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El SIDA: "Carne va a Baal"


El tiempo que transcurre y la cantidad de personas que día a día se contagian con el VIH (Virus de Inmuno Deficiencia Adquirida - SIDA) es alarmante. El SIDA, aparte de las guerras, la violencia intrafamiliar, las pandillas delincuenciales, la intolerancia social y los accidentes de tránsito, nos lleva a pensar que estamos viviendo los últimos tiempos como lo señalan las Sagradas Escrituras; pero no es así, porque en nuestras manos está hacer un mundo mejor.
Voy a exponer un poco sobre ese enemigo silencioso al que todos conocemos por sus siglas en inglés: VIH (virus que causa el SIDA). A diario mueren miles y miles de personas en todas partes del mundo a causa de este flagelo que no tiene cura y cuyos medicamentos son costosos.
En Panamá existe un promedio entre 30 a 50 mil personas infectadas con el virus VIH positivo que produce la letal enfermedad e ignorando que son portadores. Esta enfermedad como flagelo es comparable a una guerra mundial; jóvenes, niños, adultos, ricos, pobres, bonitos, feos, no escapan de ella; es decir no la pueden soslayar porque no hay fronteras, está en todas partes, no se le ve la cara, pero sí podemos enfrentarnos a ella. ¿Cómo? Hay diversas formas de prevenirla -al transcurrir de los años lo hemos venido repitiendo campaña tras campaña- siendo las más eficaces: la fidelidad, abstenerse de la promiscuidad y usar preservativo.
Hay muchas instituciones que trabajan incansablemente para ayudar a detener el arrollador paso del SIDA en Panamá. ¿Es que no se ha dicho con claridad?. Pero la realidad es otra. Todos quisieran hablar del caso como algo que no les atañe. Muchos han perdido familiares y niegan el por qué de la verdadera causa de esa muerte. Esto ayuda poco a la población, a que no preste el debido cuidado a esta pandemia ¿Por qué avergonzarse? Creo que es el momento de tomar al toro por los cuernos y dejar el tabú, hablar cara a cara, uno a uno sobre esta mortal enfermedad. La ayuda que todos podamos brindarle a los que por una razón u otra afrontan esta dura realidad, será la única garantía que nos concienciará a la población a superar este flagelo. De esta forma podremos madurar y comprender que el mundo se acaba sólo cuando perece la voluntad humana y cuando las personas no hacen nada por cambiar y mejorar su entorno y obtener resultados.
"Creo que en Dios sí se puede hacer algo al respecto. No importa cuál sea tu condición social, eso no te limita para ser un hombre libre. La manera como concebimos el mundo es la que rige nuestra conducta". Ya lo decía Ortega y Gasset, "porque la corrupción de las personas, las sociedades y la política comienza por la corrupción de los conceptos". Y se cuidó al recomendarnos "tengan sumo cuidado con los conceptos, pues son los déspotas más duros que la humanidad padece". Con frecuencia nos vemos dominados por el poder que tienen ciertos términos, que suelo llamar "términos talismán". Quedaremos asombrados al advertir hasta qué punto restringen tales palabras nuestra libertad. Tenía razón el gran pensador Martín Heidegger al afirmar que "las palabras son a menudo en la historia más poderosas que las cosas y los hechos".
Impresionado por la devastación que produjo en Europa, durante los terribles "doce años" (1933-1945), la voluntad nacional socialista de someter a los pueblos, el gran escritor George Bernanos afirmó en las célebres Conversaciones de Ginebra (1946) que "el mundo no podrá salvarse más que por los hombres libres". Esa libertad interior es destruida por la manipulación de los conceptos. De ahí que delatar las estrategias manipuladoras de la publicidad que excita las pasiones carnales con conceptos tergiversados del ideal de vida y la conducta humana, es una tarea que todos debemos realizar con decisión si queremos salvar nuestra condición de personas libres del SIDA.
Hoy cuando el fragor de la diversión y el sofoco del placer toque a nuestras puertas en el desarrollo de los carnavales - "carne va a Baal"- no nos convirtamos en una cifra receptora y portadora del virus, al caer presa de la publicidad engañosa que nos incita a perder nuestra identidad y demostrar lo que no somos en conductas que luego lamentaremos. Quisiera despertar un día, un solo día, y leer en el periódico que hoy no hubo muertos en las calles, ni accidentes de tránsito, que bandos rivales entregan armas y deciden tomar el buen camino y sobre todo que el nivel de infestación de VIH o SIDA ha bajado sustancialmente porque tomamos conciencia de nuestros actos. Recordemos que "el SIDA mata". Esta será la campaña que realizaremos en el ámbito nacional.
*Director Ejecutivo del Movimiento Activista Para la Prevención del SIDA (MAPSIDA)

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