El síndrome de la incompetencia escapista
LA INSTITUCIONALIDAD política y jurídica de una nación, se basa en el reparto de las competencias y responsabilidades públicas. A la Asamblea le corresponde legislar; al Organo Judicial, impartir justicia; y al Organo Ejecutivo, entiéndase el presidente, supervisar y dirigir la administración pública.
En el reparto de las responsabilidades políticas, al gobierno, entiéndase el presidente, le corresponde gobernar; que para eso pidió ser elegido y el electorado le confirió el cargo. La oposición política, compuesta principalmente por los partidos que no son parte del gobierno, por haber perdido las elecciones, y el resto del conjunto de la sociedad, son los gobernados.
Ya el caballero de San Felipe ha dado sobradas muestras de su incompetencia para cumplir las promesas que hizo durante la campaña electoral. Pero, después de conocer la más reciente de "sus paradas", que siguen poniendo en evidencia que en él se agravan los síntomas y manifestaciones del "síndrome de la incompetencia escapista", típico de todos los gobernantes dominados por la soberbia, que se caracteriza por echarle a todos la culpa de sus errores, es legítimo preguntarse si un señor que no entiende cuáles son sus responsabilidades, en verdad, está capacitado para dirigir la nación.
En Panamá, es una verdad indiscutible que la inseguridad pública ha aumentado, exponencialmente, durante cada uno de los 31 meses que ha gobernado "la patria nueva", entiéndase el presidente. Por la incompetencia de los altos mandos del sector salud, más de un centenar, hasta donde se sabe, pero que pueden ser el doble o el triple, de humildes hijos e hijas del pueblo, perdieron la vida envenenados con un medicamento producido y distribuido por los laboratorios de la Caja de Seguro Social y el Ministerio de Salud.
Igualmente, por la incompetencia de las autoridades del tránsito, virtuales prisioneras de los gremios transportistas e incapaces de siquiera enfrentarlos, recientemente, otra veintena de humildes hijos del pueblo murieron calcinados en uno de los incontables buses que carecen de elementales condiciones de seguridad; y muchos más han sido víctimas de accidentes causados por transportes "revisados y autorizados" a circular por la Dirección del Tránsito.
También por la incompetencia de las autoridades del Ministerio de Trabajo, en los últimos meses, una decena de obreros de la construcción, humildes hijos del pueblo, perdieron la vida porque en muchas construcciones no existen ni se garantizan las mínimas condiciones de seguridad. Agréguese, además, que por la incompetencia de las autoridades, a diario, nos enteramos que se nos venden productos vencidos y hasta contaminados.
Y todo lo anterior, sin volver a mencionar la inseguridad que se ha adueñado de nuestras fronteras o el relajo en que se han convertido nuestros puertos y aeropuertos, por los que no entra sólo aquel que no lo intenta.
El aumento de la inseguridad ha ocurrido ante la indolente pasividad del gobernante de turno, a pesar de que esa fue, quizá, la bandera más enarbolada de su campaña electoral. Cuando solicitaba el voto, prometió un "programa de seguridad integral"; cuando asumió el poder, prometió otro, según él, para "enmendar todos los errores del gobierno precedente". Después, en otras dos ocasiones, como mínimo, prometió "otros planes y medidas integrales" para garantizarle seguridad "hasta a los habitamos del más remoto confín de nuestra geografía". Para dizque cumplir sus repetidas y fallidas promesas de "más seguridad" ha destinado el producto de préstamos, como el solicitado al BID, por 25 millones de dólares; y otros muchos millones más, obtenidos mediante donaciones de Taiwán, de Korea, de la Comunidad Europea, de los Estados Unidos, del Presupuesto Público, y de otras fuentes que no se han revelado. Resultados: Cero en el aspecto positivo y aumento escandaloso de los saldos negativos.
