El sector industrial
Los problemas que enfrenta el sector industrial que los lleva a pedir subvenciones para poder subsistir es culpa tanto de los propios empresarios como del gobierno. Desde la década del "70 ya estaba claro en la pared que el modelo de desarrollo promovido por el CEPAL a base de garantizar el mercado nacional a la industria local había llegado a su fin. Es más, el CEPAL nunca concibió el conjunto de sus ideas originales como algo estático y mucho menos como una doctrina. Al contrario, postuló de manera expresa la necesidad de amoldarse a los cambios en las circunstancias socio-económicas, entre ellos, sus propias políticas de desarrollo. Así, a medida que se producían transformaciones, tanto en el entorno externo como en las condiciones dentro de los países y la misma región, cabía poner al día los planteamientos.
Esa tarea permanente se entendía como un proceso -o una tarea permanentemente inconclusa- que marcó un hito en los últimos tiempos, ante los sorprendentes cambios a que se enfrentó la región y su entorno internacional en el decenio de los "90, donde nosotros quedamos atrapados.
Esa transformación de la cual hablo, no se dio Panamá. Los industriales pusieron resistencia cuando en el gobierno tratamos de hacer cambios. En tanto, se presentó en la región una crisis que vino acompañada en el ámbito de las ideas, de una considerable perplejidad sobre cómo abordar el desarrollo en el marco de nuevas y cambiantes circunstancias. En esos años cobró vigencia un paradigma para superar la crisis que, en esencia, postuló abrir las economías de la región a la competencia internacional, confiar en el mercado para asignar recursos y reducir fuertemente la intervención estatal. Y nos ha encontrado con una industria que no resiste el inevitable cambio.
Estoy de acuerdo con tratar de salvar nuestra industria, pero debe hacerse dentro de una transformación productiva que tenga como base no solamente un crecimiento dinámico, sino de "buena calidad"; o sea, un crecimiento cada vez más competitivo en los mercados internacionales que asegure la sostenibilidad del progreso y también la posibilidad de facilitar el reparto de los beneficios del crecimiento entre los distintos estratos de la población.
El progreso técnico aplicado al proceso productivo, por su parte, no se limita al desarrollo y a la adaptación de tecnología. También incorpora la capacidad de gestión empresarial y mejoras, tanto en la organización general como en la calidad de la mano de obra.
La ley de incentivos a la producción industrial tiene que estar "casada" con aspectos que tienen que ver con el desempeño a nivel de la empresa. Allí debe aparecer los temas de innovación, la inversión en los recursos humanos y la capacidad de gestión.
La noción de transformación productiva no implica un determinado tamaño de la empresa. Es igualmente aplicable y válido para la gran empresa transnacional, y para la pequeña y mediana empresa.
Naturalmente, la transformación productiva no es un tema que se limita a las empresas, sino a todo el sistema en que éstas se insertan. Así, recorrer por la senda de la transformación productiva implica cumplir múltiples requisitos y avanzar de manera simultánea en relación a todos ellos. Estoy hablando del carácter sistemático de la competitividad. Desde esta perspectiva, la empresa, elemento crucial, está integrada a una red de vinculaciones con el sistema educativo, la infraestructura tecnológica, energética y de transportes, las relaciones entre empleados y empleadores, el aparato institucional público y privado, así como la red financiera.
Suena complicado; lo es. No hay tal cosa como un almuerzo gratis. Espero así lo entienda el próximo gobierno y los propios industriales. Hay un enorme trabajo por hacer y tendremos que emprenderlo antes de que sea muy tarde. No podemos seguir viviendo en espera de que los problemas se resuelvan solos.
El gobernante es un mero administrador, a quien se le entrega la dirección del Estado para guiar con la debida diligencia y sano juicio los destinos del país por determinado período, luego del cual deberá presentarse ante el pueblo que juzgará si ejerció su deber fiduciario.
Esa tarea permanente se entendía como un proceso -o una tarea permanentemente inconclusa- que marcó un hito en los últimos tiempos, ante los sorprendentes cambios a que se enfrentó la región y su entorno internacional en el decenio de los "90, donde nosotros quedamos atrapados.
Esa transformación de la cual hablo, no se dio Panamá. Los industriales pusieron resistencia cuando en el gobierno tratamos de hacer cambios. En tanto, se presentó en la región una crisis que vino acompañada en el ámbito de las ideas, de una considerable perplejidad sobre cómo abordar el desarrollo en el marco de nuevas y cambiantes circunstancias. En esos años cobró vigencia un paradigma para superar la crisis que, en esencia, postuló abrir las economías de la región a la competencia internacional, confiar en el mercado para asignar recursos y reducir fuertemente la intervención estatal. Y nos ha encontrado con una industria que no resiste el inevitable cambio.
Estoy de acuerdo con tratar de salvar nuestra industria, pero debe hacerse dentro de una transformación productiva que tenga como base no solamente un crecimiento dinámico, sino de "buena calidad"; o sea, un crecimiento cada vez más competitivo en los mercados internacionales que asegure la sostenibilidad del progreso y también la posibilidad de facilitar el reparto de los beneficios del crecimiento entre los distintos estratos de la población.
El progreso técnico aplicado al proceso productivo, por su parte, no se limita al desarrollo y a la adaptación de tecnología. También incorpora la capacidad de gestión empresarial y mejoras, tanto en la organización general como en la calidad de la mano de obra.
La ley de incentivos a la producción industrial tiene que estar "casada" con aspectos que tienen que ver con el desempeño a nivel de la empresa. Allí debe aparecer los temas de innovación, la inversión en los recursos humanos y la capacidad de gestión.
La noción de transformación productiva no implica un determinado tamaño de la empresa. Es igualmente aplicable y válido para la gran empresa transnacional, y para la pequeña y mediana empresa.
Naturalmente, la transformación productiva no es un tema que se limita a las empresas, sino a todo el sistema en que éstas se insertan. Así, recorrer por la senda de la transformación productiva implica cumplir múltiples requisitos y avanzar de manera simultánea en relación a todos ellos. Estoy hablando del carácter sistemático de la competitividad. Desde esta perspectiva, la empresa, elemento crucial, está integrada a una red de vinculaciones con el sistema educativo, la infraestructura tecnológica, energética y de transportes, las relaciones entre empleados y empleadores, el aparato institucional público y privado, así como la red financiera.
Suena complicado; lo es. No hay tal cosa como un almuerzo gratis. Espero así lo entienda el próximo gobierno y los propios industriales. Hay un enorme trabajo por hacer y tendremos que emprenderlo antes de que sea muy tarde. No podemos seguir viviendo en espera de que los problemas se resuelvan solos.
El gobernante es un mero administrador, a quien se le entrega la dirección del Estado para guiar con la debida diligencia y sano juicio los destinos del país por determinado período, luego del cual deberá presentarse ante el pueblo que juzgará si ejerció su deber fiduciario.