El sentido de la vida y la amistad
Vida y amistad, dos términos distintos con sus propias acepciones. Ambas comprenden y describen un sistema de relaciones profundas. La vida, tal como la conocemos, es actividad y, a la vez, engendra, genera e induce el ánimo o espíritu de la amistad, que en términos afectivos se acrecienta con el trato desinteresado por y con nuestros co-humanos. Unidas para siempre, madre e hija, se sustentan mutuamente. Existe una estrecha correspondencia entre las dos acepciones de relevancia axiológica.
El verso y la prosa han sustentado, notablemente, nuestra reverencia y vocación por la vida y sus atributos. Al valor, al trabajo, a la familia, al amor, etc., y, por supuesto, a la amistad. Un asunto de actitud y aptitud que nos arrulla a cada uno de nosotros, a vosotros y a todos, en una serie de experiencias intencionales y reales estimuladas por nuestros sentidos corporales y la conciencia de la mente, en un esfuerzo por lograr un grado superlativo de percepción inteligente más que de supervivencia; pues, los riesgos de supresión están ahí, siempre presentes. Por su relación, la idea que desarrollamos del sentido de la vida y vivir la amistad con intensidad se va afinando sutil y finamente en el ser de todos influyendo y modelando el ambiente cultural.
La amistad es lo más lindo y bello que puede existir en la vida humana. Es por esta razón que profeso mi compromiso de acentuar y extender mi aprecio profundo a todos aquellos co-humanos que, al igual que vosotros, damos por sentado tan noble y humano precepto, que ha de significar para todos: atención y respeto. Los sentimientos verdaderos son cosas buenas y las cosas buenas se guardan para siempre. Al contrario de una vida de sufrimiento, la alegría, salud, inteligencia, verdad, conocimiento y sabiduría, armonía y realización plena, etc. tonifican la felicidad de vivir y constituyen una variable-constante del pensamiento. El fondo psicológico que nos mueve a visualizar los caracteres relevantes de lo apreciado, en su justa dimensión. Si existen situaciones cotidianas que adquieren ribetes conflictivos es porque no limamos esas aristas con la fuerza de voluntad y lucidez necesaria para perfeccionar las relaciones interpersonales.
Desarrollar una apreciación tridimensional del ser humano, valga decir, su expresión en lo somático, psicológico y espiritual, constituye la única riqueza en la experiencia personal y social que reviste de verdadero valor a las fases de la existencia. Es un proceso de cambios, que va aunado a un factor de naturaleza psíquica: la mente humana. Amigo, edulcorar esta plática es para mí atemperar esa amistad acendrada, deferente y turgente propia de una personalidad conspicua e innata.
Comparto unas líneas finales, que he guardado para la ocasión y reflexión: Para un desarrollo pleno de alegría, satisfacciones y bienestar personal, el individuo humano debe racionalizar todas las situaciones que vive y, con buen juicio crítico clarificar la noción de los hechos (lógica) y conceptos (Ps. cognitiva) y, establecer el modelo o guía o criterio de acción (Ps. conductual) para modelar el carácter entendido como "orientación de la conducta", para un aprendizaje continuo y permanente.
Si queremos ser algo retóricos en el discurso, el verso nos labra las sutilezas del alma: hermosos y frondosos árboles semejantes a turgentes copas de cristal de verde esmeralda y jade, apagados al seno de la madre nativa, que escancia la savia, suscitando el señor eterno, con el corazón y el ideal del hombre enterizo.
El verso y la prosa han sustentado, notablemente, nuestra reverencia y vocación por la vida y sus atributos. Al valor, al trabajo, a la familia, al amor, etc., y, por supuesto, a la amistad. Un asunto de actitud y aptitud que nos arrulla a cada uno de nosotros, a vosotros y a todos, en una serie de experiencias intencionales y reales estimuladas por nuestros sentidos corporales y la conciencia de la mente, en un esfuerzo por lograr un grado superlativo de percepción inteligente más que de supervivencia; pues, los riesgos de supresión están ahí, siempre presentes. Por su relación, la idea que desarrollamos del sentido de la vida y vivir la amistad con intensidad se va afinando sutil y finamente en el ser de todos influyendo y modelando el ambiente cultural.
La amistad es lo más lindo y bello que puede existir en la vida humana. Es por esta razón que profeso mi compromiso de acentuar y extender mi aprecio profundo a todos aquellos co-humanos que, al igual que vosotros, damos por sentado tan noble y humano precepto, que ha de significar para todos: atención y respeto. Los sentimientos verdaderos son cosas buenas y las cosas buenas se guardan para siempre. Al contrario de una vida de sufrimiento, la alegría, salud, inteligencia, verdad, conocimiento y sabiduría, armonía y realización plena, etc. tonifican la felicidad de vivir y constituyen una variable-constante del pensamiento. El fondo psicológico que nos mueve a visualizar los caracteres relevantes de lo apreciado, en su justa dimensión. Si existen situaciones cotidianas que adquieren ribetes conflictivos es porque no limamos esas aristas con la fuerza de voluntad y lucidez necesaria para perfeccionar las relaciones interpersonales.
Desarrollar una apreciación tridimensional del ser humano, valga decir, su expresión en lo somático, psicológico y espiritual, constituye la única riqueza en la experiencia personal y social que reviste de verdadero valor a las fases de la existencia. Es un proceso de cambios, que va aunado a un factor de naturaleza psíquica: la mente humana. Amigo, edulcorar esta plática es para mí atemperar esa amistad acendrada, deferente y turgente propia de una personalidad conspicua e innata.
Comparto unas líneas finales, que he guardado para la ocasión y reflexión: Para un desarrollo pleno de alegría, satisfacciones y bienestar personal, el individuo humano debe racionalizar todas las situaciones que vive y, con buen juicio crítico clarificar la noción de los hechos (lógica) y conceptos (Ps. cognitiva) y, establecer el modelo o guía o criterio de acción (Ps. conductual) para modelar el carácter entendido como "orientación de la conducta", para un aprendizaje continuo y permanente.
Si queremos ser algo retóricos en el discurso, el verso nos labra las sutilezas del alma: hermosos y frondosos árboles semejantes a turgentes copas de cristal de verde esmeralda y jade, apagados al seno de la madre nativa, que escancia la savia, suscitando el señor eterno, con el corazón y el ideal del hombre enterizo.