El trágico incendio de Curundú, en gran medida debido a las condiciones infrahumanas en que viven los habitantes de esos tugurios, y de muchos otros que contrastan con la opulencia que existe a escasos metros de distancia, que no conmueven la sensibilidad presidencial, y cuyas verdaderas causas deben determinarse mediante una investigación sería, que incluya dictámenes periciales confiables y sin saltar a conclusiones prematuras como es característica de "la patria nueva", volvió a retratar de cuerpo entero la incompetencia gubernamental. Esa tragedia, como no podía ser de otra manera, pues ya estamos acostumbrados, "escandalizó" a nuestro flamante gobernante. Este, después de cavilar profundamente durante varios días, convocó otro de sus consabidos espectáculos propagandísticos, para anunciar, para sorpresa de nadie, pues todos lo habíamos adivinado: "Otro plan integral de seguridad". ¡El quinto para llevar bien la cuenta!
Esta última "maroma oficial", plagada de vaguedades, no ha aportado, como todos sabíamos, nada nuevo. Sin embargo, nuevamente fue utilizada, adornada con grandes despliegues de propaganda oficial, para buscar "chivos expiatorios". Por un lado, según nuestras incompetentes autoridades, los culpables de la inseguridad general son 200 ó 300 menores delincuentes; por el otro, toda la sociedad gobernada, incluidos los "llamados partidos de oposición" por no aportar las soluciones que son responsabilidad primaria y elemental del gobierno en turno.
A esta última expresión del "síndrome de la incompetencia escapista", del "líder de la patria nueva", han seguido, también para sorpresa de nadie, nuevos y aparatosos "operativos", en los que se atropellan y conculcan "so pretexto de sanear" libertades esenciales; pero que de nada servirán, mientras no se ataquen y resuelvan las causas reales y dramáticas de la alarmante inseguridad que vivimos. Por ahora, si a algo contribuyen, es a demostrar y reafirmar que el gobierno de turno ni entiende sus responsabilidades ni sabe cómo cumplirlas.
Una sola subestación de policía y la poca disponibilidad de recursos para la movilización es la razón de que los residentes de Cerro Azul estén en zozobra.
No se tienen los vehículos adecuados para desplazarse por los caminos de tierra y las lomas que rodean a la comunidad.
De acuerdo con algunos agentes policiales, quienes prefirieron reserva, ellos tienen que realizar los operativos a pie, pues no hay vehículos y la motocicleta que tienen no es apropiada para transitar por estos sitios.
"Necesitamos vehículos tipo four wheels en esta área".
En Cerro Azul, actualmente los operativos se han intensificado, pero todo se debe a los últimos casos reportados.
En estas rondas policiales participan además de los agentes de la Policía Nacional, los linces y otros agentes de seguridad ciudadana, quienes pese a los inconvenientes, intentan brindar seguridad en esta alejada comunidad del distrito capital.
Los moradores consultados por Panamá América coincidieron con los agentes en que, aunque ellos quieran hacer el trabajo, no cuentan con los suficientes recursos para ello, lo que resulta preocupante.
En un paraje solitario fue encontrada Elisbeth.
¿Cree que hace falta más vigilancia policial en esta comunidad?
Dionisio Díaz: "En estos momentos estoy atemorizado por los delitos que se han cometido en esta comunidad que antes era tranquila. Yo tengo 30 años de vivir aquí y nunca habían ocurrido crímenes de este tipo".
Candelari a Sánchez: "Ahorita la seguridad está bien, pero antes se observaban pocos policías en el área. Pienso que los operativos se han incrementado debido a que recientemente encontraron muerta a una niña".
Gian Morales: "Tengo tres hermanas y considero que debe haber más agentes policiales en Cerro Azul. Ahora mis papás no envían a mis hermanas a la tienda, yo tengo que hacer las compras".
Oscar Navarro: "En esta comunidad necesitamos más vigilancia policial. Considero que los agentes necesitan más vehículos para poder hacer sus operativos".
