El sentido de unas firmas
El Comité Ecuménico de Panamá (que no es sólo la Iglesia Católica como a veces se dice), apoyado por diversos grupos de nuestra sociedad, ha iniciado el proceso de recoger firmas para que el pueblo panameño se exprese sobre la necesidad de una nueva Constitución para nuestra Patria. Para evitar confusiones tenemos que aclarar varios puntos que exponemos a continuación.
En primer lugar el texto que las personas, si lo desean, firmarán es el siguiente: "Estoy de acuerdo con que se haga una nueva Constitución en los dos primeros años del próximo período de gobierno, mediante una asamblea constituyente paralela, con la representación equitativa de los partidos políticos y la sociedad civil. Dicha asamblea no interferirá con las funciones de los organismos electos el 2 de mayo de 2004 y tendrá como único objetivo la elaboración de la nueva Constitución. Los constituyentes trabajarán ad honorem (gratis), sólo con algunos viáticos para gastos fundamentales".
El texto es un poco largo sin duda, pero en los sitios de recolección de firmas se colocarán afiches para que las personas firmantes sepan bien que es lo que van a apoyar. Además en cada libreta de firmas estará igualmente en su portada el mismo texto. En otro afiche se aclara por qué es legítimo y positivo que iglesias cristianas realicen esta actividad, ya que no se trata de política partidista sino del bien común.
¿Por qué se opta por la constituyente paralela y no por otros medios? Por varias razones. En primer lugar porque es un método muy democrático y participativo, al menos tal como lo estamos proponiendo. En segundo lugar porque no rompe la constitucionalidad ni la marcha del país al no interferir con los órganos y personas elegidas el dos de mayo. Y en tercer lugar porque el otro método posible en la actualidad sería a través de dos Asambleas Legislativas y esto no lo vemos ni viable ni conveniente. En estos meses muchos legisladores y legisladoras andan con la preocupación de hacer política reelecionaria y por lo tanto no estarán en las mejores disposiciones para elaborar un nuevo texto constitucional a fondo, que no sea simplemente un emparchado de pequeños cambios. Y en tercer lugar, tal como lo reconocen los propios legisladores y lo repiten todas las encuestas, la Asamblea Nacional se encuentra lamentablemente en el sótano de la credibilidad ciudadana. Nosotros, personalmente reconocemos que hay en la Asamblea elementos muy valiosos, pero que constituyen una notoria minoría. La gente repite que un zorro no puede cuidar un gallinero, ni un ratón el queso o como diría el ilustre recién desaparecido constitucionalista, César Quintero, el mosquito Aedes Aegipti no puede ser el encargado de evitar el dengue hemorrágico.
Según nuestra propuesta la nueva Constitución podrá estar lista más o menos a finales del año 2005.¿ Nos parece muy tarde? Tal vez , pero el otro método, por lo que dijimos, sería ampliamente rechazado, aparte de que nadie puede garantizar que si la Asamblea actual aprobara un texto éste sería refrendado por la Asamblea elegida el 2 de mayo. Nos corremos el riesgo de que todo siga como está y esto éticamente nos parecería desastroso.
Y ahora otra aclaración. ¿ Qué tiene que ver la colecta de firmas con la famosa "quinta papeleta"? Afirmamos que son dos cosas distintas pero complementarias. La colecta de firmas no es la quinta papeleta porque en ella no hay otras cuatro como en las elecciones (papeletas para presidente, legisladores, alcaldes y representantes de corregimiento) y porque dicha colecta se está haciendo muchos meses antes de los comicios de mayo de 2004 y así no se da la confusión que algunos ven, aunque nosotros no vemos la tal confusión por ningún lado. Sin embargo, la colecta y la quinta papeleta son complementarias porque en ambas cosas se pide algo igual o muy parecido. Además una avalancha de firmas es un pacífico instrumento de presión popular para la constituyente.
Y ahora una advertencia importante. Sólo podrán firmar las personas que presenten su cédula, que será examinado por los colectores y colectoras de firmas. Y se firmará sólo una vez. Al que se le sorprenda firmando dos veces o se compruebe en la validación que lo hizo, se le denunciará públicamente y si se tratara de muchos miembros de algún partido la denuncia entonces sería doble.
Según nuestros sondeos previos firmarán nuestra propuesta una gran cantidad de personas pertenecientes a todos los partidos políticos o a ninguno, porque ellas tienen muy claro que aquí no se trata de uno u otro candidato sino de algo por lo que el pueblo clama desde hace tiempo.
