromete a sumar los esfuerzos de todas nuestras naciones, todos nuestros pueblos para lograr el objetivo del desarrollo económico y social en que estamos empeñados. Nos atrevemos a sugerir en esta columna, que la Espada sea exhibida desenvainada como un mensaje y un símbolo que los panameños somos bolivarianos y estamos dispuestos a luchar contra la miseria, la ignorancia, la injusticia, y que este recinto sagrado siga siendo custodiado por quienes se han ganado con creces ese merecimiento: La Sociedad Bolivariana.
En lo que fue la Sala Capitular del Convento de San Francisco en el Barrio de San Felipe, se realizaron, en 1826, las sesiones del Congreso Anfictiónico patrocinado por el Libertador Simón Bolívar. Su proyecto de una América Libre y Unida fue siempre una constante en su mente y ya desde 1815, en su famosa Carta de Jamaica, decía "Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí"
Su visión política era un gran Estado que reuniera a todas las colonias americanas del Imperio Español, que formando de todas esas naciones un cuerpo político, pudiera hacer frente tanto al coloso del norte como a Europa y Asia. Decía el Dr. Ricardo J. Alfaro que los Tratados de 1826 constituyen el verdadero antecedente de los planes constructivos de organización mundial que hacen acreedor a Bolívar del título de Precursor de la Solidaridad Humana y Apóstol del arreglo pacífico de los conflictos internacionales. La unidad fue el gran sueño de su vida, si ese deseo no se realizó, entonces sí estaba allí esperando el momento propicio para expandirse.
El Salón Bolivariano único, y señalado como Patrimonio de la Humanidad, es piedra, madera y cal unido por la argamasa de los pensamientos de un Gual, de un Vidaurre, de un Tudela, de un Pedro Molina, etc. Hasta hoy era un cuerpo inerte al que le faltaban el cerebro y el corazón, pero gracias a tres estadistas, nuestra mandataria Mireya Moscoso, los presidentes Cordozo y Chávez, este recinto ha recobrado su cerebro en las actas y su corazón en la Espada del Libertador.
Ningún homenaje de mayor significado puede equipararse a éste, que fue rendido con la presencia de todos los mandatarios participantes a la Cumbre de la excelsa memoria del genio americano. Las Actas y la Espada constituyen no sólo un reconocimiento a Panamá, sino un enaltecedor compromiso. Y nosotros que creemos que la historia no es sólo motivo de recordaciones, sino una causa, una fuente de propósitos e ideales, estamos convencidos que hoy, como ayer, este salón nos compromete a sumar los esfuerzos de todas nuestras naciones, todos nuestros pueblos para lograr el objetivo del desarrollo económico y social en que estamos empeñados. Nos atrevemos a sugerir en esta columna, que la Espada sea exhibida desenvainada como un mensaje y un símbolo que los panameños somos bolivarianos y estamos dispuestos a luchar contra la miseria, la ignorancia, la injusticia, y que este recinto sagrado siga siendo custodiado por quienes se han ganado con creces ese merecimiento: La Sociedad Bolivariana.