El síndrome de colmena
No dudo que a muchos les resulte cómodo delegar al Estado sus dificultades, pero la pregunta es si esto resuelve. Hay cosas delegables y otras que no lo son. No podemos delegar, por ejemplo, nuestra economía familiar, ya que como dicen: “puedes llevar el caballo al agua, pero no hacer que beba”. La pregunta que todo esto nos plantea es: ¿Cómo llegamos a pensar que los políticos podían hacer por nosotros aquello que nosotros mismos no? La respuesta está en la historia y en esa fatal tendencia que nos ha ido llevando hacia la adopción de lo que he denominado “el síndrome de colmena”.
En una colmena de abejas todos sus integrantes son guidados por poderosas feromonas emitidas por la reina y alguno de sus súbditos elegidos. Las abejas, muy contrario a lo que muchos piensan, son insectos muy apacibles y no andan por allí buscando a quien picar sino flores a quien chupar; sólo te pican cuando las aplastas o cuando los guardias de la colmena perciben una agresión y emiten poderosas feromonas que convierten a las trabajadoras en zombis de ataque, algo así como Los Doberman de la dictadura.
Pensar que de alguna manera podemos construir una sociedad humana semejante a una colmena es estar en completa contradicción con la naturaleza del ser humano; sin embargo, para allá nos hemos estado moviendo por más de un siglo y es precisamente lo que está a punto de descalabrar la economía estadounidense y mundial.
Lo trágico es que la sociedad puede ver a la persona con una visión paternalista, mas no como una entidad de la cual depende dicha sociedad, y eso es un error fatal. Esta es una realidad que topamos a diario en las calles, pero sin percibirla como una amenaza a nuestras libertades y por tanto a nuestra prosperidad. Ocurre, por ejemplo, cada vez que la policía viola nuestros derechos de tránsito o hasta de domicilio sin causa justa ni orden de autoridad competente; y eso es algo cotidiano en nuestro país.
También veríamos que el fracaso de nuestro sistema de educación pública se debe al señalado síndrome de colmena. El sistema no pretende formar a ciudadanos singulares e independientes sino rebaños sumisos a la reina o rey de turno. No les enseñamos a ser empresarios sino funcionarios públicos. Nuestros currículos están orientados hacia la uniformidad y no hacia la riqueza que existe sólo en la diversidad; en ser distinto o único, cosa que no es aplicable a los colectivos.
Así mismo hemos llegado a pensar y legislar que los criminales no tienen la culpa de sus pecados sino la sociedad es quien la tiene, lo cual nos debería llevar a preguntarnos si la sociedad también debe ir presa. Algo de eso hay, pues ya muchos ni se atreven a salir a la calle.
Hoy día el Estado, representado por sus políticos, ha llegado a ser una entidad superior a la sociedad que ni van presos cuando roban.