Por último lo repetimos por enésima vez: los documentos por sí solos no arreglan un país. Indiscutiblemente son las personas. Pero los documentos fundamentales pueden ayudar mucho. Si así no fuera ¿ para qué constituciones, leyes y reglamentos en organizaciones públicas y privadas de todo el mundo. De algo servirán...Buenas firmas o nuestros lectores y lectoras.
El movimiento obrero tenía una presencia social, sí, pero sin una oferta política concreta y sin un discurso competidor en la arena pública. Además, las propuestas sociales de Arias ciertamente eran atractivas para la clase obrera.
Si la Constitución de 1941 no fue el resultado de un amplio proceso de participación popular es probablemente porque la sociedad civil no tenía la fortaleza para constituirse en un actor en ese proceso. Por contraste, Arnulfo Arias tenía la visión para sumar a las grandes mayorías de panameños a su proyecto, y la garra para conducir y llevar a feliz término la renovación del orden constitucional.
La Constitución de 1941 tenía graves defectos; el más prominente es la discriminación contra las etnias afroantillana y china, pues despojaba de la nacionalidad a un número importante de panameños, impedía que sus generaciones más jóvenes se incorporaran a la panameñidad y prohibía y limitaba su ingreso al país. Es allí donde muestra sus colmillos el autoritarismo que es inseparable de aquel proceso constituyente.
En conclusión: no necesitó Arnulfo Arias una norma constitucional que le dijese lo que tenía que hacer; su intuición política supo identificar claramente que el mandato popular avalaba la renovación constitucional, que era una necesidad sentida desde hacía una década. Entiende muy poco de las constituciones, de la historia y de la sociedad el que sostiene que lo que hizo Arias fue simplemente inconstitucional.
Indudablemente, el país no cuenta hoy con un liderazgo político de la calidad del de aquella coyuntura irrepetible. Sí hay, por el contrario, una sociedad civil organizada que, pese a sus debilidades, ha logrado desarrollar un liderazgo ciudadano que será un buen aliado de cualquier gobernante honesto que se atreva a actuar con responsabilidad y determinación.
Los políticos de hoy pueden buscar sumarse a ese liderazgo ciudadano o rivalizar ante el público. Lo que no pueden hacer es darse el lujo de ignorarlo.
En primer lugar el texto que las personas, si lo desean, firmarán es el siguiente: "Estoy de acuerdo con que se haga una nueva Constitución en los dos primeros años del próximo período de gobierno, mediante una asamblea constituyente paralela, con la representación equitativa de los partidos políticos y la sociedad civil. Dicha asamblea no interferirá con las funciones de los organismos electos el 2 de mayo de 2004 y tendrá como único objetivo la elaboración de la nueva Constitución. Los constituyentes trabajarán ad honorem (gratis), sólo con algunos viáticos para gastos fundamentales".
El texto es un poco largo sin duda, pero en los sitios de recolección de firmas se colocarán afiches para que las personas firmantes sepan bien que es lo que van a apoyar. Además en cada libreta de firmas estará igualmente en su portada el mismo texto. En otro afiche se aclara por qué es legítimo y positivo que iglesias cristianas realicen esta actividad, ya que no se trata de política partidista sino del bien común.
¿Por qué se opta por la constituyente paralela y no por otros medios? Por varias razones. En primer lugar porque es un método muy democrático y participativo, al menos tal como lo estamos proponiendo. En segundo lugar porque no rompe la constitucionalidad ni la marcha del país al no interferir con los órganos y personas elegidas el dos de mayo. Y en tercer lugar porque el otro método posible en la actualidad sería a través de dos Asambleas Legislativas y esto no lo vemos ni viable ni conveniente. En estos meses muchos legisladores y legisladoras andan con la preocupación de hacer política reelecionaria y por lo tanto no estarán en las mejores disposiciones para elaborar un nuevo texto constitucional a fondo, que no sea simplemente un emparchado de pequeños cambios. Y en tercer lugar, tal como lo reconocen los propios legisladores y lo repiten todas las encuestas, la Asamblea Nacional se encuentra lamentablemente en el sótano de la credibilidad ciudadana. Nosotros, personalmente reconocemos que hay en la Asamblea elementos muy valiosos, pero que constituyen una notoria minoría. La gente repite que un zorro no puede cuidar un gallinero, ni un ratón el queso o como diría el ilustre recién desaparecido constitucionalista, César Quintero, el mosquito Aedes Aegipti no puede ser el encargado de evitar el dengue hemorrágico.
