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El Seguro: banco o entidad social


CUANDO entregamos a otra persona, natural o jurídica, una cierta suma de dinero a fin de que la administre y que en el encargo de esa administración que implica o traduce el derecho de uso de ese dinero, estipulamos cláusulas en la que exigimos recibir a cambio servicios de salud, medicinas, pensiones de invalidez, viudez y muerte, entre los beneficios más importantes, no esperamos otra cosa que se cumpla, al pie de la letra -ad pedem literae- lo encomendado o pactado con esa persona o entidad.
Si quien administra o dispone de nuestros dineros, los dineros del pueblo, de modo antojadizo o ha sido negligente en la administración de los fondos que se han depositado y confiado bajo su responsabilidad, no nos cumple satisfactoriamente al extremo de poner en terrible riesgo el contenido o la esencia de su función o misión y con ello generando el padecimiento tras estragos muy penosos o lamentables para el pueblo, no hay duda entonces para sostener que todos, sin exclusión alguna, de una u otra manera, estamos ligados en ese compromiso, tenemos la obligación moral y hasta jurídica de rescatar la misión y función de esa administración. Sin reparos, también hay lugar a exigir responsabilidades por parte de quienes han sido malos administradores.
Sirva lo anterior para introducirnos en el tema de la Caja de Seguro Social. (CSS). Tal vez lo de "Caja" como que no encaja muy bien. "Caja" guarda relación con "cajón", "cajonero", "gavetas", "aparato o mueble que tiene cajas". Los zapatos vienen en cajas. En las cajas siempre se guarda algo, generalmente muy preciado o valorado por nosotros o que nos resulta útil. Tal vez este último significado o acepción nos resulte más valedero para los propósitos del ensayo.
La CSS resulta muy valiosa para las grandes mayorías del pueblo panameño. Cuando uno piensa en esta entidad, la liga o vincula esas mayorías. Quienes, generalmente, tienen recursos no acuden a la Caja de Seguro Social, sino que se asisten de médicos privados acudiendo a hospitales y clínicas privadas sin importar cuánto tienen que pagar. Se ha dicho que no pocas clínicas y enjundiosos hospitales privados han recibido grandes ganancias con el Seguro Social a quienes venden servicios que sólo pueden dispensar costosas máquinas de alta tecnología en la medicina. También se acusa a no pocos empresarios de incumplir con el pago de la correspondiente cuota obrero-patronal; de retenerla indebidamente; de no descontar la cuota a los trabajadores y así evadir la obligación de cotizantes; se ha sostenido del mismo modo que, en algunas administraciones gubernamentales, la CSS fue vista, tenida y usada como un gran centro financiero o bancario del Estado de donde se tomaron enormes y cuantiosas sumas de dineros para sufragar partes del presupuesto de otras entidades o ministerios; que la clase política nunca quiso hacerle frente al problema actuarial del Seguro; etc.
Sin embargo, y sin desconocer la realidad o verdad que encierran los puntos tratados, debemos reconocer en el mandatario Martín Torijos la hidalguía moral, la coraza política, el enorme interés que ha evidenciado y así lo ha expresado, no tanto en hacerle frente al problema en sí, a contemplarlo -como lo han hecho muchos-, sino en atacar sus falencias y debilidades con el firme y único propósito de darle a las grandes mayorías de la nación una Caja de Seguro Social de la cual puedan sentirse orgullosos y seguros. Orgullosos de su solidez -que implica la idea de que no habrá quiebra de la entidad- y seguros de que sus medicamentos, sus atenciones médicas; la dispensación de las intervenciones quirúrgicas a tiempo; el auxilio y socorro pronto y rápido -lo que implica la idea de paz y tranquilidad social- nunca se harán esperar.
Por ello es que debemos asimilar las ideas que el Presidente ha venido promoviendo en el seno social panameño: hacer vigente y eficaz el principio de la solidaridad social que constituye el pilar fundamental de toda reforma que se instaure en el Seguro Social. De allí que la CSS, a no dudarlo, demanda reformas estructurales, de reglas y pautas de administración de sus fondos; reformas orgánicas, etc. Para que así suceda, hay que empezar por la Ley misma. Su Ley Orgánica cayó en desuso. Hay que replantearla, modificarla, ponerla en la actualidad de nuestros tiempos. Bueno sería elaborar un todo orgánico, metódico y coherente. La única manera es a través de un Código de Seguridad Social. En él deben quedar plasmadas las reglas de la administración; los usos o destinos que se tienen que dar a los fondos o dineros; todo cuanto concierne al funcionamiento estructural, de los nombramientos, de los fines y propósitos, etc. El presidente Torrijos está pensando para los próximos años y no tan sólo para el mañana, queriendo legar, con voluntad firme y decidida, a nuestro pueblo un Seguro Social sólido, fuerte y verdaderamente "seguro". El compromiso es de todos, no sólo del presidente. La clase política opositora debe abandonar el argumento ad hominem -el subjetivismo político- y entender que la misión es un compromiso de todos los panameños. Hagámoslo por Panamá.
(stekrakri@hotmail.com)

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