Alfonso Arrocha: "Vivo en el sector de las Nubes; y en esta área no hay vigilancia policial. Considero que en la escuela Juan E. Jiménez también se deben intensificar los opertivos, pues aquí hay muchos niños y niñas que asisten a esta institución".
En el reparto de las responsabilidades políticas, al gobierno, entiéndase el presidente, le corresponde gobernar; que para eso pidió ser elegido y el electorado le confirió el cargo. La oposición política, compuesta principalmente por los partidos que no son parte del gobierno, por haber perdido las elecciones, y el resto del conjunto de la sociedad, son los gobernados.
Ya el caballero de San Felipe ha dado sobradas muestras de su incompetencia para cumplir las promesas que hizo durante la campaña electoral. Pero, después de conocer la más reciente de "sus paradas", que siguen poniendo en evidencia que en él se agravan los síntomas y manifestaciones del "síndrome de la incompetencia escapista", típico de todos los gobernantes dominados por la soberbia, que se caracteriza por echarle a todos la culpa de sus errores, es legítimo preguntarse si un señor que no entiende cuáles son sus responsabilidades, en verdad, está capacitado para dirigir la nación.
En Panamá, es una verdad indiscutible que la inseguridad pública ha aumentado, exponencialmente, durante cada uno de los 31 meses que ha gobernado "la patria nueva", entiéndase el presidente. Por la incompetencia de los altos mandos del sector salud, más de un centenar, hasta donde se sabe, pero que pueden ser el doble o el triple, de humildes hijos e hijas del pueblo, perdieron la vida envenenados con un medicamento producido y distribuido por los laboratorios de la Caja de Seguro Social y el Ministerio de Salud.
Igualmente, por la incompetencia de las autoridades del tránsito, virtuales prisioneras de los gremios transportistas e incapaces de siquiera enfrentarlos, recientemente, otra veintena de humildes hijos del pueblo murieron calcinados en uno de los incontables buses que carecen de elementales condiciones de seguridad; y muchos más han sido víctimas de accidentes causados por transportes "revisados y autorizados" a circular por la Dirección del Tránsito.
También por la incompetencia de las autoridades del Ministerio de Trabajo, en los últimos meses, una decena de obreros de la construcción, humildes hijos del pueblo, perdieron la vida porque en muchas construcciones no existen ni se garantizan las mínimas condiciones de seguridad. Agréguese, además, que por la incompetencia de las autoridades, a diario, nos enteramos que se nos venden productos vencidos y hasta contaminados.
Y todo lo anterior, sin volver a mencionar la inseguridad que se ha adueñado de nuestras fronteras o el relajo en que se han convertido nuestros puertos y aeropuertos, por los que no entra sólo aquel que no lo intenta.
El aumento de la inseguridad ha ocurrido ante la indolente pasividad del gobernante de turno, a pesar de que esa fue, quizá, la bandera más enarbolada de su campaña electoral. Cuando solicitaba el voto, prometió un "programa de seguridad integral"; cuando asumió el poder, prometió otro, según él, para "enmendar todos los errores del gobierno precedente". Después, en otras dos ocasiones, como mínimo, prometió "otros planes y medidas integrales" para garantizarle seguridad "hasta a los habitamos del más remoto confín de nuestra geografía". Para dizque cumplir sus repetidas y fallidas promesas de "más seguridad" ha destinado el producto de préstamos, como el solicitado al BID, por 25 millones de dólares; y otros muchos millones más, obtenidos mediante donaciones de Taiwán, de Korea, de la Comunidad Europea, de los Estados Unidos, del Presupuesto Público, y de otras fuentes que no se han revelado. Resultados: Cero en el aspecto positivo y aumento escandaloso de los saldos negativos.
