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El Salvador del mundo


Hoy en día es muy común ver el dolor, el sufrimiento y todas las consecuencias negativas que invaden la vida de muchos que viven sin esperanza de que las cosas puedan cambiar para ellos. Escuchamos personas decir: “¡Yo no tengo perdón de Dios!”, pues consideran que lo que han hecho es tan terrible que los convierte en pecadores sin salvación para siempre. Consideran que han llegado demasiado lejos.

En estos días de Semana Santa, el mundo cristiano, (entendiéndose por cristiano a todo aquel que es seguidor de Cristo) recuerda aquel acontecimiento histórico y de incalculable valor para todo ser humano, en donde nuestro Padre Dios Todo poderoso un día glorioso envió a su único hijo, Jesús, el Salvador del mundo, a nacer en las condiciones más humildes que nos pudiésemos imaginar, para que viviera junto con nosotros los pecadores para darnos ejemplo de vida y finalmente un día fuese crucificado, en aquella cruz del Calvario.

¡Qué bueno que no todo quedó allí, sino que al tercer día resucitó y posteriormente ascendió a los cielos! ¡Sí, nuestro Salvador vive! y desea regalarnos esa misma experiencia de vida plena y abundante.

Vivimos en un mundo lastimosamente muy degradado, en donde hombres y mujeres estamos de continuo haciendo el mal, pero aún en medio de esta dolorosa realidad, se levanta una gran verdad: Todavía hay esperanza de vivir una vida mejor, aquí en la tierra y en el futuro hermoso que Dios promete para todo aquel que decida “lavar sus ropas” en la sangre preciosa del ¡Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!

Sé que muchos de nosotros hemos leído escritos que relatan el sufrimiento que padeció Cristo en la cruz, hemos visto documentales y películas en donde los productores han intentado aproximarse a lo que realmente padeció nuestro Jesús aquel día de su crucifixión… pero absolutamente nadie ha podido presentar un cuadro cien por ciento exacto de todo lo que Él sufrió por ti y por mí.

¿Por qué tuvo que morir? La respuesta la encontramos en la Biblia que nos dice que la paga del pecado es muerte… y como todos hemos pecado, debíamos morir. ¡Pero he aquí la grandeza del amor de Dios!, que envió a su hijo amado a morir por nosotros para que todo aquel que en Él crea no se pierda más tenga vida eterna.

Es por eso que se nos enseña que la salvación es por gracia, un regalo de Dios que está al alcance de todo aquel que quiera aceptarla. Sólo tenemos que ir a Dios y decirle: “Querido Jesús te acepto como mi Salvador personal, quiero agradarte y hacer tu voluntad”.

La invitación que nos hace Dios es a buscarle de todo corazón, diariamente, no sólo en estos días de Semana Santa.

Hagámonos eco de las palabras de Elena G. de White, en su libro El camino a Cristo: “Jesús ha muerto para que yo viva. Me ama y no quiere que perezca. Tengo un Padre Celestial muy compasivo; y aunque he abusado de su amor, aunque he disipado las bendiciones que me ha dado, me levantaré e iré a mi Padre…”

Ahora es el momento, no esperemos más, ya que después puede ser demasiado tarde. Confesemos nuestros pecados a Dios.Podemos estar seguros que si hacemos todo esto, nuestro Dios es fiel y justo para perdonarnos y regalarnos salud física, mental y espiritual. ¡Qué hermosa promesa!

101 años de Panamá América

 
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