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El Seguro Social: Demagogia o soluciones


Lo que ocurre con la Caja de Seguro Social afecta, directa o indirectamente, la vida de casi dos millones de personas, entre afiliados activos: 782,375; pensionados: 132,597; y dependientes: 1,179.799. Esa debe ser la primera y principal consideración de todos aquellos que quieran jugar a protagonistas o jueces de su presente o de su futuro. Por ello, no es permisible que el tema sea manejado con improvisación o demagogia o como palanca de intereses políticos.
La Caja de Seguro Social opera sobre dos supuestos fundamentales: 1) El principio de solidaridad, según el cual los que más reciben aportan más para que los de menos ingresos puedan recibir atención igualitaria en salud y una pensión de vejez o jubilación. 2) La autosuficiencia financiera, que supone que sus ingresos, aparte de cubrir sus gastos corrientes, permitan constituir y mantener las reservas que aseguren el pago de las pensiones presentes y futuras.
El principal ingreso de la Caja lo constituye las cuotas que pagamos trabajadores y empleadores, y los rendimientos de sus reservas. De acuerdo con su ley orgánica, el total de esos ingresos debe destinarse a cubrir los costos de administración, los gastos de atención médica y hospitalaria y al fondo de reserva. Las jubilaciones se pagan con el rendimiento de las reservas.
El presupuesto de ingresos y gastos de la Caja de Seguro Social, al igual que cualquier presupuesto del sector público, debe estar equilibrado. Los gastos no deben exceder a los ingresos. Esto vale tanto para el programa de administración como para el de invalidez, vejez y muerte. Por consiguiente, su Junta Directiva, al negarse a aprobar un proyecto de presupuesto no balanceado, actuó dentro de la Ley. Haber secundado las pretensiones de su director hubiera sido irresponsable.
Pero en la situación presente de la Caja de Seguro Social, el problema del presupuesto del año corriente es de menor gravedad, en comparación con el problema medular que es la eventual crisis de sus reservas, de las que depende el pago de las pensiones corrientes y, sobre todo, las futuras. Para resolver el déficit actuarial de las reservas será imprescindible tomar medidas objetivas y realistas; la demagogia no cabe. O se adoptan correctivos para revertir el déficit actuarial o llegará el momento en que no habrá fondos para pagar las pensiones. Así de simple es la cosa. Negarse a enfrentar esa realidad o adoptar la política del avestruz es totalmente irresponsable. Y jugar a la demagogia, por intereses políticos o de cualquier otra naturaleza, doblemente irresponsable.
Ya estamos inmersos en el proceso electoral. Cuatro candidatos aspiran a dirigir los destinos de la nación. Sería oportuno y conveniente que ellos decidieran manejar la situación actual y la eventual y previsible crisis del Seguro Social como un tema de Estado, colocándolo al margen de la campaña política.
Los cuatro candidatos debieran suscribir un acuerdo en el que se comprometieran a ofrecer soluciones realistas y sensatas. Estas, con toda seguridad, no serían las que esperan los sectores más exaltados, pero serían las necesarias. Y si provinieran de ellos, por estar respaldadas por el peso de sus caudales políticos tendrían, en mi opinión, el consecuente efecto apaciguador que hace falta en este momento para serenar los ánimos. Desde luego, asumir una actitud como la que proponemos implicaría riesgo, desde el punto de vista electoral, pero también sería una muestra de madurez política.
Las conmociones sociales que constituyeron jornadas antiimperialistas y antioligárquicas como: Mayo de 1958, donde fueron asesinados 18 estudiantes; el 9 de enero de 1964, donde Ascanio Arosemena se conviertió en el mártir de la soberanía. Aunque la Patria queda desgarrada, ese hecho luctuoso nos proyecta a la recuperación de todo nuestro territorio y al perfeccionamiento de nuestra total independencia.
La última comparecencia del profesor De León ante sus alumnos fue hace unos meses, gracias a la feliz iniciativa del Lic. Miguel Angel Moreno Góngora, quien lo invitó para que dictara una charla a sus ex alumnos del Instituto Nacional con motivo del 50 aniversario de la graduación de este grupo en 1953. Necesitamos en este país más hombres íntegros como César A. De León. Su ejemplo tutelar nos obliga a imitar sus virtudes para ser mejores ciudadanos.
El era un hombre de una sola pieza. Militó en el Partido del Pueblo durante más de 50 años. Hemos avanzado profesor César A. De León. La lucha continúa, la Patria agradecida te rinde un homenaje póstumo. ¡Descansa en paz!

101 años de Panamá América

 
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