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El simbolismo de un candidato


La elección de 2009 será decidida por la semiótica o semiología, ciencia de los signos: Su función en el proceso de comunicación es equivalente a la de los síntomas en el diagnóstico médico. En la información realista, extraída del entorno, fácil de reconocer, los signos pueden ser simples o complicados, obvios u oscuros, eficaces o inútiles. Su valor resulta determinable según hasta dónde penetre la mente pública en términos de reconocimiento y memoria.

A lo largo de toda la campaña presidencial se ha afianzado el símbolo de Ricardo Martinelli: "el cambio". En julio pasado, lo acompañé a un evento que anualmente no me pierdo: la Feria Nacional de Artesanías. Ricardo nunca había estado allí, y lo impactó el entusiasmo con el cual la gente lo recibió. Me dijo que, de haber asistido cinco años antes, nadie se hubiera enterado. Para la muestra de diferentes regiones allí presentes, él representaba la esperanza de un mejor futuro, de un cambio.

Por el lado contrario pasa algo similar, pero en sentido inverso. Si el símbolo que en Martinelli se traduce en movimiento positivo, hacia el porvenir, en su adversaria encarna lo negativo, un pasado tan turbio que la gente tiene horror que se repita. Para un pueblo que tiene "memoria y reconoce", el robo de una estatua tan pesada como la de Roosevelt y la desaparición de "Los Juegos de Antaño" han hecho recordar lo peor de la dictadura militar, con los cobardes asesinatos de Carlos Efraín Guzmán Baúles y Armando Morán, y las persecuciones de "batalloneros" a civilistas de las que tanto se regocijaban ellos; la gestión alcaldicia de Balbina rememora los aciagos últimos días de la dictadura: "Civilista visto, civilista muerto", percepción tan negativa en el electorado que ha generado la candidata PRD, que dobla la de Martinelli. Como las copas de champaña que se alzaron en los cuarteles y algunos en el PRD al enterarse de la horrenda decapitación del doctor Spadafora.

La que se quiso vender como "una torrijista de verdad" nunca pudo reproducir una foto al lado del asesinado militar; nadie sabe si siquiera le conoció. En cambio, existen múltiples imágenes suyas con el general detenido en Miami, el mismo que la lanzó al estrellato como Alcaldesa de San Miguelito, seguramente en reconocimiento a su excelente rol como brazo político de los militares.

Los símbolos nos pueden perseguir hasta la tumba. El de Balbina, gracias a Dios, se apagará con su derrota el 3 de mayo. Una verdadera bendición para muchos en el PRD y para todos los que la hemos conocido en su vida política de cerca, y a través de los años hemos podido detectar su insaciable voracidad de poder.

gcochez@cableonda.net

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