Según nuestra propuesta la nueva Constitución podrá estar lista más o menos a finales del año 2005.¿ Nos parece muy tarde? Tal vez , pero el otro método, por lo que dijimos, sería ampliamente rechazado, aparte de que nadie puede garantizar que si la Asamblea actual aprobara un texto éste sería refrendado por la Asamblea elegida el 2 de mayo. Nos corremos el riesgo de que todo siga como está y esto éticamente nos parecería desastroso.
Y ahora otra aclaración. ¿ Qué tiene que ver la colecta de firmas con la famosa "quinta papeleta"? Afirmamos que son dos cosas distintas pero complementarias. La colecta de firmas no es la quinta papeleta porque en ella no hay otras cuatro como en las elecciones (papeletas para presidente, legisladores, alcaldes y representantes de corregimiento) y porque dicha colecta se está haciendo muchos meses antes de los comicios de mayo de 2004 y así no se da la confusión que algunos ven, aunque nosotros no vemos la tal confusión por ningún lado. Sin embargo, la colecta y la quinta papeleta son complementarias porque en ambas cosas se pide algo igual o muy parecido. Además una avalancha de firmas es un pacífico instrumento de presión popular para la constituyente.
Y ahora una advertencia importante. Sólo podrán firmar las personas que presenten su cédula, que será examinado por los colectores y colectoras de firmas. Y se firmará sólo una vez. Al que se le sorprenda firmando dos veces o se compruebe en la validación que lo hizo, se le denunciará públicamente y si se tratara de muchos miembros de algún partido la denuncia entonces sería doble.
Según nuestros sondeos previos firmarán nuestra propuesta una gran cantidad de personas pertenecientes a todos los partidos políticos o a ninguno, porque ellas tienen muy claro que aquí no se trata de uno u otro candidato sino de algo por lo que el pueblo clama desde hace tiempo.
Por último lo repetimos por enésima vez: los documentos por sí solos no arreglan un país. Indiscutiblemente son las personas. Pero los documentos fundamentales pueden ayudar mucho. Si así no fuera ¿ para qué constituciones, leyes y reglamentos en organizaciones públicas y privadas de todo el mundo. De algo servirán...Buenas firmas o nuestros lectores y lectoras.
El movimiento obrero tenía una presencia social, sí, pero sin una oferta política concreta y sin un discurso competidor en la arena pública. Además, las propuestas sociales de Arias ciertamente eran atractivas para la clase obrera.
Si la Constitución de 1941 no fue el resultado de un amplio proceso de participación popular es probablemente porque la sociedad civil no tenía la fortaleza para constituirse en un actor en ese proceso. Por contraste, Arnulfo Arias tenía la visión para sumar a las grandes mayorías de panameños a su proyecto, y la garra para conducir y llevar a feliz término la renovación del orden constitucional.
La Constitución de 1941 tenía graves defectos; el más prominente es la discriminación contra las etnias afroantillana y china, pues despojaba de la nacionalidad a un número importante de panameños, impedía que sus generaciones más jóvenes se incorporaran a la panameñidad y prohibía y limitaba su ingreso al país. Es allí donde muestra sus colmillos el autoritarismo que es inseparable de aquel proceso constituyente.
En conclusión: no necesitó Arnulfo Arias una norma constitucional que le dijese lo que tenía que hacer; su intuición política supo identificar claramente que el mandato popular avalaba la renovación constitucional, que era una necesidad sentida desde hacía una década. Entiende muy poco de las constituciones, de la historia y de la sociedad el que sostiene que lo que hizo Arias fue simplemente inconstitucional.
Indudablemente, el país no cuenta hoy con un liderazgo político de la calidad del de aquella coyuntura irrepetible. Sí hay, por el contrario, una sociedad civil organizada que, pese a sus debilidades, ha logrado desarrollar un liderazgo ciudadano que será un buen aliado de cualquier gobernante honesto que se atreva a actuar con responsabilidad y determinación.
Los políticos de hoy pueden buscar sumarse a ese liderazgo ciudadano o rivalizar ante el público. Lo que no pueden hacer es darse el lujo de ignorarlo.