El Servicio de Correos y sus problemas
Con todo y su pequeñez, Panamá es una potencia en servicios internacionales. El Centro Bancario, aunque achicándose en su faceta externa por imperativo de la fiera competencia exterior, es una buena muestra de ello. Pero también debemos mencionar en igual sentido a la Zona Libre de Colón, los puertos terminales y la propia vía interoceánica. De cualquier modo la lista es mera ilustración.
Hace muchos años que tenemos el servicio de Internet y de telefonía celular. En ambos arrastrábamos un atraso vergonzoso. En buena medida ello se ha logrado gracias a la privatización que hizo posible que inversionistas privados invirtieran más de B/.600 millones de balboas en cableado moderno e infraestructura que reemplazara la obsoleta anterior, que se caía a pedazos.
De cualquier modo, el hecho es que en la última década hemos mejorado mucho en materia de servicios, sobre todo en comunicaciones, aunque todavía nos hace falta para ser plenamente competitivos y poder sacar máximo provecho de nuestra posición geográfica.
Uno de nuestros puntos flacos es el Servicio de Correos. Tradicionalmente tratado como Cenicienta bajo todas las administraciones, sus jefes se vieron siempre carentes de estímulo, menospreciados y dotados de magro presupuesto, lo que daba por consecuencia un personal y equipo malo y escaso. Con semejante fórmula, el fracaso estaba más que garantizado y así fue siempre, salvo chispazos de reacción de una que otra jefatura motivada cuyo trabajo se perdía en un océano de mediocridad y cambios politiqueros.
La corrupción es otro de sus vicios endémicos, cuya intensidad varía de tiempo en tiempo. Por muchos años se perdía cuanto paquete era enviado por esa vía. A veces mejoraba, pero empezaron a perderse los cheques y giros bancarios de pensiones y envíos. Hasta hace poco se perdía todo. Y por violar la correspondencia para ver si hay algo que hurtar, rompen la correspondencia o la botan.
Quizá por eso es que los Correos Nacionales tienen el triste récord de más despedidos por corrupción que cualquier otra entidad oficial, incluyendo Aduanas. Aquello ha sido una vergüenza universal, difícil de explicar a contrapartes del extranjero que no se explican cómo es que en una institución tan antigua como venerada puede caer tan bajo.
Y es una lástima, porque los Correos son todavía una institución que tiene todavía mucho que aportar pese al desarrollo vertiginoso del Internet y la correspondiente difusión del correo y comunicación electrónicos. Cierto que cuando se generalice el uso de imagen y voz, con sistemas de grabación, el sobre y la carta de papel, podrían ser una especie en extinción sino de colección, pero no necesariamente los Correos.
Como hemos dicho en otra ocasión, hoy en día, en tan solo el rubro de envío de correspondencia, de paquetes y mercancías por compras a distancia o de urgencia, que desarrollados por grandes transnacionales como DHL y Federal Express, entre otras, se generan billones de dólares cada año. Y si bien son servicios privatizados, los correos oficiales suelen desempeñarse como concedentes y controladores de su calidad, probidad y garantes de los derechos de los usuarios, a más de brindar el mismo servicio a precios módicos o populares.
Hace muchos años que tenemos el servicio de Internet y de telefonía celular. En ambos arrastrábamos un atraso vergonzoso. En buena medida ello se ha logrado gracias a la privatización que hizo posible que inversionistas privados invirtieran más de B/.600 millones de balboas en cableado moderno e infraestructura que reemplazara la obsoleta anterior, que se caía a pedazos.
De cualquier modo, el hecho es que en la última década hemos mejorado mucho en materia de servicios, sobre todo en comunicaciones, aunque todavía nos hace falta para ser plenamente competitivos y poder sacar máximo provecho de nuestra posición geográfica.
Uno de nuestros puntos flacos es el Servicio de Correos. Tradicionalmente tratado como Cenicienta bajo todas las administraciones, sus jefes se vieron siempre carentes de estímulo, menospreciados y dotados de magro presupuesto, lo que daba por consecuencia un personal y equipo malo y escaso. Con semejante fórmula, el fracaso estaba más que garantizado y así fue siempre, salvo chispazos de reacción de una que otra jefatura motivada cuyo trabajo se perdía en un océano de mediocridad y cambios politiqueros.
La corrupción es otro de sus vicios endémicos, cuya intensidad varía de tiempo en tiempo. Por muchos años se perdía cuanto paquete era enviado por esa vía. A veces mejoraba, pero empezaron a perderse los cheques y giros bancarios de pensiones y envíos. Hasta hace poco se perdía todo. Y por violar la correspondencia para ver si hay algo que hurtar, rompen la correspondencia o la botan.
Quizá por eso es que los Correos Nacionales tienen el triste récord de más despedidos por corrupción que cualquier otra entidad oficial, incluyendo Aduanas. Aquello ha sido una vergüenza universal, difícil de explicar a contrapartes del extranjero que no se explican cómo es que en una institución tan antigua como venerada puede caer tan bajo.
Y es una lástima, porque los Correos son todavía una institución que tiene todavía mucho que aportar pese al desarrollo vertiginoso del Internet y la correspondiente difusión del correo y comunicación electrónicos. Cierto que cuando se generalice el uso de imagen y voz, con sistemas de grabación, el sobre y la carta de papel, podrían ser una especie en extinción sino de colección, pero no necesariamente los Correos.
Como hemos dicho en otra ocasión, hoy en día, en tan solo el rubro de envío de correspondencia, de paquetes y mercancías por compras a distancia o de urgencia, que desarrollados por grandes transnacionales como DHL y Federal Express, entre otras, se generan billones de dólares cada año. Y si bien son servicios privatizados, los correos oficiales suelen desempeñarse como concedentes y controladores de su calidad, probidad y garantes de los derechos de los usuarios, a más de brindar el mismo servicio a precios módicos o populares.