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El silencio de los inocentes


Paso a paso, minuto a minuto, transcurren en Panamá situaciones que, por acumulación y ausencia de acción, caerán sus consecuencias en nuestras vidas personales y familiares.
Continuamente nos encontramos conque los distinguidos "padres de la patria" se esfuerzan en aprobar leyes inconsultas; o peor aún, que van en contra del bien común y de la paz a la que la sociedad tiene derecho. Igual hallamos en el campo de la cuestionada justicia, que lejos de dar lo que merece a quien se lo merece, valga la redundancia, se abstiene selectivamente, o bien (¿será mal?), actúa en el mismo sentido.
La administración ejecutiva del edificio que llamamos país incumple (engaña) a aquellos que, deslumbrados por una publicidad agresiva, se sumaron al ejercicio electoral, aunque al final del camino esta parte importante de lo que llamamos "democracia" no surte el efecto de elegir correctamente. Se repite, una vez y otra, la misma historia en espiral.
Cada vez que el Estado, por medio de quien dirige sus destinos, temporalmente, deja de actuar de acuerdo a las normas legales que enmarcan la paz de la sociedad, acaba con la inocencia de aquellos que aún están a la expectativa de qué les espera en la vida. Un ácido ejemplo es el que nos muestra la más absoluta miseria en que se encuentran nuestros hermanos de la etnia Ngöbe-buglé y sus niñas y niños, maximizado en fotografías que han trascendido nuestras fronteras.
El silencio que se propaga e infecta a la gente panameña pensante, civilizada, me trae a citar, del expresidente ecuatoriano (1895-1901) don Eloy Alfaro, esto: "Los hombres indiferentes a la desventura de la nación, aunque sean privadamente laboriosos, son los auxiliares inconscientes de la desgracia y corrupción de los pueblos". ¡Cómo adquiere actualidad este pensamiento! Nuestra sociedad tiende a mirar hacia otro lado, porque piensa que las aberraciones administrativas del gobierno de turno no le tocan.. por ahora, añado. Ya no es la excepción, sino la norma en virtud de la cual algunos funcionarios se dedican a practicar la omisión en su accionar; o bien, sólo la realizan en una dirección, lo que puede llevar a pensar mal (..y acertarás). La desventura de esta conducta es que cada vez que ese servidor procede así, afecta derechos humanos directamente de sus propios conciudadanos, a los que debe servir por mandato de la Ley y la Constitución Nacional.
No es el silencio de los inocentes, sino el silencio de los culpables, por complicidad, por patrocinio y por un peligroso desinterés. La no reacción de la sociedad ante las múltiples irregularidades que se denuncian a diario, me trae a la memoria el poema de Martin Niemöller, "Cuando los nazis vinieron", que trata de la conducta popular a la no resistencia a las tiranías (por ahí vamos) cuando intentan establecerse. El poema termina, "cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío, cuando vinieron a buscarme no había nadie más que pudiera protestar".

101 años de Panamá América

 
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