El trágico incendio de Curundú, en gran medida debido a las condiciones infrahumanas en que viven los habitantes de esos tugurios, y de muchos otros que contrastan con la opulencia que existe a escasos metros de distancia, que no conmueven la sensibilidad presidencial, y cuyas verdaderas causas deben determinarse mediante una investigación sería, que incluya dictámenes periciales confiables y sin saltar a conclusiones prematuras como es característica de "la patria nueva", volvió a retratar de cuerpo entero la incompetencia gubernamental. Esa tragedia, como no podía ser de otra manera, pues ya estamos acostumbrados, "escandalizó" a nuestro flamante gobernante. Este, después de cavilar profundamente durante varios días, convocó otro de sus consabidos espectáculos propagandísticos, para anunciar, para sorpresa de nadie, pues todos lo habíamos adivinado: "Otro plan integral de seguridad". ¡El quinto para llevar bien la cuenta!
Esta última "maroma oficial", plagada de vaguedades, no ha aportado, como todos sabíamos, nada nuevo. Sin embargo, nuevamente fue utilizada, adornada con grandes despliegues de propaganda oficial, para buscar "chivos expiatorios". Por un lado, según nuestras incompetentes autoridades, los culpables de la inseguridad general son 200 ó 300 menores delincuentes; por el otro, toda la sociedad gobernada, incluidos los "llamados partidos de oposición" por no aportar las soluciones que son responsabilidad primaria y elemental del gobierno en turno.
A esta última expresión del "síndrome de la incompetencia escapista", del "líder de la patria nueva", han seguido, también para sorpresa de nadie, nuevos y aparatosos "operativos", en los que se atropellan y conculcan "so pretexto de sanear" libertades esenciales; pero que de nada servirán, mientras no se ataquen y resuelvan las causas reales y dramáticas de la alarmante inseguridad que vivimos. Por ahora, si a algo contribuyen, es a demostrar y reafirmar que el gobierno de turno ni entiende sus responsabilidades ni sabe cómo cumplirlas.
Una sola subestación de policía y la poca disponibilidad de recursos para la movilización es la razón de que los residentes de Cerro Azul estén en zozobra.
No se tienen los vehículos adecuados para desplazarse por los caminos de tierra y las lomas que rodean a la comunidad.
De acuerdo con algunos agentes policiales, quienes prefirieron reserva, ellos tienen que realizar los operativos a pie, pues no hay vehículos y la motocicleta que tienen no es apropiada para transitar por estos sitios.
"Necesitamos vehículos tipo four wheels en esta área".
En Cerro Azul, actualmente los operativos se han intensificado, pero todo se debe a los últimos casos reportados.
En estas rondas policiales participan además de los agentes de la Policía Nacional, los linces y otros agentes de seguridad ciudadana, quienes pese a los inconvenientes, intentan brindar seguridad en esta alejada comunidad del distrito capital.
Los moradores consultados por Panamá América coincidieron con los agentes en que, aunque ellos quieran hacer el trabajo, no cuentan con los suficientes recursos para ello, lo que resulta preocupante.
En un paraje solitario fue encontrada Elisbeth.
¿Cree que hace falta más vigilancia policial en esta comunidad?
Dionisio Díaz: "En estos momentos estoy atemorizado por los delitos que se han cometido en esta comunidad que antes era tranquila. Yo tengo 30 años de vivir aquí y nunca habían ocurrido crímenes de este tipo".
Candelari a Sánchez: "Ahorita la seguridad está bien, pero antes se observaban pocos policías en el área. Pienso que los operativos se han incrementado debido a que recientemente encontraron muerta a una niña".
Gian Morales: "Tengo tres hermanas y considero que debe haber más agentes policiales en Cerro Azul. Ahora mis papás no envían a mis hermanas a la tienda, yo tengo que hacer las compras".
Oscar Navarro: "En esta comunidad necesitamos más vigilancia policial. Considero que los agentes necesitan más vehículos para poder hacer sus operativos".
Alfonso Arrocha: "Vivo en el sector de las Nubes; y en esta área no hay vigilancia policial. Considero que en la escuela Juan E. Jiménez también se deben intensificar los opertivos, pues aquí hay muchos niños y niñas que asisten a esta institución".