El segundo puente sobre el Canal
Todo el mundo sabe que necesitamos al menos un segundo puente sobre el Canal. El estrecho ensanche que permite el tránsito a cuatro carriles por el Puente de Las Américas, obra del gobierno anterior, es un mero paliativo que no resta urgencia al problema. De allí surge la importancia de que la actual administración preste oído y dé adecuada consideración a las distintas propuestas de nacionales y extranjeros para hacer realidad ese proyecto.
Que sepamos, a fuerza de tiempo, necesidad y resignación, hemos logrado superar el trauma paralizante del Puente Van Dam. Y todo indica que el país está ya maduro para emprender nuevamente ese necesario proyecto, consciente de que no puede permitirse el lujo de continuar dependiendo de un solo puente, sobre todo si se toma en cuenta que el 40% de los panameños vive en la mitad Oeste y el resto en la mitad Este del país; y que el área metropolitana está registrando un crecimiento explosivo al otro lado del puente, en áreas como Veracruz, Arraiján, La Chorrera y Capira, combinado con el previsto desarrollo de Howard.
Tomando ello en cuenta, nos parece lamentable que la actual administración haya permitido que una de las propuestas para la construcción de un segundo puente sobre el Canal, sin costo para el Estado, que formulara el acaudalado empresario nacional, Lew Rodin, sea retirada, sin antes haberle dado debida consideración y evaluación, por no decir, en medio de la total e inexplicable indiferencia gubernamental.
El comunicado hecho público por Rodin el martes pasado, pone en evidencia lo que es un secreto a voces: que la actual administración carece de equipo y medios necesarios para evaluar y hacer posible magnos proyectos tales como los corredores norte y sur, la autopista Panamá- Colón, y ahora el segundo puente sobre el Canal, que con su ejecución creen empleos y provean soluciones al problema social.
Los antecedentes del proponente, que se atrevió a construir con tremendo éxito el más moderno puerto del Atlántico, pese a la competencia nacional y extranjera, exigía un mejor tratamiento a su idea, así fuera para decirle: Lo estamos estudiando, lo compararemos con otros, lo sacaremos a licitación, o lo que sea, que no fuera lo que finalmente se hizo: nada.
Que sepamos, a fuerza de tiempo, necesidad y resignación, hemos logrado superar el trauma paralizante del Puente Van Dam. Y todo indica que el país está ya maduro para emprender nuevamente ese necesario proyecto, consciente de que no puede permitirse el lujo de continuar dependiendo de un solo puente, sobre todo si se toma en cuenta que el 40% de los panameños vive en la mitad Oeste y el resto en la mitad Este del país; y que el área metropolitana está registrando un crecimiento explosivo al otro lado del puente, en áreas como Veracruz, Arraiján, La Chorrera y Capira, combinado con el previsto desarrollo de Howard.
Tomando ello en cuenta, nos parece lamentable que la actual administración haya permitido que una de las propuestas para la construcción de un segundo puente sobre el Canal, sin costo para el Estado, que formulara el acaudalado empresario nacional, Lew Rodin, sea retirada, sin antes haberle dado debida consideración y evaluación, por no decir, en medio de la total e inexplicable indiferencia gubernamental.
El comunicado hecho público por Rodin el martes pasado, pone en evidencia lo que es un secreto a voces: que la actual administración carece de equipo y medios necesarios para evaluar y hacer posible magnos proyectos tales como los corredores norte y sur, la autopista Panamá- Colón, y ahora el segundo puente sobre el Canal, que con su ejecución creen empleos y provean soluciones al problema social.
Los antecedentes del proponente, que se atrevió a construir con tremendo éxito el más moderno puerto del Atlántico, pese a la competencia nacional y extranjera, exigía un mejor tratamiento a su idea, así fuera para decirle: Lo estamos estudiando, lo compararemos con otros, lo sacaremos a licitación, o lo que sea, que no fuera lo que finalmente se hizo: nada.